Yearly Archives: 2010

El misterio del Monasterio


“ Pueden decir que soy un soñador, pero no soy el único”

Cuando no estoy jugando al fútbol, que son tres veces a la semana y ya empieza a ser más de la cuenta, me gusta correr al trote corto y marranero por las colinas de South Side Pittsburgh. Arriba y abajo, para mantener una condición fisica que me haga olvidar de todas las goteras que me acontecen, cada vez más frecuentes: estómago, presión arterial, próstata, musculares, y últimamente hasta la visión me da la taba; como dicen, o decían, en mi pueblo.

El caso es que tengo un recorrido, con algunas variantes, más o menos fijo y que aúna el ejercicio con las vistas pintorescas de la ciudad desde lo alto. No solo son calles en subida, también hay multitud de escaleras para salvar los grandes desniveles cuyos rellanos aprovecho, a veces, para recuperar el resuello, cuando se tercia. El final, o la mitad de este envite, antes de “destrotar” hacia abajo, es en la explanada de un monasterio emplazado allá en lo alto.

El sitio, St.Paul of the Cross, es un monasterio “moderno”; por comparación a nuestros viejos monasterios románicos, que son la idea evocativa de la palabra monasterio para un europeo. Ciento cuarenta años de vejez, relativa, en su iglesia de estilo inglés, basto, de dudoso gusto y, a día de hoy, nulo interés artístico. Un templo con su casa de retiro adosada que data de los años veinte del siglo pasado. Regentado por los Pasionistas, es tope cimero de una de las alargadas colinas que dominan el centro de Pittsburgh. Un paisaje estremecedor en día de tormenta o nevada, imagino.

Se llega hasta sus puertas a través de una complicada madeja de calles estrechas y empinadas. Un barrio nada medieval pues cada casa tiene su propio jardín, abierto, sin vallas, puro estilo americano. Jardines, en muchos casos, inverosímilmente colgados o sostenidos por entramados de madera. El monasterio esta rodeado de tapias de piedra y muros de ladrillo rojo. Al alcance, en uno de los laterales, hay un esbozo de mini-claustro, abierto a extramuros, un poco italianizante, oculto y escondido en un rincón, parece el decorado de una pelicula en la oscuridad, sin los focos. Porque solo voy a ese lugar por la noche, que es cuando corro. Nunca he estado en el sitio a la luz del día.

Una de esas noches, hace ya un par de años, pasadas las doce, estaba descansando de la mitad de mi carrera, en las sombras del claustro, y ví llegar dos vehículos que, rápidamente, se introdujeron tapias adentro del monasterio. Con esa velocidad y decisión producidas por la curiosidad, me encaramé a la tapia. Eran dos SUV negros de lunas teñidas y de uno de ellos salió apresuradamente, para perderse puertas adentro, una figura menuda de mujer, toda de negro y con grandes gafas oscuras. Los dos coches arrancaron y salieron velozmente, perdiéndose en la noche.

Esta misma escena la ví, siempre en horas nocturnas, varias veces en diferentes épocas del año. Picado por la curiosidad, abordé al único personaje que conocía en ese lugar solitario; una suerte de mandadera conventual, mexicana, que a menudo veía haciendo labores de limpieza en las escalinatas de la iglesia. La cosa del idioma facilitó la apertura confidencial. Aunque ella no sabía mucho de la historia y tampoco ninguno de los nombres…Ah! Se refiere a la señora que visita al señor extranjero impedido. El no puede hablar, ni moverse, pero sonrie siempre y escucha música contínuamente…ella es japonesa, sabe usted?

