De busilis y Ray Charles

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San Noseque desde la ventana trapezoidal

Volvía tarde, pisando nieve, eran las dos de la mañana. La otra noche, y ya van siendo varias en los últimos meses, escuché música de órgano al pasar frente a las puertas de la iglesia de San Noseque. Nunca me acuerdo, a pesar de la vecindad, del nombre de San Josaphat. Es esa iglesia católica-ortodoxa-griega que queda cerca de mi casa y que puedo ver desde mi famosa ventana trapezoidal.

Escondido en el reflejo de esa ventana puedo apercibir, algunas madrugadas también, luces de vela o candil moviéndose en las ventanas de los desvanes, allá en lo alto. Esa torre que está orientada a West Virginia y que por tanto es el telón de fondo de las peores tormentas veraniegas. Torre de campanario con una campana que solo suena en mi imaginación. Nunca he visto a nadie en esa iglesia, enorme y vacía, la he podido observar, muchas veces, por las rendijas de las puertas.

Una cartela, en una de las entradas secundarias reza que la iglesia está en venta. No dice el precio y me gustaría saberlo; nunca se me había ocurrido pensar cuanto puede valer una iglesia. Si estuviéramos en un vecindario menos residencial y más movido, seguro que se vendería para convertirse en restaurante o club, como otros aquí en Pittsburgh. En el Strip District, que es la zona del mercado y no la de los clubs (como su nombre parece indicar), hay una iglesia convertida en restaurante y que tiene entronizado, en lo que fuera altar mayor, un alambique de producción de cerveza! El nuevo becerro de oro!?

Ay, si mis antepasados sorianos levantasen la cabeza! Algún anatema caería.

Dí en pensar esa noche, más con carcajada que con estremecimiento, que mi especial Maese Pérez, el organista de San Noseque, bien pudiera ser Ray Charles redivivo o aparecido para mi particular ludibrio. Hubiera sido bonito que así fuera y me habría dado la posibilidad de escribir un remake (en español me encanta traducirlo como “refrito”): Maese Charles, el organista. El problema es que esto es Pennsylvania, y América, y me iba a ser difícil encontrar aquí obispos gordos (hace años que no veo un cura con sotana), viejas de negro redichas (no digo que no las haya), y sobre todo busilis, aquí no hay busilis (o puede que si, y yo no lo sienta porque me esté haciendo viejo y siempre descreído).

Aún así, el mayor problema es imitar o refritar a D. Gustavo Adolfo Becquer…mejorarlo es imposible. Creo que no vale la pena, como no la valen casi ninguno de los remake-refritos que Hollywood hace de sus más famosas películas y que tan en boga están últimamente. Suelen ser malos, de solemnidad.

La capacidad creativa, en este país y en otros que lo imitan continuamente, está muy desmejorada en los comienzos de este siglo. No quiero quejarme tan anticipadamente, queda mucho siglo por delante (y yo que lo vea!) pero, la primera década está siendo lamentable y solo quedan dos años para arreglarla!

De todas maneras hoy ha sido un placer inenarrable volver a leer una leyenda de Bécquer. Hacía un siglo que no leía nada de él. Eso si que es un castellano para enmarcar. Que bien escrito!

Luisma 14 de Enero del 2009

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