Angel

gonzalez.jpg

Ando celebrando la muerte de Angel González, el único poeta, con la excepción del Ani (Aníbal Núñez) que me ha tocado la fibra sensible, entre los que he conocido personalmente. Dejo aparte a Dionisio Ridruejo, cercano en la sangre y siempre guía de inspiración. Algo que junta en mi habitación mental a estos tres personajes, aparte del hecho de que ya no existen, es el dominio del idioma. Envidia –cochina– que me corroe. Quien pudiera manejar el idioma como lo cuidaban ellos!

Así pues, me he dispuesto a la celebración, vistiéndome de mis mejores galas literarias, es decir, volviendo a leer “Palabra sobre palabra” en la edición bilingüe que se hizo hace ya años en la Universidad de Houston y en la que colabore con el dibujo y el diseño de la portada. Aquella fue también la ocasión en la que conocí a Angel, personalmente. Unos días que recuerdo con placer, el placer de conocer a alguien con quien la conexión y la sintonía fueron perfectas y de quien aprendí muchas cosas, ahora lo se y siempre lo sentí. El me dio la explicación de tantas situaciones del exilado, en mi caso voluntario. La valoración de la soledad y la apreciación de la compañera joven. Así que celebrar la muerte de alguien no es llorar (que también) es alegrarse de haber conocido y estar vivo para rememorar. Otros lo harán por mi, cuando ya no me pueda importar, aunque sea bonito pensarlo ahora. Ojala pudiéramos vernos todos después de muchos años, aunque me temo que no. Después de cien años, todos calvos y…socialistas, como diría un famoso amigo, de cuyo nombre no quiero acordarme.

Hoy mi recuerdo se va solo y exclusivo a la nube de Angel, de donde nunca debería bajarme. Que calladas están las cucarachas! Están sentadas conmigo a la puerta de mi casa, el problema es que, como digo ultimamente, ya no pasan más enemigos y empiezan a pasar los amigos…Y eso ya no tiene tanta gracia.

Luisma. Enero del 2008.

Post a Comment

Your email is never published nor shared.