July 3rd 2008
Otro atardecer…

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Atardecer en la ventana trapezoidal. Valle de Allegheny. Pittsburgh

Otra atardecer glorioso en la ventana trapezoidal. Y ya son, cuantos? El de hoy es especial, impresionante…España, la selección española de fútbol ha ganado el campeonato de Europa y para celebrarlo, la naturaleza, me ha concedido un atardecer (cosas de la diferencia horaria) en unos magníficos colores rojo y gualda. Un atardecer de bandera, o de banderas, de miles de ellas. He visto el partido, la final, solo (bueno, estaba S. que cada día sabe mas de fútbol, del fútbol actual) en mi grandioso y enorme televisor digital, extraplano, donde los “locos bajitos” parecen mejores, mas altos y mas fuertes. Que diferencia con la final del 64 en el redondón y barrigudo televisor en blanco y negro, “la tele”! Grité aquel gol de Torres, como todo el mundo, y el valle de Allegheny me devolvió los gritos. Y a quien le cuento yo, ahora, lo del gol de Marcelino y quien era Luisito Suárez o Zoco? Que lejos y que cerca queda todo aquello!

Dentro de un rato me iré a jugar a fútbol, con gente mucho mas joven que yo, de diversas nacionalidades. La mayoría en el sesenta y cuatro no habían ni nacido todavía. Hoy, todos estos nigerianos, iraníes, mexicanos, americanos ahora, me van a cambiar el apodo (lo veo venir igual que José Tomas ve venir al toro). En vez de llamarme “abuelo”, me van a decir : “Niño”, con bastante ironía y su poquito de mala leche. Pero, que puedo hacer? Meter algún golazo para callar bocas y de vuelta a casa, hacer todo mi ritual de los últimos tiempos, baño con sales de Epsom, hielo en las rodillas, patas por alto y una tortilla de aspirinas. Y soñar, soñar como soñamos todos los que jugamos al fútbol. Esta noche dormiré bien y soñaré con ganar el Mundial, eso, si no hay que esperar mucho tiempo, antes de ir a criar malvas. Lo de hoy ha sido mucho esperar, aunque valió la pena. Felicidades.

Luisma 29 de Junio 2008. Día triunfal.

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June 3rd 2008
“Wake me when it’s over”
(Despiértame cuando se acabe)

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Richard Diebenkorn, Ocean Park #115. Foto de Sarah.

Nueva York si que vale una misa. Sigue siendo la capital del mundo, mal que le pese a muchos, y por supuesto es la capital del imperio actual. Me gusta venir y estar un tiempo, no mucho. Ver lo que hay que ver (casi todo) y oír lo que hay oír (principalmente jazz) y salir corriendo antes de que se ponga espeso, es decir, antes de que el cansancio de su ritmo te gane.

Y a ver es a lo que hay que venir a Nueva York. Hay que abrir bien los ojos porque aquí está todo lo que está pasando y el germen de todo lo que va a pasar. Por eso los diecinueve tiraron las Torres Gemelas, por poner de rodillas a esta ciudad. Cosa harto difícil. El imperio cae y caerá del todo, eso seguro. Será más difícil y más lentamente de lo que creí. No lo verán mis ojos y es una pena porque siempre pensé que iba a ser inmortal y que viviría cien años. No creo que sean suficientes, aunque no hay mal que cien años dure.

Hoy me esta pegando el aire que circula como loco por los valles de Manhattan, mientras camino y voy echando de menos una buena capa española con que cubrir los embates del aire que baja del Bronx. Aunque este airón bien podría arrebatarte la capa como el de cualquier cerro de la sierra de Ávila, en febrero.

Vamos al MoMA. Ir al MoMA es como ir a una buena corrida de toros; no importa quien “toree” en las exposiciones individuales, el éxito de la “corrida” esta garantizado con la visita a la colección general. Mis cuadros de siempre esperan la visita, si no los veo se enfadan y a la siguiente vez ya no me dirían lo mismo. En todo los museos del mundo tengo una seria de amigos que me llaman y me esperan. Hoy, por ejemplo, tengo una cita con las “Señoritas de Aviñon”; estas atractivas señoras están de cumpleaños, ya son centenarias y siguen tan guapas como en 1.907. Mientras, D. Pablo duerme el sueño eterno, en vera efigie, en una esquina de mi pizarra de corcho, la de las fotos de la familia, mi especial muro de las lamentaciones.

