Monthly Archives: January 2009

Birmingham Bridge

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Así estaba esta tarde, a las tres

Puentes de Pittsburgh, alguna vez tengo que escribir largo y tendido, como son de por si; la mayoría imponentes, algunos hasta bellos. Este puente, en cuestión, particularmente expresivo, quizá porque está ahí, al otro lado de la ventana. Esos hierros cruzados, verdes, con su presencia importante. Cables y tirantes verticales en series rítmicas, soportando curvas olímpicas. Algo así como una monstruosa rueda de molino en equilibro aéreo. Y largo, largo como un día sin pan, que diría mi padre. Alguien a quien todo esto, América, le hubiera gustado muchísimo.

Dos ríos corren por este puente, uno por debajo…el mas fluido; otro, por encima, mucho mas ruidoso, bajo los tensos hierros verdes. Este, el de arriba, en el que me incluyo todos los días, compacto y a veces sincopado en ritmos y en sonidos, cuerpo y sangre de la ciudad discurriendo por los dos sentidos. Imperio por imperio, masa por masa…durarán tanto estos puentes como los puentes romanos?

Me gusta mirar, contemplar, este puente…quizá, simplemente, porque esta ahí o porque necesito un punto de referencia para cuando me olvido de donde estoy. Algunas veces, también, me olvido de quien soy, pero, el puente no puede hacer nada por recordármelo. Si que recuerdo que aquí vine, fundamentalmente, para mirar, observar, presenciar…y sigo mirando, curioso e interesado.

Todavía no he perdido el interés por este país extraño y al mismo tiempo ya tan familiar. Van siendo ya veinte años en esta olla podrida, sin segundos significados, melting pot, después de más de dos siglos. Y en esta olla se siguen mezclando, para fundirse, una serie de culturas que, aparentemente, deberían mejorar la general de este país, pero, simplemente se diluyen para perderse en una cultura nueva; como ha venido siendo el caso desde su nacimiento. Una cultura con un gran, increíble, poder de obliteración sobre las demás. Armas magnificas…el cine y la televisión!

Anglosajones que se separan de los puentes con su pasado. Mediterráneos que pierden el idioma entre las espumas de un cambio sustantivo. Eslavos que se mezclan entre si y pierden el sentido de sus mas lígrimas costumbres. Africanos que cambian porque lo que quieren es cambiar, huyendo de si mismos. Escandinavos que abjuran de su frialdad y calientan sus sangres, y tantos otros…los asiáticos, que poco sé de ellos, de todos ellos, tan diferentes! Aunque la americanización de los japoneses que viven aquí es “ejemplar”, casi religiosa. Una de las razones de esto habría que buscarla en los campos de internamiento, durante y después de la segunda guerra mundial, en California y otros estados, al oeste del pais.

Todos estos pobladores, procedentes de tan diferentes rincones del planeta, se convierten rápidamente al americanismo en su propia salsa. Ah! Se podría pensar que los hispanos, o latinos, que es como se les llama más bien aquí, se salvarían en lo de la perdida de sus culturas de origen, pero, no es así, lo único que conservan por un tiempo es la religión y la gastronomía. Es un pensamiento un poco duro, pero, cuanta menos cultura hay, menos tiempo se tarda en perderla.

El puente ha desaparecido, casi, en la oscuridad de la noche que ha bajado deprisa desde las colinas de Arlington y Mount Washington, y sin embargo, los diferentes fluidos siguen corriendo por debajo y por encima del puente. Si tuviera que ponerle un sobrenombre a este Birmingham Bridge, sería: El puente de las nacionalidades perdidas.

Bien! Demasiado hablar de pérdidas de esto, o pérdidas de lo otro…Habría que hablar de ganancias, o de beneficios del vivir aquí…Pero sería objeto de otras historias y otros puentes.

Luisma. Pittsburgh. 28 de Enero de 2009

Cuando el grajo vuela bajo…

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Gorra, “Terrible Towel” y…camiseta del Madrid! Que cosas!

