Biba LLo!

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Un deseo de cumpleaños para todos

Se prohíbe fijar carteles. Responsable la empresa anunciadora.

Parece como si fuese ayer. Mientras barruntaba una idea, me víno este famoso y casi olvidado letrero a la memoria. Eran aquellos años juveniles de carreras, pegada de pasquines y vuelta a las carreras. Me permití el lujo de hacerlo hasta en Paris. Como en España se hacía entonces difícil y peligroso; me esmeré saliendo a los saltos nocturnos cada noche con distintas facciones políticas, en aquella Francia, que no ha cambiado tanto. Al fin y al cabo todos éramos amigos en la Maison des Jeunes y las divergencias políticas se dirimían en los bares, en los foros juveniles o en el campo de fútbol.

La pegada de carteles se convirtió, para mi, en una especie de deporte-diversión nocturnal. Ya por entonces empecé a fraguar esa maquiavélica habilidad, que me ha acompañado hasta hoy, para no dejar saber cuales son mis reales preferencias políticas. Los comunistas me decían espía franquista y los derechistas de la Quinta República me acusaban de comunistoide.

Eso si, eran carteles, el graffiti víno mucho después. De siempre se escribió en las paredes y vallas, pero era con tiza o carbón y se respetaban mucho los edificios cuando era pintura. El graffiti, la pintada, llegó un poco antes de trasladarme a América y aquí la he vivido en su máxima expresión, incluyendo la diatriba de elevarla a los altares artísticos. No niego que se requiere una técnica bastante consumada, pero como método expresivo a mi me deja bastante que desear.

Y aunque he seguido y admirado grafiteros muy famosos en Pittsburgh, Chicago y Nueva York, con todo y con ello me sigue pareciendo más un deporte que otra cosa. El caso es que recordando lo de pegar carteles me vino la idea de celebrar, hoy, mi cumpleaños de una manera original, una de esas cosas que la gente llama “cosas de Luís”. Ayer tarde me pinte cinco carteles de tamaño medio-póster y esta noche he salido a pegarlos en cinco diferentes sitios de la ciudad.

Uno, en las puertas de cristal del museo de Andy Warhol, el museo más grande del mundo dedicado a un solo artista. Otro, a la puerta de vestuarios del estadio de los Steelers, no hay miedo…están “de vacaciones”. Otro de los carteles lo fijé a la entrada de la Cathedral of Learning (Catedral del Aprendizaje) edificio insignia de la Universidad. El cuarto lo puse en un lugar ilógico, la vitrina de anuncios de la Sinfónica de Pittsburgh, aunque lógicamente lo pegué por fuera. El último, reforzado con cartulina doble, lo colgué en la reja exterior de la comisaría de policía de mi barrio, aunque haya quedado grabado en el video, sé que no se me reconocerá. Llevaba calada la gorra y el chándal del Real Madrid, con el cuello subido. Y a mis ya pasados sesenta, no se me supone andar en tamaña actividad. Que engañados los tengo!

Además, los cinco carteles no llevan ninguna leyenda subversiva, o acaso si, según se mire. Los cinco rezan: “Biba LLo”. Y a eso es a lo que uno aspira en tal día como hoy.

Luisma, 15 de Marzo del 2009!

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