También me he pasado a ver a D. Richard Diebenkorn, sentado frente a su verde Ocean Park #115 y hasta me he hecho una foto durmiendo a su lado. Le volví a reiterar mi gusto por su pintura y las gracias por su inspiración. Quedé en verlo en cualquier terraza de bar de la eternidad, si nos dejan y si podemos, que no está claro. De refilón crucé unas cuantas miradas con D. André Derain y D. Paul Cézanne, más que nada por no peder la costumbre y porque no dejen de reconocerme en el futuro. En una de las salas me encontré con D. Claude Monet, no quise pararme con él pero le dí recuerdos de Carlitos Pascual, al cual echo también de menos, debería estar por aquí, él o su pintura. Gente con menos méritos están aquí representados.

Con todo esto me dieron las cinco y estaba un poco cansado de la andadura y las visitas. No era yo el único en tal situación. A mi lado se sentó, o mejor dicho se tumbó, un niño de seis o siete años—Despiértame cuando se acabe—le dijo a su madre, con voz dramática de actor sobreactuando y que me recordaba a mi mismo.
Lo que no sabia el niño es que un museo no se acaba nunca, nos sobrevive a todos, pintores y curiosos, grandes y chicos, buenos y malos. Al igual que Nueva York no se acaba nunca y esperemos que no, por el bien de los que nos siguen.

Así que me senté otra vez, al estilo mexicano, en el suelo, al lado del Ocean Park #115. Me calé la gorra de béisbol, eso si con el escudo de mi Real Madrid. Tapándome los ojos y con voz dramática, y sobreactuando, le dije a S…—“Despiértame cuando se acabe”—

Luisma, Nueva York, Diciembre del 2,007.-

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May 25th 2008
Los pájaros de la Plaza Dealey

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Capitulo segundo de crónicas electorales: escrito el pasado diciembre 2007

Es una mañana fría y desangelada, es diciembre de 1.989 . Uno va andando por las calles del centro de Dallas, en Texas, y al pronto las imágenes empiezan a darte la sensación, bien conocida, del “deja vu”, del—yo he estado aquí antes—lo cual es imposible porque es la primera vez que uno está en dicha ciudad. Este edificio, a mi derecha, me es vagamente familiar y por alguna razón, que se me escapa, mis ojos se van a una ventana de sexto piso. Vuelvo la cabeza y la mirada se me va por la calle en suave cuesta abajo, rodeada de jardines, en dirección a un puente bajo la autopista. Los coches van despacio hacia la curva del puente. Cierro los ojos y otra vez me vuelve la sensación de haber estado aquí, antes.

Me quedo ensimismado un momento y al fin toda la imágen se me aclara, las piezas se recomponen, me doy cuenta sorprendido y alucinado. Me vuelvo a la persona que me acompaña y ella asiente con la cabeza. Sí, aquí es donde mataron a Kennedy. Paso unos instantes rememorando el magnicidio, los coches descapotables interminablemente lentos, las imágenes de este lugar repetidas una y otra vez, machaconamente, en televisión, en películas. El “flashback” es autentico y hasta doloroso. Me despierta un grillerío tremendo de miles de pájaros. En los árboles, tres o cuatro solo pero grandes y copudos, frente a la fachada del Texas School Book Depository, el edificio desde el que Oswald disparó su rifle contra el presidente, hay “instalados” una miríada de ruidosos pájaros cuyo aparente único propósito es ensuciar el suelo, o las cabezas de los curiosos que miran el edificio, con miles de excrementos.

Parece como si estos pájaros tuvieran la conciencia de que este lugar debe mantenerse sucio en recuerdo de una de las peores manchas de la historia americana. A los “dalasitas” tampoco les hace ninguna gracia que el lugar sea visitado continuamente y esté en las rutas turísticas. Siempre he creído que lo que aquí ocurrió es motivo de vergüenza ciudadana para estos tejanos. Y el tiempo nunca ha borrado este estigma.

