Se te va a caer el pelo!

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Probablemente no sea ninguno de los dos
(Fotos de Sarah y Pepe Nuñez)

Esto lo he tenido que oír, unas cuantas veces, en mi vida. Desde pequeñito y en adelante, en múltiples ocasiones, y por las más variadas razones. Siempre pensé que había sido, que era, un mal niño, un mal chico, un mal hombre, en resumen: una mala persona. Capaz de todo lo malo, lo atravesado, lo prohibido, lo pecaminoso, en una palabra: la reencarnación del mal…El diablo, alguien me llamó alguna vez.

Solo ahora que me estoy volviendo viejo, se me han abierto los ojos y he llegado a la conclusión de que nada de esto era cierto, de no ser nada especial…y que no soy, ni mucho menos, un malo de solemnidad, ni de película, ni nada parecido. Que todo ha sido un espejismo, una mala fotografía o, lo que es peor, un engaño manifiesto.

Ha sido la manera que ha tenido todo el mundo de controlarme o, por lo menos, de intentarlo. Políticos y religiosos como abanderados del control. Hasta hace unos años, algunos, lo consiguieron con mucho éxito. Hoy en día, cada vez resulta mas difícil “hacer vida de mi”. Acostumbrarse a admitir, mismo públicamente, tal culpabilidad (creando complejo, incluso) era condición, sine qua non, de una cierta convivencia. Vaya Ud. a contarle esto a la última generación. Se me han reído hasta en las barbas! Y con razón.

El galápago se cambió al otro lado del estanque. Pensamiento: que pena no haberlo hecho antes! Ese fue mi “trippy” (“viaje”),las drogas siempre me han sentado mal al estómago y eso no me compensa. Una gran idea, la mejor, sin duda, de mi vida y ello sea dicho a pesar de todos los pesares. Que fueron muchos. Ahora tengo una concha espesa y dura, una verdadera coraza. A prueba de políticas, religiones y toda otra clase de zarandajas.

También me ha crecido, con el paso de los años, una clarividencia de tamaño natural. Las veo, los veo, os veo venir desde muy lejos (y tanto!) y con una claridad que ya hubiera yo querido tener en otros tiempos. Ya hasta ni confundo lo sentimental con lo romántico. Ya hasta me empieza a sobrar casi todo; lo que no esta nada mal porque nunca he servido para amasar casi nada, que no sea en mi cabeza.

Con toda seguridad me voy a ir tal como vine, con una mano por delante y otra por detrás. Y no me refiero a América. No vine por el célebre, y nunca bien ponderado, sueño americano. Pero, aunque hubiera sido así, hay tantos sueños…El mío se ha cumplido y no era precisamente el sueño de los americanos, ni la riqueza a la que tanto adoran. Aunque no hubiera estado demás, siempre que el precio hubiese sido aceptable.

Mi sueño era encontrar al otro Luís, a mi mismo, aunque tampoco estoy seguro de que sea el auténtico. Cual de los dos, la suma de los dos o ninguno de los dos? Posiblemente el único verdadero es el que se ha instalado en mi, en los últimos cinco años. Y al que, por cierto, nunca han amenazado con la caída de nada; si acaso con la caída del imperio, el de ahora, que se va perjudicando a ojos vista.

A ver si resulta que uno no era tan problemático como se pensaba!? Tendré que preguntarle a alguien que, presumiblemente, tiene la culpa del “nuevo-viejo Luís”. El que conserva todo su pelo y al que parece que la única amenaza de caída capilar le viene del viejo dicho: “Después de cien años…todos calvos!”…Donde hay que firmar para llegar hasta allí?

Luisma, 2 de Marzo del 2009

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