Monthly Archives: December 2009

Gandhi y la catedral (Historias de Pittsburgh)

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Cathedral of Learning, Pittsburgh

Pittsburgh es una ciudad singular. Por muchas razones, la mayoría históricas, esta ciudad en la que vivo es original y única. Pocas como ella, en este país, con tantas vicisitudes históricas. Aunque muchas veces haya oído referirse a ella como: la pequeña Nueva York. Posiblemente por el trazado urbanístico de su centro de negocios. Moderadamente grande, su área contiene dos o tres millones de habitantes; diseminados o, mas bien, desperdigados en una geografía montañosa aglutinada por tres ríos que, extrañamente, se juntan en el vértice del corazón urbano (Point Park). El mismo punto en el que, hace trescientos años, sus colonos fundadores establecieron un fuerte (Fort Pitt) que más tarde daría origen a la propia ciudad. Los tres ríos, Ohio, Mononghaela y Allegheny, llevan los nombres de tres tribus indias que se asentaban en estos territorios.

Pittsburgh es una ciudad venida a menos de su pasado esplendor. El resultado de este pasado de riqueza y polución por poco acaba con ella y se puede decir que el hundimiento de su industria, la producción de aceros, fue al mismo tiempo la salvación de una ciudad que resurge de sus cenizas, literalmente. Resurge, así mismo, de una pléyade de enfermedades y una monstruosa polución por gases y humos de carbón de sus altos hornos, hoy desaparecidos. Millones de emigrantes europeos dejaron su vida en la dureza de estos trabajos y aquella vida. También dejaron a sus descendientes en esta ciudad que no se parece en nada, por su limpieza y salubridad, a la que fue. Aún se pueden ver, en algunos viejos muros y piedras, las huellas de aquel pasado tenebroso y brillante. En cierta ocasión, una noche sorprendente, observé un espectáculo semejante a una pequeña aurora boreal. A la luz de la luna se podía ver el brillo tremendo, casi como si fuera luz de día, producido por los residuos de carbón en una enorme meseta de terreno echadizo, sobre la que se estaba construyendo un centro comercial. Al parecer, este brillo se podía observar desde los vuelos espaciales.

Pittsburgh es una ciudad que ha significado el carácter emprendedor y luchador del pueblo americano. Por el contrario a otras ciudades de la costa este, su cosmopolitismo era su propia composición étnica. Estaba a casi un día de tren desde la capital, Washington (D.C.) y los visitantes famosos de otros países, preferían subir por la amenidad de la costa hasta Filadelfia y Nueva York, evitando así acercarse a una ciudad conflictiva por lo sindical, sucia, proletaria y carente de los atractivos de las otras. Ni siquiera los grandes capitalistas vivian aquí, todos lo hacían en Nueva York, y aún sigue siendo así. Empero, Pittsburgh sigue siendo la ciudad, de este pais, con más millonarios por metro cuadrado. El único personaje que honró a esta clase trabajadora con su visita a principios del siglo XX fue Mahatma Gandhi, quizas haciendo honor a la inscripción “Give me your poor” (Dadme vuestra pobreza) que debió ver en la Estatua de la Libertad. Seguramente vendría buscando apoyo y dinero para su causa. Fue recibido, a bombo y platillo, en la estación del tren y una placa conmemorativa se puede ver, semiescondida, en un edificio ferroviario victoriano, y que ya no funciona como tal. Ahora es un restaurante y los trenes pasan cerca, pero ya no se detienen allí. Tampoco consta si recibió la ayuda que esperaba.

Pittsburgh es una ciudad que tiene su propia personalidad. Más que edificios singulares tiene tres ríos y 117 puentes, algunos de ellos impresionantes de belleza y de obra. El mismo número de puentes que de campos de golf se encuentran en su área. A pesar de todo, tiene algunos edificios magníficos : El U.S. Steel, que fue durante muchos años el rascacielos comercial mas alto del mundo. El conjunto constructivo del PPG Place, increíble festival de muros de cortina arquitectónicos, todo cristal y metal, que siempre me ha dado mucho juego fotográfico y del que te hablaré en otra ocasión; una obra maestra del postmodernismo (Philip Johnson y J. Burgee, 1984) cuya inspiración viene de otro edificio singular, en el centro del campus de la Universidad de Pittsburgh: una catedral.

