Monthly Archives: February 2009

El coleccionista coleccionado

coleccionista.jpg Detalle escultórico en la catedral de Santiago de Compostela
(Foto de Luis y manipulación de Sarah)

Te parecerá una tontería, pero, tengo el nerviosismo y la excitación de una primera cita. No, no es con ninguna mujer, es con un hombre…ya, ya se lo que estás pensando, sigo siendo hetero y no me he cambiado de acera. Tampoco tengo ningún armario del cual salir. Simplemente, estoy citado para comer con mi coleccionista. Que quién o qué es mi coleccionista? Pues te voy a explicar, lo que me servirá para, también, pensar un poco más en ello y estar preparado para la situación.

Hace apenas un año recibí un extraña, por lo misteriosa, carta de un joven, casi un niño, desde la India. Escrita en correcto ingles y con un párrafo final en español, también bastante correcto. En la carta me decía que quería coleccionar mi vida, y me pedía permiso para ello. Ni que decir tiene la sorpresa que la carta me procuró y de que manera me puse a pensar en tamaña historia. Contemplar las muy diversas posibilidades de lo que este joven me estaba proponiendo.

Supuestamente es el nuevo deporte, o actividad, o dedicación, de la nueva generación de “genios” computerizados. El chico tiene solamente doce años, y no se si una imaginación demasiado calenturienta. Aunque, por las cosas que me ha dicho, sabe de mi vida, y pocos milagros, incluso más que yo. De donde diablos sacará tanto detalle que incluso se me escapa a mi mismo?!

El “deporte” en cuestión es como una colección con un algo de lotería. Cada niño al entrar en la rueda de participación recibe una serie de “cromos electrónicos” con la identidad, y una somera descripción, de una a tres personas vivientes en el mundo actual y de diferentes edades, razas y nacionalidades. Lo que hacen es coleccionar, investigar, recoger imágenes y trozos de vidas perdidas en el éter. No necesitan ser futbolistas o actores famosos. Quieren gente normal, aunque no se muy bien como se mide la normalidad.

Tienen que precisar e imprimir momentos de las vidas de sus coleccionados y amasar toda esa información en pequeños armarios electrónicos. Del uso y el disfrute de toda esa información, de los detalles y cuestiones que se me ocurran y de…en que acaba toda la cosa, me enterare en esta visita, o cita, o reconocimiento de “mi coleccionista”.

Hay, sin embargo una premisa fundamental, una condición crítica, tienen que tener la total aceptación y permiso del coleccionado; una aceptación personal y para todos los niveles. Y en eso estoy, en pensármelo un par de veces, porque no sé en que puede acabar esta historia. Que hay, si es que hay algo, detrás de todo este asunto? A qué clase de club, organización, secta, o lo que sea, me pueden estar introduciendo sin yo saberlo? Aunque la verdad a estas alturas del partido, las consecuencias posibles, todas en las que puedo pensar, me importan poco.

Eso si, en el supuesto que todo esto contuviera algún tipo de venta del alma al diablo, que aflojen un poco que me subo en marcha. Y esto no lo tengo que pensar dos veces. Tiempo, futuro, si es que hay alguno, compro…y al precio que sea. Ah! Y espero que no sea una cosa de tipo religioso, ahí me planto, no quiero saber nada de ese negocio. Me podéis llamar agnóstico, ateo o lo que queráis. Al fin y a la postre hay otros que me llaman infiel, y sin haber hecho nada por ello. En fin, vaya, que si me van a “coleccionar”, que sea por una buena razón. Aunque sigo sin ver cual pudiera ser.

Luisma, 23 de Febrerillo, el loco, del 2009.

Six-burgh

sixburgh.jpg
Portada de un periódico local al día siguiente de la parada triunfal

Resulta que, al parecer, me he metido en un lío. Lo de empezar la casa por el tejado. He visto la expresión o palabra escrita en un periódico local y me ha gustado. También le ha gustado al ayuntamiento de la ciudad, que ha cambiado el nombre de Pittsburgh por el de Sixburgh, oficialmente, eso si, solo por unas cuantas horas de celebración. El inconveniente es que la he escogido como titulo del escrito y eso es algo que nunca hago, siempre titulo las cosas al final de escribirlas. Intentaré hacer algo.

Y todo por celebrar la consecución por el equipo de fútbol, americano, los Steelers de Pittsburgh de la sexta copa, de la Superbowl. Esto convierte a la ciudad en supercampeona o como los americanos dicen: campeona del mundo. En su más puro egocentrismo los americanos se auto titulan campeones del mundo en cualquier campeonato nacional de casi cualquier deporte. Y digo casi porque, por ejemplo, en fútbol del nuestro no lo dicen.

Claro que, a quien importa un deporte que aquí es considerado “vacacional” y deporte de niñas (¡?) y de niños de enseñanza primaria. Al reparto de espacio en los patios de colegio o en los campos de juego asistimos al ver que la temporada de fútbol, soccer, dura solo dos meses y que acto seguido, a su final, se retiran las porterías, para evitar que los niños jueguen!

Lo cual es una fútil medida pues los niños americanos han aprendido rápido el valor de las mochilas como postes para golear; todavía hay esperanzas. El fútbol, del nuestro, va ganando adeptos y fieles mucho más rápidamente de lo que a ciertas autoridades les gustaría. Temen que, al igual que en nuestros países donde este deporte es rey, el fútbol-fútbol llegue a suplantar al baseball en el corazón de los jóvenes americanos. El béisbol recibe la gran tajada de las subvenciones del erario publico, mientras el soccer se tiene que confirmar con las virutas. Igual que el tiempo en televisión, ni siquiera para la selección nacional lo aumentan.

Pero volvamos a Sixburgh y al deporte rey americano: el otro fútbol, el de las cien mil reglas de juego, el de los cuatro tiempos de quince minutos, el de la parada en la mitad… justo para mear los millones de cervezas, el de las audiencias multimillonarias en TV, el juego que provoca el equilibrio de los presupuestos de las universidades y por lo tanto las domina en muchos aspectos.

El fútbol profesional es el que se nutre de la publicidad en televisión y el merchandising de ropa deportiva de los equipos. En la celebración de la Superbowl, conseguida por los Steelers de Pittsburgh, con una macro-parada-recibimiento triunfal en el centro de la ciudad, había 350,000 personas ataviadas, en un 99%, con una o más piezas de ropa Steelers, amarillo-oro y negro, cientos de millones de dólares.

El titular de prensa: Sixburgh! Era una triple referencia: al juego de palabras con el nombre de la ciudad, al sexto campeonato ganado por el equipo, el mayor numero entre todos los equipos y la referencia al “six-pack”, el icónico paquete de seis cervezas que domina la vida, la vida de tiempo libre de las gentes de este país. Sábado, sabadete, camisa nueva, y…paquete (de seis cervezas, claro).

Fútbol americano y cerveza, un matrimonio sin posibilidad de divorcio. El tiro de caballos de la cuadriga del Imperio: fútbol, alcohol, individualismo y conformidad. Los dos últimos jacos produciendo una paradoja que recuerda el efecto óptico de movimientos opuestos en las ruedas a toda velocidad. Si alguna vez estos caballos tiraran en direcciones opuestas, la cuadriga del imperio se iría a hacer puñetas, como la de Mesala en Ben-Hur. De momento, y en medio de la crisis económica, todo va sobre ruedas para Pittsburgh, o Sixburg.

Luisma, Sixburgh, 9 de Febrero de 2009