A partir de aquel día, miraba siempre la luz de la habitación encendida, allí arriba, en la que se me antojaba vivía (!?) el personaje en cuestión. Nunca pude saber nada de aquel misterio del monasterio. No he vuelto a ver los coches negros, ni la luz en aquella esquina, ni a la mexicana….Y aún recuerdo, como si fuera hoy, las notas y la canción que sonaban el último día que la ventana estaba abierta y el viento era favorable:

Imagine there’s no heaven, it’s easy if you try
No hell below us, above us only sky…
Imagine there’s no countries, it isn’t hard to do
Nothing to kill or die for, and no religion too…
You may say I’m a dreamer, but I’m not the only one… …

Luisma, 8 de Diciembre del 2010 ( Treinta años después…)

Requiem por Gettysburg

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Yo hubiera hecho esta foto. Gettysburg, 1863

Heinz Hall es lo menos parecido a un campo que imaginarse pueda, de hecho es una sala de conciertos. La sede de la Sinfónica de Pittsburgh. Esta noche, un sábado a primeros de Diciembre del 2010, la imaginación en Heinz Hall me jugó una pasada. El poder evocador de la música me transportó unos años atrás, primero, y muchos años más atrás, después. Todo ello dentro del espacio y tiempo de un concierto.

Era una misa, una misa cantada. El Requiem de Verdi, con toda su bombástica orquestación, más propia de una ópera que de una celebración religiosa. Verdi, un agnóstico total, componiendo música sacra. O precisamente por ello, igualmente maravillosa. Por supuesto, la Iglesia desaprobó y criticó, en su momento, faltaría más! El público lo acogió entusiásticamente y aún lo sigue haciendo. Y en esas estaba cuando el Requiem, su música, sus extraordinarios silencios y sus pasajes sotto voce me llevaron al recuerdo de un campo, un campo de batalla, aqui, en Pennsylvania. Era Gettysburg, la batalla que decidió la Guerra Civil americana. La música de Verdi tuvo el poder de hacerme rememorar aquella visita inopinada, hace pocos años, propiciada por mi típica atracción por los letreros de carretera.

Ya, al abandonar la autopista empecé a sentir algo especial, atravesando aquellos campos: silencio. Un silencio grande, enorme, ominoso; cargado de ruidos de batalla, disparos de mosquetón y explosiones de artilleria, que sonaban solo en mi cabeza. A mi alrededor, vacio, ni pajaros, ni viento. Estaba sólo; solitario en el sitio donde, hace casi siglo y medio, se libró una de las batallas mas famosas de la historia y, seguramente, la más célebre de este pais.

Los acompasados golpes de timbal del Requiem me traían los números y las cifras de aquellos tres dias. En aquel campo de batalla, más de 90.000 soldados del Norte chocaron con unos 70.000 del Sur. Resultado: aproximádamente, el mismo número de muertos, bajas, heridos, desaparecidos y capturados o prisioneros, por ambos bandos. Total: unos 23.000 por cada lado. Siete mil ochocientos muertos y veintisiete mil heridos. Cincuenta mil bajas entre ambos ejércitos. No era de extrañar aquel tremendo silencio.

Dies irae, dies illa…El dia de la ira, ese dia…el mundo se reducirá a cenizas. Tantos muertos en tres dias! Confutatis maledictis, flammis acribus addictis…Cuando los condenados sean confundidos y arrojados a las cicatrizantes llamas…No puedo ni imaginar esos miles de muertos y lo que debió ser aquel olor. Ese no sería hedor fácil de retirar. In die illa tremenda, requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis…Descanso eterno y luz perpetua. Verdi consiguió sacar a la luz y a la belleza los dos temas: miedo y esperanza. Iguales para norteños o sureños…iguales para creyentes o agnósticos.

He estado en muchos campos de batalla de diferentes guerras, de diferentes siglos o épocas de la humanidad. Siempre ese silencio. En los campos de La Marne, tan cerca de Paris, casi podía escuchar el ruido de los taxis de la ciudad, más de 600, requisados para transportar soldados a la batalla. Ir a la guerra en taxi…Ah! Muy francés! Y, alrededor de medio millón de bajas por cada lado. Mortandad sin cuento, no se sabe exactamente. Y repetir la batalla solo tres años después. Terrible estupidez. Se me hace dificil pensar en una música para describir algo así.