Cathedral of Learning” (Catedral del Aprendizaje) es un rascacielos de inspiración gótica y un edificio en ningún modo religioso, a pesar de su nombre y su título. Todo el mundo lo conoce como la catedral y todo visitante se sorprende cuando entra en él. Su interior recuerda perfectamente una catedral gótica, eso si, sin ninguna imagineria, sin olor a incienso y sin el rumor de los rezos, aunque su propia arquitectura impone silencio. Una vez sobrepasada la altura de una catedral típica, todavía quedan unos cuantos pisos, más de treinta, que es como si la catedral soportara sobre sus “hombros” una de esas cargas que vemos en los grabados de los clásicos porteadores chinos. Todos esos pisos están ocupados por clases y despachos de la universidad. En un nivel intermedio se encuentran una serie de habitaciones únicas, clases diseñadas y decoradas al estilo de cada nacionalidad del mundo que las ha donado. Se usan como tales clases, normalmente para estudios relacionados con la nacionalidad dedicada.

En vano busqué una clase de España, ni siquiera de alguna herencia hispánica. Parece que a ningún gobierno español, desde 1937 que fuera inaugurado el edificio, le ha interesado patrocinar una de ellas. Lo cierto es que solo en los últimos años ha aumentado la presencia hispana en esta parte del país; en este histórico revuelto de nacionalidades nunca se incluyó la hispanidad. En esta catedral hay dos mil habitaciones y dos mil quinientas veintinueve ventanas, desde ninguna de ellas se ve España.

Otro día te contaré mas historias de Pittsburgh.

Luisma, 18 de Diciembre del 2009

Misterio en Wheeling, parte II y final

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“La identidad ha sido ocultada para proteger la inocencia, o la culpabilidad”

Vivir en Wheeling, durante seis meses, fue como volver por una temporada a un siglo anterior, sin precisar cual. Mucha lectura y mucho aire libre. La única conexión con la realidad del presente era la televisión apagada, salvo honrosas excepciones, y las gasolineras, con sus subidas de precio. El resto era un continuo descubrimiento del pasado de Norteamérica, una continua situación de duda entre si cualquier tiempo pasado fue mejor, o no. Esta duda raramente se disipa, tanto ayer como hoy, aparece y desaparece como los otrora famosos Ojos del Guadiana; esos ojos que tarde o temprano, un día de estos, con los extraños cambios de clima actuales, no van a volver. Como tantas otras cosas.

No divagues, Luisma…que fue del famoso misterio del título? —Bien, aquí va. Durante estos seis meses de Wheeling, viví en una casa americana típica, clásica. Una de las llamadas: “shootgun” (escopeta), por su forma alargada y estrecha. El ancho de una habitación y el largo de cuatro o cinco, una detrás de otra, con ventanas solo a un lateral, el otro un grueso muro de separación común a la casa siguiente. Una casa de unos ciento cincuenta años de edad, o quizá más, y de claras reminiscencias victorianas, no solo en su diseño sino también en su decoración. Chimeneas o salamandras en todas las habitaciones y la duda corrosiva de que el frío, de todas maneras, se va a colar por cualquier rendija. Pisos de madera, tremendamente sonoros, que invocaban por la noche la idea de seguros fantasmas. Entubajes y registros enrejillados que traían voces difícilmente inteligibles y que parecían lamentos. Extrañas luces y reflejos en las ventanas abatibles, al caer la noche y en la madrugada. “Poltergeist”, o la seguridad de que lo único que produce miedo es aquello que se ignora.