El tiempo tampoco ha eliminado ese olor perdurable a magnicidio que sentí en aquella mi primera visita a Dallas y, desgraciadamente, anticipado, vuelvo a sentir ahora en la pituitaria de mi imaginación. Un nuevo “kennedy”, esta vez de piel negra, cuarenta y cinco años mas tarde, se pasea por las rutas electorales en camino a una posible presidencia. Llegará a la Casa Blanca? Le dejaran ser presidente?

Me gustaría mucho equivocarme, pero esta noche me huele tremendamente a futuro magnicidio. Los americanos, mientras no me demuestren lo contrario, no tienen remedio.

Luisma Diciembre del 2007

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May 20th 2008
Mujer blanca, hombre negro, o ninguno de los dos?

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Capitulo primero de crónicas electorales: escrito el pasado noviembre de 2007

Va a ser interesante y entretenido el año que viene, el 2.008, aquí en el imperio. Aparte de las sorpresas de rigor, huracanes, terremotos, deportistas delincuentes, subidas y bajadas de la Bolsa y otros etcéteras, va ser año de elecciones a la presidencia del imperio. Ya sé, eso pasa cada cuatro años y es típico, también. Lo que ya no es tan típico y va a provocar el interés y el entretenimiento (si no provoca cosas peores!) es la presencia de una mujer y un negro entre los “pretendientes a la corona”. Y eso, en este país, son dos golpes en uno y la posibilidad de mucho “tomate”.

Los hechos me darán la razón, y no quiero ser alarmista, porque a lo mejor o a lo peor estos “hechos” que sin duda se van a producir, no solo van a ser, sino que sería necesario que lo fueran. Pero, hombre! No puedes ser mas concreto sobre estos hechos a los que te refieres? Bueno, ya digo que no quiero ser alarmista, pero así a vuela pluma hablaré de un par de ellos.

Hay una famosa, por repetida, situación en las elecciones americanas: ataques al carácter (traducción literal) de los candidatos o lo que diríamos en español buscarle el fallo a la gente, sacarles todo lo sucio o discutible que hayan hecho en su vida, incluso de niños, cualquier cosa que puede ser susceptible como elemento de acoso y derribo.

En el caso del candidato negro lo van a intentar todo y la reacción puede ser muy positiva para él y su partido. Actuará el inveterado complejo de culpa que los americanos arrastran como una de sus peores lacras desde el principio de la nación. El punto estará en ver hacia donde se decantará la cosa: hacia el racismo o hacia el complejo de culpa; o si, simplemente una cosa nivelara a la otra. En cualquier caso, correrán ríos de tinta, o de imágenes de TV. Se discutirá lo que no esta en los escritos y aunque la sangre puede que no llegue al río, las voces y los ruidos cubrirán alturas insospechadas. La intimidación verbal va a ser un arma muy empleada por ambos lados.

El caso de la candidata mujer es un poco diferente. Ella, tiene un “pasado” político que la significa a los ojos de muchos como una persona no querida. Fue mujer de un presidente y, sin embargo, se le niega el pan y la sal de esa experiencia, ocho años! Por poner un ejemplo de “ataque al carácter”: a ella se le incrimina no saber manejar su casa, en clara referencia a sus problemas maritales—Como va a manejar el país quien no sabe manejar su casa?—Sexismo en estado puro.

La pregunta es: hasta que punto estos “ataques al carácter” van a ocultar algo mucho mas preocupante en esta sociedad, la guerra de los sexos. Las estadísticas, en este sentido, no le favorecen nada a ella. A lo mejor, también, el consabido complejo de culpa del macho americano, nivela la cosa o por lo menos la suaviza. Así y todo, lo que digo, va a ser un año muy divertido.

Mi predicción personal es que, hoy por hoy, en este país es mucho mas difícil que se elija a una mujer por delante de un hombre, incluso aunque este hombre sea negro. Veremos.