Hace dos décadas, en un viaje a Africa, pude sentir casi la misma impresión que en Gettysburg. Fue en Túnez, en una mañana extrañamente fría. Las llanuras de Zama, en silencio, sin pájaros, sin viento, me llenaron la imaginación de gritos cartagineses y romanos. Esta vez los timbales del Requiem estaban en la batalla, a lomos de elefantes. Y la música era otra, de diferente época, de una batalla más reciente y con otra clase de elefantes y caballería. Los tanques de Patton y Rommel peleaban en el mismo lugar que las huestes de Escipión y Aníbal. Tan solo dos mil años después, y los mismos muertos.

Decidídamente, no aprenderemos nunca. Ciclos, ciclos! Siempre la misma historia y los mismos muertos. Ni una batalla más en Gettysburg, ni en La Marne, ni en Zama! Que el Requiem se eleve siempre en celebración de la vida, de la estética y de un mundo nuevo. Mucho más nuevo que este. Sin miedo y con esperanza. Viva Verdi!

Luisma, 4 de Diciembre del 2010

La Ene

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Retrato de le Ene, la mirada que nunca cambió.

Algunas noches son como esta. No es la primera vez, ni será la última. Seguiré pensando en ti, como casi todos los dias. Todos sería mucho pedir, espero que lo entiendas. Eres parte, una gran parte, de mi vida y por eso te escribo y te pienso. Escribirte es pasar el rato contigo, acordarme de ti, soñar que estás alegre como yo y que lo estarás, algún día, cuando estés leyendo, o releyendo esto. Cuando leas que nunca te olvido, que mi pensamiento siempre te tiene presente.

Y casi siempre es en la noche, sin más interferencias que mi ruido cerebral; y el añadido de alguna sirena de bomberos o policía; a mayores (salmantinismo) de los ruidos, como arañazos, de las ardillas en el desván (ya sabes, nuestro amigo Cabezón, que me manda saludarte). El día que naciste, un día como hoy, empezaste a ser una gran parte de mi mismo, algo así como mi otro yo, o como mi otra yo. Mi parte femenina, la que me falta y nunca conseguí tener con las otras mujeres de mi vida.

Y sin pretenderlo, sin estar avisado; de la misma forma que otras ignorancias se han cubierto, o descubierto, viviendo de las vivencias y no de las enseñanzas. Enseñanzas otras, conocimiento, el darte cuenta, apercibimiento de tantas cosas que nunca tuve y que ahora, en estas instancias vitales, parecería que vienen solas. Con esa forma de venir tan natural, y tan fácil de entender a estas alturas de mi vida.

Echo de menos el tiempo que no pasé contigo, el de haberte transmitido tantas ideas, el de haberte visto crecer, como te ví en los primeros diez años. Te echo de menos esta noche como tantas, tantísimas otras. Me faltaría el poder volver atrás, a otras noches. Las de contarte el cuento de Caperucita Comunista, las de cuidarte los ojos a la funerala por la caída en las escaleras del cine Gran Vía. Y las mañanas también, aquellas de llevarte al colegio, o las de venir conmigo los domingos a “ hacer fotos”…y esas otras miles de cosas, que ya nunca volveremos a hacer juntos. Haremos otras, pero me temo que no serán tan placenteras como aquellas.

Algunas noches son como esta. Muchas. Puedo pasar la noche llorando tinta como un calamar; a modo de autodefensa, claro. Pero esto no va a cambiar lo mucho que te echo de menos, y que reverdece cada vez que te veo. Menos de lo que quisiera. Han pasado más de veinte años desde que empecé a echarte en falta y aún no me he acostumbrado a no estar contigo. Nunca me acostumbraré.

Por eso, y por muchas otras cosas, algunas noches son como esta…

Luisma, escrito el 4 de Abril del 2010

Zane Grey

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Vista aérea del puente de Zanesville, en una vieja postal.