No tengo ni idea y aunque inquirí, nadie supo decirme quien había vivido en aquella casa, años antes de que se convirtiera en un ir y venir de gente en alquiler. Yo ocupaba una buhardilla en el tercer nivel de la casa. Un par de habitaciones pequeñas al final de una empinada escalera, en la que se podían contar los pasos de quien subía. A veces se oían los pasos y no llegaba nadie. Eso era todo, un espacio mínimo pero agradable. Una noche, con poco que hacer y falta de sueño, me dió por destornillar el fondillo de uno de los armarios empotrados; no me correspondían las distancias en las paredes, y encontré un doble fondo. De allí salieron un par de mantas raídas, unas botas de montaña y una pequeña maleta de lona marrón, atada con un correaje militar.

Al cabo, la abrí, con harta curiosidad y encontré un jersey anticuado y una caja conteniendo un abanico de caña y papel, algunos calcetines anudados en mogollón,
varias balas de fusil Mauser, tres gargantillas de San Blas, una roja, otra amarilla y otra morada…y un sobre con un sello de tinta azul que decía: Penal del Dueso, Santander. Dentro había una cartilla de racionamiento del gobierno español, sin ningún signo, ni nombre que permitiera saber de su dueño. Eso si, estaba fechada en 1945, el año de mi nacimiento. Año famoso en los anales porque, en su agosto, los americanos tiraron la bomba atómica, la primera, en Hiroshima.

Pero eso no era todo. Debajo encontré una caja de color rojo, que al darle la vuelta—Oh, maravilla! Eran los Juegos Reunidos Geyper, la caja de quince juegos! Aún había más…La gran sorpresa apareció detrás de los juegos, todavía recuerdo la cara que se me quedó…Un retrato de Franco! En Wheeling, West Virginia! Un Franco joven, de los años cuarenta, el mismo retrato de los sellos de Correos. Montado sobre un panel de madera, daba la impresión de haber estado en algún momento colgado en una pared. También tenia múltiples picaduras, concentradas en el rostro y el torso y que más tarde interpreté como huellas de haber sido lanzados dardos contra él.

Mi sorpresa fue todo lo grande que se pueda imaginar y pese a haberlo intentado, con algunas investigaciones, nunca he podido saber nada de quien podía estar detrás de todo aquello. Un español? Un americano? Quizás un miembro de aquella brigada West-Virginiana? Algún tiempo más tarde, visitando un viejo cementerio que domina la colina sobre aquella casa, un lugar donde los muertos disfrutan de unas vistas maravillosas, encontré una tumba que rezaba: C. Santaengracia, 1919-1963…una simple tumba, una lápida llena de verdín y sin ningún signo religioso. Sería este mi personaje? Y si lo fue, que historia había detrás? Fue su vida tan simple como su simple tumba?

Todavía conservo ese retrato del ínclito caudillo (!?) Lleva unos cuantos años como el arpa de Bécquer. Del rincón en el ángulo oscuro, silencioso y cubierto de polvo…detrás de la puerta, siempre abierta, de mi estudio. Nunca he sabido que hacer con él.
Me da grima.

Luisma, 11 de Diciembre del 2009

Misterio en Wheeling, parte I

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El puente colgante de Wheeling (West Virginia)

El reparto de mi tiempo en E.E.U.U. ha sido muy claro: una década en Houston (Texas) y otra en Pittsburgh (Pennsylvania). Sin embargo, hay una temporada corta, de transición entre ambas ciudades, en la que viví en Wheeling (WV). Una ciudad, o más bien un poblachón de unos treinta mil habitantes, no exenta de interés y en la que no viviría más allá de los seis meses que allí estuve.

Vivir en Wheeling, en el estado de West Virginia fue mi contacto más directo con la América profunda, rural y desasistida de toda clase de fortunas. Es el estado más pobre de la Unión. Una verdadera revelación de esa otra nación, a la que no estamos acostumbrados ni siquiera los que vivimos en este país. Tradicionalmente, se refieren a West Virginia, y su gente, los chistes de paletos y gente ineducada. Como todos los estereotipos hay gran parte de falsedad en ello y en mi experiencia en esa ciudad he encontrado lo auténtico del país y gente culta y educada; probablemente, de lo mejor de la América clásica, tradicional y hoy a punto de perderse. Casi igual que en nuestra España; signo de los tiempos—supongo. No hay muchos atractivos en la vida diaria de Wheeling, aunque tiene un poquito de todo, como todos los museos americanos. Un poco de aquí, un poco de allá y—Alehop! El prodigio se ha realizado! No hay nada más parecido a una ciudad americana que…otra ciudad americana!