Luisma– Noviembre del 2007

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April 24th 2008
El caso Sabina

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Porque me gustan las canciones de Joaquín Sabina? Es un misterio y lo lleva ya siendo desde hace muchos años. Hay muchas razones del porque me gustan y unas pocas porque no deberían de gustarme. Al parecer siempre han ganado las del porque si, pues sigo oyéndole siempre con gusto y hasta delectación. No deberían de gustarme porque me recuerdan tiempos que ya nunca volverán y que es la misma razón por la que me gustan tanto. Nostalgia, pecado de viejos y exilados sin necesidad.

Al no estar en contacto diario con el español, el idioma, el mas castizo, (ni p…falta que hace) resulta drogata arrearse unas inyecciones de Sabinamin al caer la noche o cuando ya está bien caída, al terminar el embuche de la tele americana o la película en ingles. Tarde, pero he descubierto que todas las películas buenas, las de siempre, son en ingles y son mucho mejores que en español (por bien dobladas que estén). Las voces de todos aquellos actores, la mayoría ya extintos, desgraciadamente, no tienen precio en su propio idioma. El caso es que para voces en español, la de Sabina no tiene precio tampoco. Lo siento Serrat, no es de hoy, las cosas que me dices y como me las dices no me acaban de convencer, aunque el tiempo de los locos bajitos lo recuerdo siempre con gusto. Es un poco como lo que me pasaba con los clásicos Beatles y los perdurables Stones; aquellos que llamábamos los “Rollings”, los americanos nunca saben de quien hablo cuando, raramente, los llamo así.

Ah! La de Mick Jagger, la verdadera voz del Rock. A Mick Jagger le esta pasando lo mismo que a Sabina, lo que les pasa a los que tienen poca o ninguna grasa. Se están quedando momificados, casi tanto como las faraones egipcios o como algunos clásicos bailarines flamencos. Yo no me veo así, a pesar de que tengo la misma edad que ellos. A lo peor esa es la forma en la que me ven algunos, momificado, y yo sin enterarme!

Las canciones de Sabina me traen recuerdos. Recuerdos de vivencias, al parecer comunes a mucha gente. Con el transcurso de la edad los recuerdos malos y los buenos se han convertido todos en sustancialmente buenos. Ahora me paso los días fabricando recuerdos buenos para un futuro, que presumo negro como boca de lobo. En una palabra, vejestorio; que nos hemos hecho viejos y la cosa no tiene remedio. Es tiempo, al parecer, de sentimentalismos que puede que no estén de moda, y a pesar de ello yo no tengo nada en su contra siempre que no sean abusivos y baratos. Y eso es lo difícil, encontrar sentimentalismo en las dosis adecuadas y a buen precio. Alguien muy cerca de mi parece que no le gusta ni aunque se lo sirvan en bandeja de plata. O precisamente por eso.

Volviendo a Sabina. Que habrá en la esquina del ya inexistente Café Moderno de La Gran Vía de Salamanca. Era el lugar donde solíamos reunirnos en un septiembre de hace ya veintemuchos años. Por aquel entonces el era ya bastante famoso, pero siempre accesible. Mujeres, nocturnidad, alevosía y casi ninguna premeditación. Bah! Batallitas..! Sentimentalismos!

Luisma 24 Abril 2008

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February 22nd 2008
Angel

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Ando celebrando la muerte de Angel González, el único poeta, con la excepción del Ani (Aníbal Núñez) que me ha tocado la fibra sensible, entre los que he conocido personalmente. Dejo aparte a Dionisio Ridruejo, cercano en la sangre y siempre guía de inspiración. Algo que junta en mi habitación mental a estos tres personajes, aparte del hecho de que ya no existen, es el dominio del idioma. Envidia –cochina– que me corroe. Quien pudiera manejar el idioma como lo cuidaban ellos!