Que estoy haciendo en el coche, corriendo por una carretera americana? Árboles, nombres, signos…ráfagas que huyen. Por seguir cosas del pasado, situaciones periclitadas, lecturas terminadas. Evocaciones de los sueños que eran de otras personas y aún están en mi recuerdo. El sentido y el pulso de cosas que vuelven, revividas por un nombre, o la presencia geográfica de una conexión encontrada al azar.

Para mi, hay dos maneras de viajar. Una es hacerlo en avión, que va rápido y el pensamiento con él, también. Punto A. a punto B., sin casi reflexión de lo que pueda haber entre ellos, aparte del aire. Otra manera es la carretera, el coche, las horas muertas y la ensimismación. El pensar y revolver el entresijo mental, por un tiempo en el que no hay otra cosa que hacer. La mecánica de la conducción procura esas situaciones.

Espacios para pensar…y estas carreteras llenas de carteles, generalmente verdes y blancos, y nombres del más variado cuño. Cada nombre en un cartel tiene un tiempo, desde que se avista hasta que se pasa y su recuerdo se apaga. Ese es el tiempo con que dicho nombre cuenta para avivar el sentido de la conexión mental que nos produce. Si el recuerdo queda o no, depende solo de la fuerza o el tirón de dicho recuerdo.

Viajar por el estado de Ohio, en principio, no presenta muchas posibilidades que puedan establecer o retrotraer un recuerdo. O eso es lo que uno piensa…error! La liebre puede saltar en cualquier momento. Zanesville, 5 Millas , ese es el tiempo que tienes para examinar los recuerdos que te traen los signos. Hacía muchos años que no recordaba ese nombre y nunca hubiera pensado que fuera el mismo. Zanesville, lugar de nacimiento de Zane Grey, el escritor favorito de mi padre, en cuestión de novelas del Oeste americano. Escritor prolífico y cuyas novelas podía recordar físicamente, con su diseño grafico de portada de anchas bandas y color rojo sangre a medio coagular.

Cinco millas para recordar aquellas novelas que siempre estaban en su mesilla de noche y que yo también leía, a veces, pues la oferta de lecturas no era muy grande en aquellos tiempos. Novelas románticas y cortadas, casi siempre, por el mismo patrón. Intente leer, días después, una de ellas por aquello del recuerdo. Se me “cayó” del interés muy rápidamente, a pesar de unas buenas descripciones de los paisajes del Pennsylvania, que fue por un tiempo la frontera, el Oeste. No la pudo salvar ni el hecho de leerla en su idioma original.

En Zanesville paré a la vuelta de aquel viaje porque, en el ínterin, encontré que tenía un museo dedicado al personaje y pude constatar que el escritor y su vida eran mucho más interesantes que sus novelas. El lugar es un sitio como otro cualquiera; paisaje agradable de media montaña y solo algo especial que me llamó la atención: un puente (siempre me atraen los puentes). Un puente verdaderamente único, en planta de Y griega, la letra que ahora pretende la Academia que llamemos “ye”.

Me sorprendió que al pedir direcciones me dijeran: a la mitad del puente tuerza a la derecha (!?). Creí que no había entendido bien, hasta que llegué a la disyuntiva, dos ramales, con semáforos incluidos! Más tarde, averiguando por curiosidad sobre dicho puente, leí que era considerado históricamente un punto de guía, en los primeros tiempos de la aviación. Amelia Earhart decía que ver el puente de Zanesville era saber que estaba en Ohio y cuanto le quedaba para ganar la costa Este.

Algún día escribiré más sobre Zane Grey, el personaje. Hoy cumplió el objetivo de traerme el recuerdo de mi padre y el pensamiento de que, decididamente, le hubiera encantado este país.

Luisma, 1 de Noviembre del 2010

“Ir al cine”

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“Las Fallas de Pittsburgh” (Cines Loews en South Side)

América es el cine y el cine es América. En todos los sentidos. Cuando me preguntan cual es la mejor aportación de los USA a la cultura moderna, siempre contesto de la misma forma: Marilyn Monroe y Reese’s Peanut Butter Cups. Es y no es una broma; en este tono se esconde una verdad seria e innegable. El Cine y los dulces ricos (“rich”), llenos de grasas y, por tanto, deliciosos y potentemente sabrosos.

