Un par de cosas sobre Chicago

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Reflejos en “The Bean”, Parque del Milenio (Chicago)

A Chicago hay que llegar, a ser posible, por la noche y en avión. Es una ciudad tan grande y tan extendida que con las luces nocturnas se puede apreciar la curvatura de la tierra, o así me lo pareció a mi la primera vez que llegué a ella. Es probablemente la ciudad mas extendida de Estados Unidos y una de las que más personalidad tiene.

Bien es sabido que, a primera vista, todas las ciudades americanas son iguales o muy parecidas; una vez que conoces mejor este país te das cuenta de las diferencias, mayores de lo pensado, entre ciudades, estados y territorios de país. Chicago es uno de los sitios donde mejor se aprecia el conglomerado tejido urbano de este país. Algo muy típico, la cohabitación de estilos arquitectónicos y lo marcados que estos estilos están en el espacio de un mismo barrio o una zona urbanística.

Basta colocarse en la fuente central del parque de Milenio, a orillas del lago y girarse despaciosamente a los cuatros puntos cardinales. Al norte el agua, el lago, los malecones de las orillas, las extensiones de hierba, las miríadas de veleros atracados y en continuo balanceo que recuerdan el tiempo y los valores de las pinturas impresionistas. “La Grande Jatte”. Si se entornan los ojos y se abren de golpe todo puede parecer un cuadro puntillista.

En sentido contrario, hacia el sur, la ciudad baja, edificios altos pero no rascacielos, grandes hoteles de los años treinta primeros del siglo XX; como el Congress Plaza, mi favorito para quedarme en Chicago, techos altos, ventanas casi góticas, madera vieja por todas partes, pintada con tantas capas, una encima de otra, que parece esmalte engordado; cerrajerías de la época y baños posteriores, pero también antiguos. Las habitaciones enormes aunque evidentemente reducidas de las antiguas suites de sus primeros tiempos de esplendor.

Al oeste, los jardines del parque con un aire un poco francés, con rejerias y que da paso a Soldiers Field, un sorprendente estadio de fútbol americano que por fuera parece el Partenón de Atenas, con una enorme columnata a lo largo de la tribuna. Es la primera línea de esa parte de la ciudad que está toda unida por un metro elevado.

Y la parte este, la ultima adición a este paisaje urbano, el brillo rechamante del edificio-auditorio de Frank Gehry con el telón de fondo de los rascacielos de downtown. Una propuesta que, increíblemente, encaja “que ni pintada” con el resto de los estilos, las diferentas estéticas y todo el batiburillo urbano que desde este punto se puede apreciar. Su único problema, aún siendo impresionante, es su falta de originalidad; ya que recuerda demasiado las formas y los acabados del Museo Guggenheim de Bilbao, de mismo arquitecto.

Chicago es mucho más que todo eso y se podrían contar muchas cosas, y de hecho las iré contando. Hablar de su historia, de su actividad cultural, de su noche y de su día, entretenimiento y laboriosidad. Pero no voy hablarte, hoy, de baseball, negocios, o carreras de coches, de Elliot Ness o Al Capone…ni siquiera de su museo de arte, uno de los mejores del mundo. Otro día será! Lo próximo va ser contarte su incendio, el Gran Incendio de la Ciudad de Chicago, así llamado en las crónicas de su tiempo.

Luisma, 28 de Julio del 2009

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