Así pues, me he dispuesto a la celebración, vistiéndome de mis mejores galas literarias, es decir, volviendo a leer “Palabra sobre palabra” en la edición bilingüe que se hizo hace ya años en la Universidad de Houston y en la que colabore con el dibujo y el diseño de la portada. Aquella fue también la ocasión en la que conocí a Angel, personalmente. Unos días que recuerdo con placer, el placer de conocer a alguien con quien la conexión y la sintonía fueron perfectas y de quien aprendí muchas cosas, ahora lo se y siempre lo sentí. El me dio la explicación de tantas situaciones del exilado, en mi caso voluntario. La valoración de la soledad y la apreciación de la compañera joven. Así que celebrar la muerte de alguien no es llorar (que también) es alegrarse de haber conocido y estar vivo para rememorar. Otros lo harán por mi, cuando ya no me pueda importar, aunque sea bonito pensarlo ahora. Ojala pudiéramos vernos todos después de muchos años, aunque me temo que no. Después de cien años, todos calvos y…socialistas, como diría un famoso amigo, de cuyo nombre no quiero acordarme.

Hoy mi recuerdo se va solo y exclusivo a la nube de Angel, de donde nunca debería bajarme. Que calladas están las cucarachas! Están sentadas conmigo a la puerta de mi casa, el problema es que, como digo ultimamente, ya no pasan mas enemigos y empiezan a pasar los amigos…Y eso ya no tiene tanta gracia.

Luisma. Enero del 2008.

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January 15th 2008
Atardecer mágico en la ventana trapezoidal

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Es como si el cielo ardiera de arriba abajo, como unas montañas rojizas y anaranjadas colgadas dramáticamente, boca abajo, sobre los edificios azul pizarra recortados sobre un fondo amarillo y verde-pálido que ahora cambia, lentamente, a un gris brillante como de agua profunda de pozo.

Las gotas, pocas y en ráfagas que parecen manotazos en los cristales, se tiñen de verde-hoja al terminar de resbalar sobre el plano.

Mientras tanto, los pináculos piramidales de la catedral-oficina se encienden de blanco suave, el irreconocible signo se ilumina de azul néon-crema y con los tres verdes fuertes acompañando los puntos rojos cimeros parece señalar la miríada de rectangulares ventanas amarillas, casi doradas, cegadas a primera impresión por la fuerza de la cúpula brillante a su lado, como una lámpara novecentista de cuentas colocada al revés, igual que las nubes montañosas que van ardiendo de más a menos, asemejando el incendio de un virtual, soñado, bosque de pinos albares.

Es como si el incendio del cielo se fraccionara en franjas radiantes de un rojizo que se va apagando de arriba abajo, como si el diamante luminoso que lo producía se escondiera detrás de un macizo telón colgado del revés, gris oscuro de plano liquido, poco a poco ganado por el verde amarillento del fondo total.

Allá arriba, arriba del todo, empieza a vislumbrarse el color noche, que no me atrevo a definir y que al final se que ganará la partida.

Se acabó. Fueron unos pocos minutos, o quizá muchos. La música era mágica, Mozart y Pink Floyd sonando al mismo tiempo y no había problema, acuerdo total.

Luisma, Pittsburgh 2008

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December 28th 2007
El Coleccionista

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El coleccionista en la colección. Museo Guggenheim, Nueva York 2006

Te he dicho que soy coleccionista, lo que en general significaría que colecciono pintura, pero en mi caso es totalmente diferente. Soy un iniciador de colecciones y algunas me duran más que otras, incluso algunas las dejo y las tomo después de periodos aleatorios. Desde hace años, y con tiempos en los que no me dedico a ello, colecciono “americana”, lo que en español diríamos: americanadas. Una colección bastante barata pues las americanadas, casi siempre, son cosas de no mucho precio. Una colección que incluye desde cajas de bombones, con forma de corazón y el retrato de Elvis Presley, hasta “slinkies” el muelle de colores que baja escaleras…pasando por el portalápices con la forma de la cabeza de Joe Camel, el camello de los cigarrillos y muchas otras cosas que generalmente son de plastiquillo y colores dudosos, como corresponde. Mi más reciente colección es todavía mas barata, es gratuita, es una colección que titulo: Atardeceres desde la ventana trapezoidal. Una colección que dura ya unos pocos años, los que llevo en esta casa de Pittsburgh, la de la calle Mission. En la que disfruto, literalmente, de una extraña ventana trapezoidal, que ya podría pertenecer a mi colección de americanadas por si sola y cuya extraña forma y estilo contrasta con el resto de las ventanas de la casa. Esta ventana en cuestión esta orientada, al sesgo, a poniente y por ella me llega la más increíble e impresionante colección de atardeceres que haya podido disfrutar en mi vida.