El Cine, las películas, la televisión…es un invento americano; se pongan como se pongan las franceses, con sus Lumieres, Melies y sus Truffauts. El negocio del cine fue creado en América, ellos son los que diseñaron como tenía que ser, su composición, su técnica y aparato logístico. La estética de la imagen en movimiento responde, en todas partes del mundo, al modelo americano. Una parte muy importante de la colonización del Imperio actual se ha gestado y producido a través de la imagen cinematográfica. Y si no fuéramos conscientes de ello, bastaría con preguntar a los que hemos vivido unos años en este país, y nos daríamos cuenta de cuan grande es la influencia, el bombardeo de imágenes, y la introducción de costumbres por mediación de ellas.

La distancia entre los continentes y la separación cultural, hoy día, no es tan grande como lo era en tiempos. El charco lo llamamos nosotros, el estanque lo llaman los americanos. Contínuamente, desde mi torre de marfil a este lado del océano, observo los cambios y “mejoras” en la americanización tremenda que, hace ya décadas, invade España y Europa. Todos ellos tienen que ver, o están conducidos a través de la imagen cinematográfica, o televisiva. Son el ariete máximo de la nueva colonización, esta vez en sentido contrario. Europa podía llegar a ser llamada: “Washingtonia”; cosas mas raras se han visto!

Hacía “un rato” que no iba al cine, el de la sala a oscuras y las palomitas de maíz, y me quedé contemplando la parafernalia Disney que dominaba la entrada a las salas de proyección; aquello me recordó los diseños, listos para arder en llamas de las Fallas de Valencia. Antes de que a alguien se le ocurriera quemarlos, que yo tentaciones tuve, no me quedó más remedio que hacer una foto, para mi colección de americanadas. Al fin y al cabo, eso es lo que son la mayoría de las cosas que imitamos.

El caso es que “ir al cine” ha sido sustituido casi totalmente por “ver la televisión”, y ahora, “mirar el teléfono”. Cada vez peor para un “cegastro” (salmantinismo, por cegato) como yo. Esta barahúnda ha aumentado las horas de dependencia de la imagen, hasta extremos nunca vislumbrados cuando todo esto empezó. Es el movimiento más repetido de nuestra vida moderna: arrellanarse (otro salmantinismo) en el sofá y pinchar el control remoto, como si fuera lanzar el ancla. Y bien sujetos que nos tiene!

Los más aviesos insisten en llamar modernización a la americanización. Craso error, que propicia la pereza y la galbana intelectual. Una vez más el inveterado…“que inventen ellos”…y a pagar por todo. Y muy caro, la verdad. Sin embargo, en cuestión de imagen, por más que intentemos cambiar las reglas, lo hacen mucho mejor que nosotros, y que el resto. Así que seguiremos copiándolo todo, o casi todo, y casi siempre para peor.

Y de la dependencia que hemos llegado a tener del cine y de la “tele”, haced una prueba solo para comprobar la sensación de vacío y ansiedad de su falta. Sufrid un apagón de más de siete horas (una furiosa tormenta hace poco me lo procuró) y veréis como es lo de echar de menos la imagen y lo de volver a leer a la luz de las velas y las linternas. La única cosa que no cambia en esta situación es lo ricos que están los Peanut Butter Cups (chocolate relleno de manteca de cacahuete), y esos,—uf!— también los inventaron ellos. Ay! Señor…que cruz!

Luisma, 20 de Octubre del 2010

Retales de verano

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“Con diez cañones por banda…”

Hay algunas cosas que no se mueven, casi nunca, a lo largo de toda una vida. Son fijaciones, costumbres, pruritos, colletillas, maneras, dichos personales repetidos, una y mil veces, hasta la saciedad. Cosas de Luisma, que le dicen en mi caso, y que son celebradas o denostadas según la apreciación que de cada uno tenga el personal.

