Los pájaros de la Plaza Dealey

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Capitulo segundo de crónicas electorales: escrito el pasado diciembre 2007

Es una mañana fría y desangelada, es diciembre de 1.989 . Uno va andando por las calles del centro de Dallas, en Texas, y al pronto las imágenes empiezan a darte la sensación, bien conocida, del “deja vu”, del—yo he estado aquí antes—lo cual es imposible porque es la primera vez que uno está en dicha ciudad. Este edificio, a mi derecha, me es vagamente familiar y por alguna razón, que se me escapa, mis ojos se van a una ventana del sexto piso. Vuelvo la cabeza y la mirada se me va por la calle, en suave cuesta abajo, rodeada de jardines, en dirección a un puente bajo la autopista. Los coches van despacio hacia la curva del puente. Cierro los ojos y otra vez me vuelve la sensación de haber estado aquí, antes.

Me quedo ensimismado un momento y al fin toda la imágen se me aclara, las piezas se recomponen, me doy cuenta sorprendido y alucinado. Me vuelvo a la persona que me acompaña y ella asiente con la cabeza. Sí, aquí es donde mataron a Kennedy. Paso unos instantes rememorando el magnicidio, los coches descapotables interminablemente lentos, las imágenes de este lugar repetidas una y otra vez, machaconamente, en televisión, en películas. El “flashback” es autentico y hasta doloroso. Me despierta un grillerío tremendo de miles de pájaros. En los árboles, tres o cuatro solo pero grandes y copudos, frente a la fachada del Texas School Book Depository, el edificio desde el que Oswald disparó su rifle contra el presidente, hay “instalados” una miríada de ruidosos pájaros cuyo aparente único propósito es ensuciar el suelo, o las cabezas de los curiosos que miran el edificio, con miles de excrementos.

Parece como si estos pájaros tuvieran la conciencia de que este lugar debe mantenerse sucio en recuerdo de una de las peores manchas de la historia americana. A los “dalasitas” tampoco les hace ninguna gracia que el lugar sea visitado continuamente y esté en las rutas turísticas. Siempre he creído que lo que aquí ocurrió es motivo de vergüenza ciudadana para estos tejanos. Y el tiempo nunca ha borrado este estigma.

El tiempo tampoco ha eliminado ese olor perdurable a magnicidio que sentí en aquella mi primera visita a Dallas y, desgraciadamente, anticipado, vuelvo a sentir ahora en la pituitaria de mi imaginación. Un nuevo “kennedy”, esta vez de piel negra, cuarenta y cinco años mas tarde, se pasea por las rutas electorales en camino a una posible presidencia. Llegará a la Casa Blanca? Le dejaran ser presidente?

Me gustaría mucho equivocarme, pero esta noche me huele tremendamente a futuro magnicidio. Los americanos, mientras no me demuestren lo contrario, no tienen remedio.

Luisma Diciembre del 2007

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