Aquí debería hacer una excepción para recordar los atardeceres de la vega del Tormes frente a la catedral de Salamanca. Ah! las viejas piedras, tantas veces denigradas y tantas veces recordadas, cuando todo era tan grande y yo mucho más pequeño.

Quizá otra excepción: dos atardeceres-joya a las afueras de Florencia después de sendas tormentas de verano. Bien es verdad que mi mirada estaría aquellos días influida por la cantidad de belleza almacenada o apilada ante mis ojos en mi primera visita a aquella ciudad. Me será difícil volver a ella, más que nada para no romper el encantamiento estético de aquellas jornadas, encantamiento que nunca se ha volatilizado de mi imaginación.

Tendría que decir lo que se ve desde la famosa ventana. Los tejados de la vecindad, como si de una vista parisina, del Paris de la France, se tratara. A la izquierda y tapando la caída final del sol a horizonte, la iglesia de San Nosequé, católica ortodoxa griega, una parroquia sin parroquianos, pero con campanario y hasta campana, que a veces toca. Al fondo, a modo de telón teatral o paisaje de película policíaca americana, la “línea del cielo” (the skyline) de “downtown” Pittsburgh con sus rascacielos y sobre todo sus miríadas de luces, ventanas iluminadas que producen las sensación de sitio habitado. La realidad es que todos esos edificios iluminados, ahora están vacíos porque son oficinas y lo más que puede quedar, a estas horas de la caída del sol,, es la gente de la limpieza. No importa, tienen una belleza intrínseca, casas vacías pero llenas de luz. Y encima de los edificios un montón de cielo, un espacio para los colores naturales que cambia cada día con los más variados celajes, como todo cielo que se precie de serlo. La humedad de los tres ríos, la influencia de la vegetación masiva de la zona, los montes que no se ven pero están ahí; efectivamente, los montes no se ven porque vivo en la falda de uno, una sucesión- monte-valle-monte, etc…fantástica vista de ellos cuando en el avión vuelas sobre Pennsylvania, que arrugada piel! Además, el calor del asfalto del centro de la ciudad produce toda clase de condiciones para hacer variado e irrepetible cada atardecer.

Y esos atardeceres son los que llevo algún tiempo coleccionando. No en fotografía o video (algunos tengo grabados de esas maneras) sino en mis propios ojos, para cuando, quizás mi vista ya no alcance a verlos. Me quedaría el recuerdo de todo esto, toda esta vida. Mi vida en América.

Luisma 27 de Diciembre del 2007

(photo by Sarah)

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December 11th 2007
Cerca o Lejos
(escribiéndome a mi mismo)

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En la ventana del diablo (por ver si se me pega algo de “mas por viejo que por diablo”)

Tiene narices! Me parece que he descubierto porque quiero escribir tanto, porque he escrito y porque quiero seguir escribiendo. Creo que escribo para comunicarme conmigo mismo. Me escribo cartas para poder reconocer las cosas y hasta, incluso, para acordarme de ellas. Y además, me escribo para tratar que mis cosas y mis recuerdos no palidezcan o desaparezcan; y para vivir, para vivir el momento. Ya lo decía el Emperador Marco Aurelio: “Es ahora, es todo lo que tenemos”. No hay nada mas que esto y hay que vivirlo a tope, al minuto. “Cada cinco segundos”, como decía Alan Alda, el de la serie M*A*S*H, hace algunos minutos en una entrevista en la tele. Eso es lo que me ha despertado el pensar y lo que me ha empujado a escribir, escribirme, estas líneas. Volveré a leerlas en cuanto pueda. Es como lo del tipo que se reía frente al espejo y se decía a si mismo: es que me acabo de contar un chiste que no conocía. Y todo por la alegría de estar vivo, que esto es todo lo que tenemos, el ahora del romano. Todo por no pensar en algo en lo que antes nunca pensaba; que si me queda poco o mucho y que cuando será. Al pronto me fijo otra vez en la tele y, erre que erre, un documental me informa que hoy, cada día, desaparecen 1000 veteranos de la Segunda Guerra Mundial. Esa era la generación de mi padre, ya empiezan a sonar las explosiones cerca, cada vez mas. Desde hace cuatro años, estoy viviendo otra vida, ya he vivido cuatro mas de los que vivió de mi padre y siempre me acuerdo de él al pensar en ello. Una vida mas completa, mas concentrada, cada vez mas simple y cada vez mas bonitamente gozada. Es ahora, es ahora, esta noche, estos cincos segundos, estos momentos mientras suena una de mis primeras músicas, “In The Mood”, música de Glenn Miller y me acuerdo de tantas cosas. Viva mi vida!