Cada vez que pienso en un poema, en poesía o algo relacionado con ella, lo primero que me viene a la mente es recitar, a veces en alta voz, la Canción del Pirata de Espronceda: “Con diez cañones por banda…” y declamar llegando hasta el nombre Estambul, donde me detengo en seco. Extraña costumbre para alguien que escribe poesía, admira a Salinas por encima de Lorca, y lo único que se reconoce a si mismo es una gran vena romántica.

A la hora de beber y como no me muero ni por los licores, ni por el vino, ni por la cerveza, a no ser que sean muy, muy buenos…la única palabra que va a salir de mí, son dos: Coca-Cola. Soy un cocacolómano declarado, variedad de dieta y sin cafeína. Los años no perdonan y los médicos tampoco. Desde siempre, en mi recuerdo, al reclamo de —que quieres beber?— Solo hay una respuesta y aunque considere beber otra cosa, siempre acabo pidiendo lo mismo. Hay quien dice que mi movida diagonal, de alfil, a este país fue para estar mas cerca de las fuentes de la Coca-Cola.

Si estuviera a punto de morir y se me garantizara un último deseo, o una última cena, el menú estaría más que claro, para mí, sin dudarlo: arroz blanco con tomate y huevos fritos; desde hace veinte años he añadido las “hash browns”, unas populares patatas fritas americanas. Esa sería mi postrera petición y “con eso y un bizcocho, hasta mañana a las ocho”. Es mi comida confortable, la única que jamás ha hecho daño a mi siniestro estómago; fácil de pedir y hacer en cualquier idioma y muy agradecida.

“No somos nadie, y algunos menos que nadie.” Yo, desde luego no soy nadie sin mi siesta de Don Z., es decir, no menos de veinte minutos, ni más de treinta, sentado o mejor reclinado en el sofá y con el estómago cubierto. Sin ese amago de ella, luego “a la noche” (un salmantinismo) no sería capaz de dedicar, como siempre, unas horas a la lectura. Terminaré acostumbrándome a leer en el ordenador? Tendría que ser a punta de pistola. Y lo de anotar en los márgenes, qué?!

Otro punto es el fútbol y no solo el verlo, también el jugarlo. No sé lo que sería de mi sin poder ver fútbol y su ambiente, aunque solo sea por la televisión. Es la parte más grande de mi relajamiento y descanso semanal. Tampoco quiero pensar que vaya a pasar cuando ya no pueda jugar, como ahora, tres veces a la semana. A pesar de los múltiples dolores del día siguiente, es el ejercicio físico que me mantiene, más o menos, en forma. Moriré con las botas puestas, espero.

No voy a caer en la tentación grandilocuente de dictar, aquí, un epitafio; entre otras cosas porque espero no tener nunca una tumba a mi nombre. Que me quemen como a una falla valenciana, que es la mejor y más rápida manera de ser olvidado; cenizas al viento y a otra cosa, mariposa. Para los amantes de vidas después de la vida, eternidades y esas cosas: con su pan se lo coman. Solo se me ocurre decirles: “Ay! que risa, Tía Marisa”…

Dejaos en paz de chorradas, después de este calor viene el frío y después de la tierra…la nada, el polvo, mientras no me demuestren lo contrario. Lo dicho: No somos nadie… Ah! Y que te recuerden, incluso en vida, no sirve de nada, tampoco. “El muerto al hoyo, y el vivo al bollo”…—Luisma! La cena se te va a quedar fría!—

Luisma, 30 de Setiembre del 2010.

El Zoo

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Vosotros…nuestros dioses?…Nooooo!!!

El móvil estaba “descansando” en el fondo del estanque de las tortugas. Abierto y en posición, como si a alguien se le hubiera caído mientras hablaba; aunque me gustaría más pensar que alguno, o alguna, lo hubiera tirado al agua en un momento de ofuscación, después de una de esas conversaciones insulsas que se acostumbran. A lo mejor sonó demasiado. Y supongo que, visitando un zoo, como en tantas situaciones diarias, lo que menos necesitas es hablar por teléfono.

