Monthly Archives: August 2009

New Madrid (MO)

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Hace no muchos años, todavía me pegaba unas palizas enormes de coche por las carreteras americanas. No era polvo, sudor y hierro pero se le parecía mucho. Mi rocinante en aquella época era un Mazda MX-6 que me duró diez años, tras dos cambios de motor. Era una buena cabalgadura y corrimos muchas aventuras juntos.

En una de estas íbamos desde Houston a Chicago, algo así como ir desde Málaga hasta Estocolmo, cargados hasta los topes de las piezas de arte español que vendíamos, cuando podíamos; después de largas, muy largas, jornadas de camino y visitas a clientes. Otro día hablaré de algunos de estos clientes, incluso famosos tuvimos entre ellos. Houston a Dallas y Texarkana, de allí a Little Rock, Arkansas, pasando por Hope (patria chica del presidente Clinton). Un pequeño pueblo con un nombre bonito: Esperanza. Después Memphis (lugar de residencia de Elvis Presley) y Nashville en Tennessee, paraíso de la música country. Luego St. Louis y sus blues, para tras llegar a la “meta” de Indianápolis, por fin, acabar en Chicago. Miles de eternas millas, la mayoría de ellas en línea recta.

Estos viajes duraban varios días y a veces había que entretenerlos con aventuras inopinadas que surgían en las propias carreteras. No todo iba a ser el ver pasar árboles y mas árboles en sentido contrario, entre puente y puente y coca-cola y coca-cola. Y que carreteras! El sistema de autopistas americanas es impresionante, grandioso, entreteje y une todo el país. Tiene más o menos mi edad y se debe a la administración del presidente Eisenhower, un militar de carrera con gran visión civil, aunque se le recuerde más como el vencedor de la II Guerra Mundial.

Pues esto era en medio de la campiña del estado de Missouri, montones de kilómetros en línea recta, cuando al pronto vi uno de los típicos carteles, verdes y blancos, salida de autopista. Después de tantos nombres indios y anglos, allí estaba: New Madrid, 15 millas. Pegué un volantazo decidido y me salí en aquella dirección. Enseguida llegué a Nuevo Madrid, un típico pueblo del medio oeste, medio verde, medio desertico, medio vacio…Population:3.350 habitantes rezaba el cartel a la entrada, en el que me hice la pertinente foto. Siempre me he preguntado: Como y cada cuanto tiempo actualizan los números de población en esos carteles? Que cosas se ven! Aquel día, por extraña casualidad, iba vestido con una vieja camiseta de la selección nacional de fútbol. Manías que uno tiene: la Selección y el Real. Viva! y Hala!

New Madrid, a pesar del nombre, no podía ser más típicamente americano, ni más pequeño, solamente un par de calles abocadas a la enormidad del río Mississippi. Pregunté a algunas personas, en la calle, si sabían el porqué del nombre del pueblo; nadie supo decirme que era Madrid. El americano profundo es malísimo para los datos históricos y la geografía. Me indicaron que preguntase en el ayuntamiento, o en la oficina del sheriff. En la casa-museo del pueblo, parte del edicifio del ayuntamiento, encontré la única referencia a España. Por allí había llegado y posiblemente puso el nombre al pueblo, Diego de Gardoqui y Arriquibar (un negociante y explorador bilbaíno), río Mississippi arriba, quien sabe lo que le movió a parar allí. Luego me he enterado que el pueblo es relativamente famoso en los anales del pais, en 1812 fue el epicentro del mayor terremoto en la historia de los Estados Unidos.