P.S. Vamos, Luís, vete a la cama! Estas cansado.
Déjame en paz, Luís, ya dormiré cuando se me acabe la cuerda, además, yo duermo como un tiovivo, con música y dando vueltas, pensando durante mis sueños.

Luisma. 10 de diciembre del 2007

(photo by Sarah)

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September 12th 2007
Llorar por las Torres Gemelas

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Manhattan, hacia primeros de siglo. Esta foto ha sido “bajada” de un sueño. Sorprende que en sueños soy peor fotografo que despierto

No perdono a los diecinueve que me destruyeron mis Torres Gemelas. Fue un atentado contra mi y me lo tomo personalmente. Eran mi visita obligada cada vez que iba a Nueva York, subir a una de las torres y a veces hasta a las dos. No eran bonitas, como puede ser el Empire State Building, pero tenían algo especial además de la fantástica vista. Desde las torres se veía América, o por lo menos yo la veía. La mejor manera de no ver una torre es estar subido a ella, pero si te hacen dos torres gemelas ahí ya tienes la vista de la vista y la vista de la torre. Mirar una torre desde la otra tenia algo revelador, te descubría el sentido del espacio, de la medida, el valor del vacío y de la proximidad inalcanzable. Era el mejor estudio de perspectiva posible, una autentico tratado técnico en un solo golpe de vista. Te procuraba una medida interior mas que necesaria, el sentido de tu propia pequeñez, que también te produce el vuelo en avión. Pero lo de las Torres Gemelas era una sensación mas sólida, a falta del movimiento del vuelo y estando cerca del cristal de las ventanas, una sensación absolutamente vertiginosa, mareante y hasta flipante, te hacían sentir como deben sentirse las hormigas cuando se suben a un humano. Y tenían movimiento, casi imperceptible pero lo tenían, se cimbreaban, en días de mucho viento es como si tuvieran cierta vida.

Y se veía América, en ellas y desde ellas, se le tomaba el pulso al país y a la circulación de Nueva York, a sus humos, a sus alrededores y todo en medio de un silencio ensordecedor. Desde el mirador del ultimo piso, arriba, interior, se “veían” los ruidos que no se oían, solo el rumor del aire acondicionado y ninguna música ambiental. Ambiente cuidadosamente diseñado para no eliminar aquella sensación del propio empequeñecimiento. Algo similar, aunque no tan fuerte, había sentido en la Transco Tower de Houston (mi primera torre) o en la Torre Sears de Chicago (la torre mas alta del mundo durante muchos años). El caso del Empire State es bastante diferente, en primer lugar es mucho mas antigua, es la torre rascacielos por antonomasia y una fuente de leyendas de todo tipo y en segundo lugar su mirador es exterior y ahí los ruidos, el viento y otras sensaciones participan del influjo que te produce, incluidos unos pensamientos que al parecer son comunes a todo aquel que sube y se asoma a sus barandillas: los pensamientos suicidas.

Ahora, cada vez que voy a Nueva York, ciudad que por otro lado me encanta pero en la que nunca viviría de quieto, hecho de menos mis Torres Gemelas que un mal día de septiembre en el primer año del siglo XXI se vinieron abajo dejándome compuesto y sin novias. Cuando me acerco a la gran ciudad en coche siempre tengo la horrible sensación de que le falta algo, de que me falta algo. Nunca pude definirlas muy bien pero para mi eran absolutamente necesarias. Que lastima!
Requiescat In Pace!

Luisma 11 de Setiembre del 2007.

(photo by Luisma)

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