Gandhi y la catedral (Historias de Pittsburgh)

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Cathedral of Learning, Pittsburgh

Pittsburgh es una ciudad singular. Por muchas razones, la mayoría históricas, esta ciudad en la que vivo es original y única. Pocas como ella, en este país, con tantas vicisitudes históricas. Aunque muchas veces haya oído referirse a ella como: la pequeña Nueva York. Posiblemente por el trazado urbanístico de su centro de negocios. Moderadamente grande, su área contiene dos o tres millones de habitantes; diseminados o, mas bien, desperdigados en una geografía montañosa aglutinada por tres ríos que, extrañamente, se juntan en el vértice del corazón urbano (Point Park). El mismo punto en el que, hace trescientos años, sus colonos fundadores establecieron un fuerte (Fort Pitt) que más tarde daría origen a la propia ciudad. Los tres ríos, Ohio, Mononghaela y Allegheny, llevan los nombres de tres tribus indias que se asentaban en estos territorios.

Pittsburgh es una ciudad venida a menos de su pasado esplendor. El resultado de este pasado de riqueza y polución por poco acaba con ella y se puede decir que el hundimiento de su industria, la producción de aceros, fue al mismo tiempo la salvación de una ciudad que resurge de sus cenizas, literalmente. Resurge, así mismo, de una pléyade de enfermedades y una monstruosa polución por gases y humos de carbón de sus altos hornos, hoy desaparecidos. Millones de emigrantes europeos dejaron su vida en la dureza de estos trabajos y aquella vida. También dejaron a sus descendientes en esta ciudad que no se parece en nada, por su limpieza y salubridad, a la que fue. Aún se pueden ver, en algunos viejos muros y piedras, las huellas de aquel pasado tenebroso y brillante. En cierta ocasión, una noche sorprendente, observé un espectáculo semejante a una pequeña aurora boreal. A la luz de la luna se podía ver el brillo tremendo, casi como si fuera luz de día, producido por los residuos de carbón en una enorme meseta de terreno echadizo, sobre la que se estaba construyendo un centro comercial. Al parecer, este brillo se podía observar desde los vuelos espaciales.

Pittsburgh es una ciudad que ha significado el carácter emprendedor y luchador del pueblo americano. Por el contrario a otras ciudades de la costa este, su cosmopolitismo era su propia composición étnica. Estaba a casi un día de tren desde la capital, Washington (D.C.) y los visitantes famosos de otros países, preferían subir por la amenidad de la costa hasta Filadelfia y Nueva York, evitando así acercarse a una ciudad conflictiva por lo sindical, sucia, proletaria y carente de los atractivos de las otras. Ni siquiera los grandes capitalistas vivian aquí, todos lo hacían en Nueva York, y aún sigue siendo así. Empero, Pittsburgh sigue siendo la ciudad, de este pais, con más millonarios por metro cuadrado. El único personaje que honró a esta clase trabajadora con su visita a principios del siglo XX fue Mahatma Gandhi, quizas haciendo honor a la inscripción “Give me your poor” (Dadme vuestra pobreza) que debió ver en la Estatua de la Libertad. Seguramente vendría buscando apoyo y dinero para su causa. Fue recibido, a bombo y platillo, en la estación del tren y una placa conmemorativa se puede ver, semiescondida, en un edificio ferroviario victoriano, y que ya no funciona como tal. Ahora es un restaurante y los trenes pasan cerca, pero ya no se detienen allí. Tampoco consta si recibió la ayuda que esperaba.

Pittsburgh es una ciudad que tiene su propia personalidad. Más que edificios singulares tiene tres ríos y 117 puentes, algunos de ellos impresionantes de belleza y de obra. El mismo número de puentes que de campos de golf se encuentran en su área. A pesar de todo, tiene algunos edificios magníficos : El U.S. Steel, que fue durante muchos años el rascacielos comercial mas alto del mundo. El conjunto constructivo del PPG Place, increíble festival de muros de cortina arquitectónicos, todo cristal y metal, que siempre me ha dado mucho juego fotográfico y del que te hablaré en otra ocasión; una obra maestra del postmodernismo (Philip Johnson y J. Burgee, 1984) cuya inspiración viene de otro edificio singular, en el centro del campus de la Universidad de Pittsburgh: una catedral.

Cathedral of Learning” (Catedral del Aprendizaje) es un rascacielos de inspiración gótica y un edificio en ningún modo religioso, a pesar de su nombre y su título. Todo el mundo lo conoce como la catedral y todo visitante se sorprende cuando entra en él. Su interior recuerda perfectamente una catedral gótica, eso si, sin ninguna imagineria, sin olor a incienso y sin el rumor de los rezos, aunque su propia arquitectura impone silencio. Una vez sobrepasada la altura de una catedral típica, todavía quedan unos cuantos pisos, más de treinta, que es como si la catedral soportara sobre sus “hombros” una de esas cargas que vemos en los grabados de los clásicos porteadores chinos. Todos esos pisos están ocupados por clases y despachos de la universidad. En un nivel intermedio se encuentran una serie de habitaciones únicas, clases diseñadas y decoradas al estilo de cada nacionalidad del mundo que las ha donado. Se usan como tales clases, normalmente para estudios relacionados con la nacionalidad dedicada.

En vano busqué una clase de España, ni siquiera de alguna herencia hispánica. Parece que a ningún gobierno español, desde 1937 que fuera inaugurado el edificio, le ha interesado patrocinar una de ellas. Lo cierto es que solo en los últimos años ha aumentado la presencia hispana en esta parte del país; en este histórico revuelto de nacionalidades nunca se incluyó la hispanidad. En esta catedral hay dos mil habitaciones y dos mil quinientas veintinueve ventanas, desde ninguna de ellas se ve España.

Otro día te contaré mas historias de Pittsburgh.

Luisma, 18 de Diciembre del 2009

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