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Obesidad, Obesidad…

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Manipulación de la imagen de una escultura de Fernando Botero

La obesidad es el signo máximo, históricamente, de la decadencia de los imperios clásicos. Roma fue un ejemplo magnifico con el cliché de los senadores, gordos como cerdos, en sus tricliniums, rodeados de abundantes manjares y presididos por un emperador obeso, que con una mano se ofrece un racimo de uvas mientras la otra descansa en una voluminosa panza. Aparentemente, el nuevo imperio americano se puede adscribir a la categoría de clásico; por muchas razones, y eso incluye el asunto de la cabalgante obesidad que ataca a este país y que, como tantas otras cosas, esta siendo imitado por los americanizantes de rigor.

Sea como sea, el problema no es tan simple como pueda pensarse. Quizás esta sea la ecuación: más comida, mas gordura, mas bienestar, mas pereza, menos ejercicio físico igual a obesidad. Esas serían las explicaciones mas plausibles, pero no las únicas. La creencia mas extendida es que la invención, proliferación y sublimación de la “fast food” (comida rápida) es una de las formas de suicidio del imperio americano y es el hábito al que habría que echar la culpa de la obesidad.

La fast food no es solamente la hamburguesa, la coca-cola y las patatas fritas (llamadas aquí: french fries, francesas fritas) que nacieron en Pittsburgh. Ni siquiera el pollo frito, bañado en salsa de tomate, el ketchup, nacido también en Pittsburgh (Heinz, es la marca comercial) o la inevitable pizza italiana (que no tiene casi nada de italiana pues fue creada en Nueva York). La fast food es una comida de diseño, como tantas otras en éste país. Está diseñada con una determinada cantidad de elementos alimenticios, para cumplir una serie de normas de la FDA (Food and Drug Administration), equivalente “nutritivo” de una agencia famosa con este mismo tipo de siglas, FBI (Federal Bureau of Investigation), una agencia, como tantas otras, gubernamental. Estas normas, en si, no son malas…son simplemente normas de sanidad y calidad.

Todo perfecto cuando se trata de definir una simple comida, una unidad para una dieta normal. El problema llega cuando la persona obesa, el niño gordo, abusa continuamente, casi diariamente de la multiplicación de estas unidades alimenticias, con repeticiones que en casos extremos llegan a unas cantidades increíbles, asustantes. Y no voy a hablar aquí de los costos económicos de esta movida, razón ultima de todo este tinglado. Las normas de la FDA sobre la calidad de los productos alimentarios son estrictas y su cumplimiento se persigue con extremado rigor; a diferencia de otros países, incluso del llamado primer mundo.

Pongo, por ejemplo, el caso de la leche: el contenido de una botella, de una leche americana cualquiera, esta garantizado en cumplimiento de esas normas, las empresas lácteas no pueden permitirse el lujo de trampear, o ni siquiera de “bajar la guardia”, porque el negocio puede ser fulminado por cualquier inspector del Departamento de Sanidad, en menos que canta un gallo, o que muge una vaca. No quiero ni entrar en el caso de las carnes, el mundo de las hormonas y del engorde artificial.

El “envenenamiento” por el abuso del maíz y todos sus derivados, y tantos otros casos de alimentos mantenidos, por diseño, dentro de la legalidad; pero verdaderos asesinos de la salud por la forma en que la población abusa de ellos. No hace mucho descubrí, con horror, que muchísimas personas huelen, transpiran, a maíz (incluso sus casas y sus ropas). Personas cebadas con maíces, como si fueran cerdos. Lo terrible del caso es que también los animales de carne están siendo recebados con ello…Ergo, cuando comemos unas hamburguesas estamos doblando nuestro maíz. Porqué panochas y no zanahorias? El maíz tiene subsidio gubernamental y la zanahoria no. La horticultura es mas costosa, la gente se inclina más hacia la fast food, que es mas barata que el saludable vegetal.

Nadie parece poder evitar esta situación. Lo obeso, dejando a salvo contadas excepciones, es justificado como si se tratara de una enfermedad. El colmo de todo esto es la glorificación de lo gordo, lo grasoso, la obesidad manifiesta. Una nueva estética justifica los errores cometidos en una industrialización masiva. Los ricos se hacen riquísimos pero no engordan y los pobres empobrecen y engordan, justo lo contrario que en el imperio romano. Así que parece que no hemos avanzado nada. No se trata ya de rubenianas carnes y orondas barrigas de cerveza, se trata de una imperio cuya imagen parece pintada o esculpida por el colombiano Botero.

Una de romanos, una del FBI, una del oeste americano…Habrá que ver como termina esta película; pero, en fin, los tiempos cambian, las modas cambian, las industrias cambian…Aquí estaré sentado en mi sofá…Ah! un momento, ahora vuelvo, voy a la cocina a hacerme unas palomitas!

Luisma. Diciembre del 2008