La oferta cultural de Wheeling es muy limitada, pero, sobresale la existencia de una curtida y decente orquesta sinfónica, con no mucha programación y de la que uno se pregunta: en que se ocuparan sus profesores el resto del tiempo, después de ensayos y conciertos? Una vez, encontré un violinista en el supermercado, trabajaba de cajero y…no ví que se le cayeran los anillos. En aquel tiempo, hace diez años, estaba dirigida por una mujer pequeña de cuerpo, pero de muchos arreos y gran carácter. Vivía un par de casas mas allá de la mía, en la misma calle, y después de los conciertos pasaba andando por delante de mi casa, lo que yo aprovechaba para “aplaudir” o criticar. Es el único director de orquesta al que he visto detener la interpretación, y dando una sonora patada en el podio, conceder un respiro a los ejecutantes, entre un silencio espeso y expectante,
y seguir el concierto. Como si no hubiera pasado nada.

Wheeling tiene algún misterio y unos cuantos hitos históricos. Por ejemplo: un puente colgante, uno de los primeros del mundo. Una de esas obras, puro arte ingenieril que, de no ser lo que es, estaría en un museo. Tal “museo” debería ser, al menos, del tamaño de dos estadios de fútbol. El puente data de 1849, es decir, es anterior a la guerra civil americana (1861) y anterior, también, a la invención del automóvil. De hecho, además de su belleza estética y de obra civil, tiene una serie de consideraciones especiales y probablemente únicas: esta pintado de color blanco rechamante, contiene un montón de invenciones en tornilleria y cableado (ingenieros de todo el mundo suelen visitarlo y estudiarlo), el silbido del aire entre sus cables tiene una música especial, no admite el paso de camiones y gradúa el numero de coches que pueden estar en él al mismo tiempo; la cosa se consigue por una ingeniosa combinación de semáforos y distancia entre los vehículos. Todo esto más de cuarenta años antes de la inauguración del puente colgante sobre la ría de Bilbao y en el estado más deprimido y pobre de los Estados Unidos!

Tiene, también, una famosa emisora de radio especializada en música country-western, lo que no es extraño dado que la mayoría de sus habitantes son gente del campo. Una visita a los estudios de esta emisora es como un viaje al pasado, cuando esta parte del país (Wheeling está a una hora de Pittsburgh, por carretera) era la frontera del Oeste. Todo el equipo técnico, mesas de mezclas, micrófonos, etc. sigue siendo el antiguo, aunque tiene incorporada toda la técnica digital y más moderna. El caso es que les gusta lo clásico y lo mantienen, aunque sea pura fachada. Se dice que España es un país de contrastes,—bién, si alguien quiere ver contrastes, que vaya a West Virginia!

Parte del misterio de este sitio es la enormidad de esos contrastes. La historia de este estado es la de grandes innovadores emergiendo de un caldo de cultivo de lo más retrógrado. Gente que ha participado en acontecimientos mundiales, en su momento signos de modernidad, saliendo prácticamente del interior de los bosques, fuera de grandes núcleos de población. Por ejemplo: como llegó a participar en la guerra civil española, en el bando republicano, un batallón de voluntarios west-virginianos? Un verdadero misterio, difícil de entender y de investigar, a estas alturas. Nada como visitar West Virginia para comprender o intentar comprender los misterios de este país.