Hace un frío del carajo. Varios, muchos, demasiados grados bajo cero. Los leas en Fahrenheit o en Celsius, es un montón de frío. Enterrados como estamos en un sudario de nieve (lo siento, no pude resistirme a la tentación!), lo único que faltaba era el “soplo canadiense” que acentúa aún más este frío “infernal”, si, si, no invernal, infernal…de llanto y rechinar de dientes. Chupiteles de hielo pingando de todas partes. Aquí quería yo ver ahora al dichoso Global Warming. No decían que nos estábamos calentando!? A ver si es verdad que viene, y no es como las promesas electorales, que ya va haciendo falta!

El caso es que aquí a esto le llaman perfecto tiempo de fútbol, americano, claro. Y la gente tan feliz, cuanto más frío hace, mejor, más lejos ha llegado el equipo de fútbol, americano claro, de la ciudad. Los Steelers (Acereros, seria la traducción) están a un paso de la final de Copa, la Superbowl, la Super Copa, el Copón, vamos!

Y en que consiste todo esto? Bien, en lo que respecta al deporte en si, el fútbol, americano, nada que objetar, me encanta! A pesar de todo no llega, ni con mucho, a nuestro fútbol, fútbol. Es un deporte duro y espectacular. Con sus cientos de reglas diferentes, algunas realmente irónicas, como la llamada: “violencia innecesaria”, que de ser aplicada en su esencia castigaría a los jugadores desde el minuto uno hasta el sesenta, y no habría partido. Y su gran contradicción: se llama fútbol y de los más de cien jugadores que participan en un encuentro, solo cuatro tocan la pelota ovoide con los pies. Cosas veredes!

Es el deporte nacional y esta gente de Pittsburgh lo vive como si les fuera la vida en ello. Todo se centra, estas semanas, en el equipo, hasta en los más increíbles niveles. No es solo la televisión y los periódicos. La gente, una inmensa mayoría, lleva puesta la camiseta del equipo, en la casa, en el trabajo, en la calle, en la cama! Me dicen que se venden pijamas con el diseño y los colores del club. Todo es oro y negro, esos son los colores. Y no es solo las camisetas y los banderines y pegatinas en los coches, es todo un mundo de parafernalia Steelers, incluida la “toalla terrible”: una inofensiva toallita amarilla-oro que todo aficionado lleva al campo, un verdadero mar que se agita frenéticamente (algo digno de verse, sobre todo en el estadio) y que se ven repartidas por todo el mundo, se han vendido cientos y cientos de miles de la dichosa toallita. (Volver a la foto)

Veremos a ver en que queda la cosa. De momento, si llegan al Superbowl pudieran ser el primer equipo en ganarlo seis veces. Lo han ganado cinco, cuatro veces en los setenta y una quinta vez hace tres años. Solo otros dos equipos lo han ganado, el campeonato, cinco veces también: Los Dallas Cowboys y los San Francisco 49ers (forty-niners). En español se diría: los “cuarenta y nueves” o los “cuarenta y nueveavos” (¡?). Nombrecito que se refiere a los años de la búsqueda del oro en California. Cosas raras, al igual que el nombre del trofeo, que seria Supercopa o Supertazón y que en realidad es un balón ovoide metálico sujeto por una peana, también metálica. Un trofeo liso de acero inoxidable, sencillo y pasado de moda, y muy frío. Tanto como el tiempo que nos acompaña. Nieve en cantidades industriales, viento gélido que al frío le pone bemoles y calefacción a todo trapo, como en las películas de Charlot, hasta quemar la casa, si necesario fuese.

P.S. Y terminó el partido. Los Steelers desplumaron a los Grajos de Baltimore y tratarán, en la final, de cortar el vuelo a los Cardenales de Arizona, que a su vez ganaron a los Águilas de Philadelphia. Entre pájaros anda el juego. Veremos si los Acereros ganan su sexta Copa, Superbowl ,que viene siendo algo así como la Décima del Real Madrid.
Hala Madrid! y Go Steelers!

