El coleccionista coleccionado

coleccionista.jpg Detalle escultórico en la catedral de Santiago de Compostela
(Foto de Luis y manipulación de Sarah)

Te parecerá una tontería, pero, tengo el nerviosismo y la excitación de una primera cita. No, no es con ninguna mujer, es con un hombre…ya, ya se lo que estás pensando, sigo siendo hetero y no me he cambiado de acera. Tampoco tengo ningún armario del cual salir. Simplemente, estoy citado para comer con mi coleccionista. Que quién o qué es mi coleccionista? Pues te voy a explicar, lo que me servirá para, también, pensar un poco más en ello y estar preparado para la situación.

Hace apenas un año recibí un extraña, por lo misteriosa, carta de un joven, casi un niño, desde la India. Escrita en correcto ingles y con un párrafo final en español, también bastante correcto. En la carta me decía que quería coleccionar mi vida, y me pedía permiso para ello. Ni que decir tiene la sorpresa que la carta me procuró y de que manera me puse a pensar en tamaña historia. Contemplar las muy diversas posibilidades de lo que este joven me estaba proponiendo.

Supuestamente es el nuevo deporte, o actividad, o dedicación, de la nueva generación de “genios” computerizados. El chico tiene solamente doce años, y no se si una imaginación demasiado calenturienta. Aunque, por las cosas que me ha dicho, sabe de mi vida, y pocos milagros, incluso más que yo. De donde diablos sacará tanto detalle que incluso se me escapa a mi mismo?!

El “deporte” en cuestión es como una colección con un algo de lotería. Cada niño al entrar en la rueda de participación recibe una serie de “cromos electrónicos” con la identidad, y una somera descripción, de una a tres personas vivientes en el mundo actual y de diferentes edades, razas y nacionalidades. Lo que hacen es coleccionar, investigar, recoger imágenes y trozos de vidas perdidas en el éter. No necesitan ser futbolistas o actores famosos. Quieren gente normal, aunque no se muy bien como se mide la normalidad.

Tienen que precisar e imprimir momentos de las vidas de sus coleccionados y amasar toda esa información en pequeños armarios electrónicos. Del uso y el disfrute de toda esa información, de los detalles y cuestiones que se me ocurran y de…en que acaba toda la cosa, me enterare en esta visita, o cita, o reconocimiento de “mi coleccionista”.

Hay, sin embargo una premisa fundamental, una condición crítica, tienen que tener la total aceptación y permiso del coleccionado; una aceptación personal y para todos los niveles. Y en eso estoy, en pensármelo un par de veces, porque no sé en que puede acabar esta historia. Que hay, si es que hay algo, detrás de todo este asunto? A qué clase de club, organización, secta, o lo que sea, me pueden estar introduciendo sin yo saberlo? Aunque la verdad a estas alturas del partido, las consecuencias posibles, todas en las que puedo pensar, me importan poco.

Eso si, en el supuesto que todo esto contuviera algún tipo de venta del alma al diablo, que aflojen un poco que me subo en marcha. Y esto no lo tengo que pensar dos veces. Tiempo, futuro, si es que hay alguno, compro…y al precio que sea. Ah! Y espero que no sea una cosa de tipo religioso, ahí me planto, no quiero saber nada de ese negocio. Me podéis llamar agnóstico, ateo o lo que queráis. Al fin y a la postre hay otros que me llaman infiel, y sin haber hecho nada por ello. En fin, vaya, que si me van a “coleccionar”, que sea por una buena razón. Aunque sigo sin ver cual pudiera ser.

Luisma, 23 de Febrerillo, el loco, del 2009.

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