Las dos viejitas que haciendo voluntariado cuidaban del museo, y seguramente del ayuntamiento, se mostraron muy excitadas con mi presencia: Madrid es la capital de España, sabe Vd.? Me dijeron, y nunca hemos tenido visitantes de esa ciudad que tiene nuestro mismo nombre! Nos va a permitir Vd. que avisemos al sheriff de su presencia, nuestro alcalde no está. Resumiendo, el sheriff decidió celebrar la presencia del turista español procediendo a izar la bandera de las barras y estrellas, y la de mi país. Diez minutos después, al volver de un corto paseo por las dos calles del pueblo, encontré en el mástil la bandera de Castilla, la antigua, la contracuartelada con los dos castillos y los dos leoncitos, una de las banderas más antiguas del mundo. Naturalmente no puse ningún reparo, ni corregí la situación. Ancha es Castilla…y vieja!

Dos años más tarde, por esas casualidades de la vida, encontré a las dos señorinas en el aeropuerto de Barajas. Se ve que les di las ganas, con mi cháchara, de visitar el viejo Madrid. No me reconocieron y decidí dejarlas en la ignorancia. Yo me acordaba perfectamente de ellas y de New Madrid (Missouri).

Luisma, 18 de Agosto del 2009

Mi día libre

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Hoy, ya entrada la mañana, sonó el teléfono, dejé que el mensaje continuara y se grabase la llamada; como siempre, con el ánimo de filtrar si la atendía, o no. Hoy es mi día libre de mitad de semana y prefería no ser molestado y vaguear hasta la hora de ir a hacer algunos encargos de S. Por alguna razón me atrajo el tema de la llamada y la contesté, con lo cual lo que hice fue cañonear mi día libre en la mismísima línea de flotación.

Tengo un par de empresas de lenguas, traducciones e interpretaciones, ambas radicadas en Florida, que me encargan trabajos, de esos tipos, ocasionalmente y siempre que pueda atenderlos. Es buen dinero y a veces se trata de cosas interesantes. La última vez había sido interpretar, español-inglés y viceversa, para un juzgado de Bedford (Pennsylvania) en un caso de asesinato de un mejicano contra otro mejicano. Aquello duró varios días y no sé si resulta frívolo categorizar la cosa como un encargo “divertido”, o mejor debo llamarlo: entretenido, interesante, atractivo.

Atractivo por el hecho de bucear, de repente y sin escafandra, en el sistema judicial americano, que yo solo conocía, claro, por las películas y las series de televisión. Me tocó lidiar con el “defendant”, el “defendido”, nuestro acusado, los abogados, los testigos, el juez y hasta el jurado, en una especie de funambulismo lingüístico que, a veces, tuvo tintes trágico-cómicos. Al final la cosa se saldó con unos cuantos años de cárcel para el interfecto y una citación pública del juez por méritos en el arte de la interpretación. Los jueces actúan como si pudieran juzgarlo todo. Y pensar que cuando llegué a este país no tenia ni puñetera idea del idioma!

Lo de hoy no prometía ser tan interesante como lo del asesinato. Se trataba de interpretar entre el cirujano, los ayudantes, las enfermeras y toda la basca hospitalaria y “mi” enfermo (mejicano, claro) en la preparación y posterior recuperación de un caso de cirugía traumática en el Allegheny General Hospital, un típico hospital como el de las películas y las series de televisión; la americanización empieza en América, como su propio nombre indica.

Al pobre hombre, trabajador de una granja, le había pasado una rueda de carreta de madera sobre una pierna, dejándosela espachurrada para los restos y ahí estuvieron durante varias horas intentando salvársela. Parece ser, me dicen, que todo va a terminar bien; como en toda película que se precie de serlo. Es curioso como el hecho de tener un intérprete en tu trabajo normal puede afectar a la manera de producirse de las personas, hoy todo el mundo quería ver sus chistes y su humorismo traducido. Parecía leerles el pensamiento: A ver como suenan mis palabras en otro idioma! Me miraban a mi como el que mira a la cámara en una película, disimulando. Traducir el humorismo no es muy difícil, interpretarlo si lo es.

A mi solo me quedó impresa la soledad y la tristeza del paciente, aislado e indefenso en país extranjero, extraño al idioma y preocupado por su suerte. El “que va a ser de mi?” que se leía en sus ojos y que me retrotraía a la expresividad de un grabado goyesco. Y eso fue mi día libre, hoy, un miércoles cualquiera de agosto. Naturalmente, no todos mis días libres son así. Faltaría más!