Luisma, Pittsburgh 19 de Enero del 2009

De busilis y Ray Charles

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San Noseque desde la ventana trapezoidal

Volvía tarde, pisando nieve, eran las dos de la mañana. La otra noche, y ya van siendo varias en los últimos meses, escuché música de órgano al pasar frente a las puertas de la iglesia de San Noseque. Nunca me acuerdo, a pesar de la vecindad, del nombre de San Josaphat. Es esa iglesia católica-ortodoxa-griega que queda cerca de mi casa y que puedo ver desde mi famosa ventana trapezoidal.

Escondido en el reflejo de esa ventana puedo apercibir, algunas madrugadas también, luces de vela o candil moviéndose en las ventanas de los desvanes, allá en lo alto. Esa torre que está orientada a West Virginia y que por tanto es el telón de fondo de las peores tormentas veraniegas. Torre de campanario con una campana que solo suena en mi imaginación. Nunca he visto a nadie en esa iglesia, enorme y vacía, la he podido observar, muchas veces, por las rendijas de las puertas.

Una cartela, en una de las entradas secundarias reza que la iglesia está en venta. No dice el precio y me gustaría saberlo; nunca se me había ocurrido pensar cuanto puede valer una iglesia. Si estuviéramos en un vecindario menos residencial y más movido, seguro que se vendería para convertirse en restaurante o club, como otros aquí en Pittsburgh. En el Strip District, que es la zona del mercado y no la de los clubs (como su nombre parece indicar), hay una iglesia convertida en restaurante y que tiene entronizado, en lo que fuera altar mayor, un alambique de producción de cerveza! El nuevo becerro de oro!?

Ay, si mis antepasados sorianos levantasen la cabeza! Algún anatema caería.

Dí en pensar esa noche, más con carcajada que con estremecimiento, que mi especial Maese Pérez, el organista de San Noseque, bien pudiera ser Ray Charles redivivo o aparecido para mi particular ludibrio. Hubiera sido bonito que así fuera y me habría dado la posibilidad de escribir un remake (en español me encanta traducirlo como “refrito”): Maese Charles, el organista. El problema es que esto es Pennsylvania, y América, y me iba a ser difícil encontrar aquí obispos gordos (hace años que no veo un cura con sotana), viejas de negro redichas (no digo que no las haya), y sobre todo busilis, aquí no hay busilis (o puede que si, y yo no lo sienta porque me esté haciendo viejo y siempre descreído).

Aún así, el mayor problema es imitar o refritar a D. Gustavo Adolfo Becquer…mejorarlo es imposible. Creo que no vale la pena, como no la valen casi ninguno de los remake-refritos que Hollywood hace de sus más famosas películas y que tan en boga están últimamente. Suelen ser malos, de solemnidad.

La capacidad creativa, en este país y en otros que lo imitan continuamente, está muy desmejorada en los comienzos de este siglo. No quiero quejarme tan anticipadamente, queda mucho siglo por delante (y yo que lo vea!) pero, la primera década está siendo lamentable y solo quedan dos años para arreglarla!

De todas maneras hoy ha sido un placer inenarrable volver a leer una leyenda de Bécquer. Hacía un siglo que no leía nada de él. Eso si que es un castellano para enmarcar. Que bien escrito!

Luisma 14 de Enero del 2009

Hitos Americanos Parte II

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Fallingwater (1936, Frank Lloyd Wright). Foto de Sarah

Si por casas extrañas, o monumentos, para visitar se tratare, debería hablar aquí de mi visita a la casa icono del imperio: la tan cacareada Casa Blanca en Washington, D.C. Aún siendo una de mis ciudades favoritas en el mundo que conozco y habiendo estado en ella muchas veces, solo en una ocasión he visitado la casa presidencial. Hace muchos años, en mis tiempos de turista en este país, entonces el tour de la Casa Blanca costaba veinticinco centavos. Nada especial en ella, excepto la colección de retratos de los presidentes, de no mucha calidad pictórica, pero de interés humano; y la tremenda sospecha de estar continuamente vigilado, un silencio sorprendente y la sensación ominosa de que las paredes oyen. Y no es que uno tenga mucho que decir en esa situación.

