Monthly Archives: September 2009

Siestas en el museo

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You don’t need a band to be a rock star Warhol Museum. Pittsburgh

Nunca he hecho secreto de mi afición a los museos. Toda clase de museos y principalmente los de arte. La pintura es el santo de mi devoción; la escultura siempre me ha interesado menos y, la verdad, nunca he sabido porqué, quizá sea frustración personal con el tema.

Este museo del que te hablo hoy es algo más que de pintura; lo que hizo Andy Warhol fue más que pintar, o grabar, o fotografiar, o las ciento y una actividades artísticas que acometió. Warhol fue un monstruo, uno de esos que nacen una vez cada muchos años, como Miguel Ángel, como Picasso; y digo esto a sabiendas de que alguno va a estar en desacuerdo conmigo. Tanto peor, que diría un francés. Son artistas de los que hacen época, de los que marcan la diferencia y el arte por si mismos. El concepto por encima de la técnica y del oficio, y si todo viene conjunto, mejor que mejor. El paquete completo, que diría un americano. Llevo más de una década en buena relación con este museo, lo visito cada vez que hay una exposición temporal interesante y, fundamentalmente, lo que hago es ir a dormir siestas en alguna de sus salas.

Todo empezó, años ha, con una gran siesta en la sala en que se exhibía una instalación, o perfomance, del propio Warhol. En ella se presentaban unas cuantas docenas de globos plateados, de un material usado en los vuelos espaciales, en los forrados de los módulos de alunizaje. Globos que en forma de nubes, y rellenos de helio, flotaban en el aire y se movían por toda la sala a impulso de las caricias de los visitantes. Una siesta memorable y el descubrimiento de que nadie te molestaba por dormir allí. Museo libre y así lo ha sido durante años. Hace poco volví a darme otra gran siesta, en un banco lateral de una sala en la que se exponían cien cascos-cabezas de Darth Vader, cada una realizada por un artista diferente. Estos tipos de perfomances llevan algunos años en boga y aunque discutibles en su mayoría, algunas dan origen a propuestas muy interesantes.

Este museo de Pittsburgh, siete pisos dedicados enteramente a Warhol, es el más grande del mundo para un solo artista. Guarda y exhibe una gran colección del autor y unos cuantos cientos de cajas datadas, numeradas y perfectamente clasificadas. Contienen papeles, recuerdos, propuestas, dibujos previos comentados, bibelots, fotos personales, proyectos escritos, ideas y todo lo que tenia en sus bolsillos cada día. Y así, caja por caja, durante años, toda clase de detalles personales de su vida, incluido correspondencia con otros artistas y gente famosa. Hoy día, un verdadero tesoro para sus estudiosos y un auténtico catálogo y compendio de sus actividades, del devenir de su tiempo y circunstancias, y sus relaciones con personajes de todo tipo y de todo calado.

En una de las cajas, en cierta ocasión, vi un boceto de uno de sus mas famosos diseños dibujado en un ticket de aparcamiento. Tesoros así hay pocos en el mundo del arte. El museo exhibe el contenido de estas cajas, regularmente y una por una, ofreciendo un fantástico panorama de la vida pasada, según Warhol. El las llamaba Cajas del Tiempo (exactamente, Time Capsules) y tal concepto ha sido siempre enormemente atractivo. A.W. vivió una vida trepidante, incluido un final violento. Tiroteado por una de sus asistentes, nunca se recupero del todo y murió de las complicaciones de una cirugía menor.

Las vibraciones de este museo son, a pesar de todo, buenas, inmejorables, por eso me gusta visitarlo a menudo. Perfectos asientos y perfecto aire acondicionado. Sueños artísticos y unas tardes deliciosas en un edificio singular. Ojalá vivieran todavía los hermanos Marx! De ellos aprendí lo de dormir en los museos.

Luisma, 22 de Septiembre del 2009

Septiembre

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Primeros de septiembre. Deben estar ya las ferias en Salamanca. Me preguntan muchas veces, aquí, que si echo de menos España, Salamanca. Yo contesto siempre lo mismo: algunas veces si, pocas. Las más de las veces (salmantinismo!) me acuerdo para alegrarme de no estar allí. Entiéndaseme, es mi pueblo y siempre lo será. Aquí los días van como la seda, suaves, sin rompe-pies que diría un francés. Todo esto es América y es en “americano”, por tanto, difícilmente te viene a la mente lo salmantino.

Pero, es septiembre y de pronto se producen sonidos identificables. Sonidos de otra época, de otros lugares; y uno pierde la conciencia del momento, de la realidad, de lo actual. Hace un rato sonó un silbato de tren en la lejanía y caí en un pequeño delirio de ensimismamiento; algo que me pasa, a veces. Y, zás! La cabeza se me va a otro tiempo, a otro lugar, a unas remembranzas juveniles. De repente me ví, y me sentí, parado delante de la vía del tren, en Salamanca, en el paso al nivel del parque de la Alamedilla, sintiendo el bufido de un mercancías al pasar. El mismo calor seco de septiembre y diferentes olores. La musiquilla de las ferias, de los tiovivos. La sensación de que iba a llegar retrasado a casa, como tantas otras veces, después de haber “perdido” la tarde en la sesión continua de cine Taramona, como tantas otras veces.

En otros momentos, la memoria me golpea como aquellos percutidos de los balinazos de aire comprimido en las chapas de las casetas de “tiro al blanco”, evocados por la acción de una maquina de grapar, en alguna construcción cercana. Suenan lo mismo que aquellos tiros al “blanco”; nunca he sabido el porqué de tales blancos, pues siempre eran rojos o negros. O aquellos disparos a las tiras de papel de serpentina, que había que romper completamente para conseguir el premio. La figurita de cerámica, los sobres sorpresa, el botellín de Anís del Mono…

Sin embargo, nada puede sustituir a los aromas de una churrería de feria, ni los estragos de la fritanga en un estomago que ahora se resiente, tantos años después, de aquellas agresiones. Churros pringosos pero riquísimos y horchata, de La Valenciana en Maria Auxiliadora, la mejor. Y carreras, calle Toro abajo, entonces Generalísimo, para llegar veloz a casa, por la puerta de atrás, antes que los padres volvieran del Gran Hotel, de tomarse las copas consuetudinarias con la pandilla de amigos. Que has estado haciendo toda la tarde? He estado estudiando en casa de un amigo…

Se me está viniendo la vida, aquella, a trozos…igual que se me va, a chorros, esta que es la única que me queda. A tope ando viviendo, sin aguantar idiotas ni estupideces, la perfección es un grado. Este es el país de la libertad, mi libertad, si es que entendéis a que me refiero. Creo que P.-Reverte lo entendió cuando dijo lo de: “…o mandarlo todo a tomar por saco, emigrando a cualquier sitio donde no haya necesidad de aguantar a nadie…” (El Semanal, “El último que apague la luz”, 1997)

Y este es un sitio como otro cualquiera. O mejor que otros. En estas condiciones podría seguir un montón de años más. Veremos si me “respetan las lesiones” y puedo seguir “jugando” en el Real Madrid de los países. Sursum corda!

Luisma, 8 de Septiembre del 2009