Luisma. 10 de Agosto del 2009

El gran incendio de Chicago

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La Sra. O’Leary, la vaca, el tajo, el quinqué…todo es posible.

El famoso incendio creo que fue en 1871, y como los americanos tienen poca historia, o mucha historia en poco tiempo (según la color con que se mire) tenían que crear alguna epopeya, aunque fuera de la nada. Cada ciudad, en este país, quiere tener una tradición magnifica o incluso infame. Algo que las distinga de las demás y permita celebraciones, desfiles y chundaratas. Principalmente, algo que como dicen aquí: te ponga en el mapa. En realidad el incendio de Chicago fue monstruoso y se llevó una gran parte de la ciudad.

Lo interesante es la leyenda de cómo empezó, mas propia de una película de Hollywood. De acuerdo con dicha leyenda, apoyada por las crónicas , en el establo urbano de la señora O’Leary una de sus vacas, molesta por alguna mosca, sacudió una coz a un tajo que soportaba un quinqué de petróleo y que prendió fuego a la paja. El establo ardió, y ardieron todas casas del barrio por el fuerte viento reinante. Nada más fácil de arder que una casa americana, siempre hechas de madera. Los incendios americanos son fascinantes, tremendamente voraces y siempre difíciles de reducir hasta que se apagan por consunción. Los bomberos lo que hacen es controlarlos, apagarlos es casi imposible.

Chicago es bien conocida como la ciudad del viento y aunque se ha querido decir que el nombre era porque cambiaba como el viento durante las elecciones políticas, la realidad es que Eolo sopla fuerte y a diario. Todavía puedo recordar lo que cuesta cruzar un puente cuando sopla del lago. Como para hacerte perder el equilibrio, o para quitarte las telarañas. Durante la noche el incendio se extendió de un barrio a otro y así sucesivamente en el espacio de muchos kilómetros. Resultado: 300 muertos, incontables heridos, 100.000 personas se quedaron sin casa; unas pérdidas de casi 200 millones de dólares, de los de entonces (unos 3.500 millones de euros actuales). Un auténtico desastre del que la ciudad de Chicago salió con su ánimo triunfante, recuperando y reconstruyendo la ciudad en un tiempo record.

Uno de los más claros ejemplos de lo que realmente es la grandeza del pueblo americano, es su impulso emprendedor y su resistencia a los desastres. Algo que podría estarse perdiendo últimamente por culpa del pancismo y la pereza que supone llevar tantos años al frente del mundo como el país mas rico de la tierra. Se podría estar perdiendo el espíritu de los creadores de esta nación y el admirable sentido de la última frontera. La ciudad se recuperó magnificamente del gran fuego y, hoy día, aún lo celebran a la menor ocasión. Incluso el equipo de fútbol (del nuestro) lleva por nombre : El Fuego de Chicago (Chicago Fire), uno de los mas originales nombres deportivos que conozco.

Hay cantidad de historia en Chicago: Revolución industrial, gangsters y “ley seca”, escándalos políticos, manifestaciones artísticas; hasta el último presidente, el ínclito Obama, nació allí. Otro día te hablaré mas cosas de ella, la ciudad que todavía es llamada La Reina del Oeste, aunque esté en el centro de su geografía. La historia de Estados Unidos y el movimiento de la última frontera tienen estas cosas. En cualquier caso, si quieres entender lo que es este país y tienes que escoger una ciudad para tomar el pulso y sentir lo americano: Chicago.

Ni Nueva York, demasiado cosmopolita; ni Los Angeles, fea y complicada; ni tantas otras. Para ciudad grande: Chicago, y para ciudad pequeña: Pittsburgh. Por eso estoy aquí y por eso visito Chicago siempre que tengo la ocasión.
Luisma. Pittsburgh, 6 de Agosto del 2009