Mi casa americana favorita, de largo y sin discusión, es la Casa de la Cascada (Fallingwater) en el interior de los famosos bosques de Pennsylvania. Una de mis visitas obligadas, al menos una vez al año. Sensacional, en el más estricto y amplio sentido de la palabra. Pero esta visita será objeto de una mayor y mejor atención escrita en otra ocasión.

A pocos kilómetros de Fallingwater se encuentra otro de los lugares sorprendentes de la casa americana. En este caso es un hotel, el Nemacolin en Farmington, también dentro de los increíbles bosques de la parte oeste del estado. Es una copia fiel del Hotel Ritz en la Plaza Vendôme en Paris, en este caso en el medio de la floresta y a bastante distancia de lugares habitados, totalmente en solitario y a una hora y media de la ciudad de Pittsburgh.

Lo que más me sorprendió de este hotel, aparte de su emplazamiento geográfico, no fueron sus salones, ni sus habitaciones de imitación francesa, ni su colección de pinturas también de imitación, incluidos originales de dudoso gusto. Lo más sorprendente fue salir a la terraza de balaustrada en la parte trasera del hotel; salir a lo que yo pensé que iba a ser un jardín francés también, o el acceso al bosque cerrado, solo para darme cuenta que estaba sobre la pista de un aeropuerto, pequeño y muy bien cuidado y no más ancho que el típico cortafuegos.

Más o menos, la misma sensación que cuando atraviesas unas vías de tren y te quedas mirando a la lejanía, esperando ver aparecer una locomotora. En este caso hubiera sido un avión dispuesto a aterrizar. Lo único que vi sobre la pista, en el rato que estuve alucinando, fue en par de ardillas que seguramente estaban familiarizadas con la presencia de aviones rodando entre el olor a pinos y el silencio vegetal.

Edificios singulares, por llamarlos de alguna manera; algo de lo que se pueden encontrar muchos ejemplos en este país, y eso en las más variadas categorías. Lo asombroso que puede resultar visitar un fuerte de los de la época del Wild West (Salvaje Oeste). No se parece en nada a la imagen que teníamos, que veíamos en las películas de nuestra infancia. Todo es menos salvaje y menos épico, e increíblemente, mucho más “moderno” en aspecto de lo que podríamos imaginar; al fin y al cabo de todo eso no hace tanto tiempo.

He visto varios, pero el primero fue el que me produjo la mayor impresión. Fort Davis, en Texas, que se conserva en bastante buena condición y donde, a finales de los años ochenta, pude apreciar adelantos casi cinematográficos en museologia; magnifica la forma en que exhibían lo que pudo ser la vida en aquellos momentos que conformaron el nacimiento de este país.

Los conceptos de la vida aquí no han cambiado tanto, seguimos viviendo en la cuasi idea del fuerte, la vieja “frontera”. El sentido de la propiedad, la libertad individual y por ello la autodefensa, incluyendo las armas de fuego, se ven reflejadas en la misma condición que las ropas, las botas, los escasos libros y todas las zarandajas que se exhiben en esta reliquia.

Sorprende la afición generalizada a mantener parcelitas de jardín, “the yard”, frente a la abundancia de terrenos y vistas maravillosas; jardincitos individuales, incluso en un ámbito militar como este. Podría ser el recuerdo de la falta de terreno en los países de origen de esta sociedad de colonos, pobres antes y ricos después. El sueño americano funciona de muchas maneras diferentes, pero, la casa y el jardín individualizado dominan todavía la imagen de este sueño.

Hitos de un país nuevo, en un nuevo mundo que ya empieza a estar un poco viejo. Los imperios modernos parece que van a tener una menor duración que los clásicos.

Luisma, 6 de Enero de 2009