(continuará)

Luisma, 9 de Diciembre de 2009

Las vueltas del mundo

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“Grupo salvaje” Burgo de Osma, 1919

Son las tres de la mañana de un sábado cualquiera en noviembre del año 2009, año de nuestro señor, que así se le decía antes. Como no tengo nada mejor que hacer, cierro el libro que estaba leyendo y al poner la marca en la página, la sostengo en la mano, por un momento, y me quedo un rato pensando en la gente que aparece en ella. Es una foto, una de las varias de esa misma época, fotos de mi niñez y de la de mis antepasados, que utilizo para marcar libros. Es la misma que encabeza e ilustra esta croniquilla que estáis leyendo.

Y el tiempo de esta foto, no tiene pérdida porque está situada y fechada, y esto es lo primero que me da que pensar: Burgo de Osma (Soria, España, por si acaso alguien…) Quince de septiembre de 1919 (!) Anteayer, que le dicen! Dentro de poco esta foto será centenaria y, la verdad, me parece increíble tenerla en mis manos. Que poco sabían, hace noventa años, que un hijo de uno de ellos iba estar escribiendo en memoria suya, mientras contemplaba sus rostros y sus hechuras, más allá del año 2000. Y admirarme, en ellos, en los de la foto, de la certeza del molde de lo que yo, y entre otros, mis hijos y mi nieta, somos la huella. La familia.

Y como ha llegado todo a ser como es? Las vueltas que ha dado el mundo! Para empezar, ninguno de ellos está vivo, supongo. Alguno, de los de la foto, no tengo ni idea de quiénes puedan ser, posiblemente tíos mios. Los otros, los que sé, o los que adivino, me consta quién son o quiénes eran. Como ejemplo, el niño de la derecha abajo, el de los pololos y la camisita con esclavina, el que arrastra la rodilla a la John Wayne, el más guapo de todos, mi padre. Los autores no se ponen de acuerdo sobre quién era más guapo de niño, él o yo. Tengo fotos mías, a esa misma edad, que pueden apoyar convenientemente mi candidatura. Desde luego, me parecía mucho a él. Según algunas autoras, parece que demasiado!

La niña más mayorcita, la inmarcesible Tía Trini, a la que siempre echo de menos, y que en esta fotografía me descubre los rastros y el porte de mi hija y, sobre todo de mi nieta. Que gran misterio los parecidos y las herencias biológicas! La otra niña, la que soporta al niño más pequeño (El Tío Susete? Otro guapo más tarde) debe ser la Tía Marita, hermana de ella y que por esas cosas de las familias, y las vueltas que da el mundo, solo pude ver durante un par de minutos a lo largo y ancho de una vida entera; siendo tan hermana como los demás, aunque más despareja en los rasgos físicos. Los otros dos chicos tienen el aire familiar, pero ni idea de quién puedan ser. La foto indica por detrás que se trata de una colección de sobrinos.

Todas estos fotos, que uso para marcar páginas de los muchos libros que siempre tengo al retortero, me traen indefectiblemente el mismo pensamiento, recurrente una y otra vez, valga la redundancia. Dentro de cien años, cuando ya estemos, todos los de ahora, tiesos y calvos, habrá alguien que diga, en una noche cualquiera de noviembre del 2109, y a lo mejor leyendo esto mismo—mira, este Luisma que escribe, y estos de la foto, eran mi familia.Y puede que le entre un escalofrio de emoción, como a mi sosteniendo esta foto. Cuanto me gustaría ver a ese alguien y saber de él, o de ella! Como me gustaría ver y saber de las vueltas que haya dado el mundo!

Sirva este escrito a modo de mensaje en una botella para ese personaje nonato del futuro al que ya, desde hoy, considero uno más de la familia. Ese que, quizá para entonces, ya habrá “visto cosas que [nosotros] no creeríamos, incluidos los Rayos-C brillando en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser y todos estos momentos que se perderán en el tiempo…como… lágrimas… en la lluvia.”*
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*I’ve seen things you people wouldn’t believe…I watched C-beams glitter in the dark near the Tannhäuser Gate. All these moments will be lost in time… like… tears… in rain.

Roy Batty, Blade Runner

Luisma, 30 de noviembre del 2009