Ni por un momento se me ha ocurrido pensar que las tortugas, también ellas, tengan teléfono. Después de todo, los animales se han lanzado últimamente a la modernidad. Hasta un pulpo se ha hecho famoso…acertando resultados futbolísticos. Porqué no iba a poder comunicarse con sus agentes y avisados representantes? Cosas más raras se han visto.

Hacía ya bastante tiempo que no giraba una visita al zoo de Washington D.C., el Zoo Nacional, dependiente del grupo de los Smithsonian. Al igual que el “Air and Space” y el “Museo Rojo” (el original Smithsonian), el zoo me produjo una sensación de antigualla y decaimiento, que no había sentido en ocasiones anteriores. Algo así como si se hubieran quedado estancados en el tiempo de una museística deslustrada y polvorienta. El imperio se desconcha y las primeras cosas que pierden la cara son las ofertas culturales.

Desde mi punto de vista un zoo, independientemente del concepto de cautividad y vida en ese estado, debe tener una serie de animales al alcance del visitante, suficiente para que la exhibición pueda disfrutar, incluso, de dicho nombre. Era tristísimo, por ejemplo, ver la zona, abierta y enorme, dedicada a los tigres de Bengala. Por todo haber, un solo tigre de aspecto enfermizo y cansado (la excusa del calor ambiente no me acaba de convencer); asediado a silbidos y palmas por la clientela, que a juzgar por los comentarios esperaba más una situación circense que aquella vagancia sin apenas movimiento.

Jaulas y cajas desportilladas y con reparaciones evidentes, redes y vallas remendadas, pasarelas de metal sueltas y deslucidas. Animales, pocos y con el aspecto de ser ellos quienes eran entretenidos por la masa de público gesticulante. Impertérritos ellos, los bichos, podía “leerles el pensamiento” —que hacen estos idiotas? Más les valía estar a cubierto, con esta solanera, y dejar de darnos la lata!—

No soy zoólogo, ni un especialista en animales, excepto en racionales…a los que entiendo bastante bien, sobre todo a la “subespecie americana”. A pesar de ello, me pareció que los animales exhibidos eran viejos, en general, y en no muy buena conservación. Asi que lo más interesante de la visita, fue el disfrutar de las duchas de agua vaporizada y fresquita—buena idea—, porque el zoo es maratoniano y con “la calor” se agradecían las sucesivas pasadas por las duchas. Cien niños y yo las usamos.

El visitar un zoo siempre me produce el mismo tipo de reflexión, enfermiza. Una y otra vez pienso: y si fuéramos nosotros los animales de un zoológico interplanetario, en una especie de exhibición museística de súper avanzado diseño. Podríamos ser el entretenimiento de una especie de “dioses” (!?), que quiero suponer mucho más evolucionados que nosotros.

Ah! Y espero que ellos sean un poco menos indolentes con “sus animales”, por la cuenta que nos tiene. Nuestra proverbial incuria en estos asuntos, podría reflejarse en la forma de actuar de nuestros “dioses”, en cuyo caso, como diría un castellano viejo: estaríamos apañados. Que yo no lo vea y el que venga detrás, que arree!

Luisma, 11 de Septiembre del 2010 (vaya día!)

El viejo Nuevo Mundo

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El puente “Andy Warhol”, al fondo su “hermano” el “Roberto Clemente”, en Pittsburgh. Foto de Andrew Hickey en The Brooklyn Nomad.

El Nuevo Mundo se está haciendo viejo. Aúnque el paisaje, salvo deshonrosas excepciones, sigue tan nuevecito, tan como salido de la tienda. Vieja manera de decirlo, esta, que no puedo recordar de donde me viene. Cada vez los recuerdos se mezclan más con las fantasias y uno acaba no sabiendo a que carta quedarse.

El caso es que, contrariamente a lo sucedido en la vieja Europa y otras partes del mundo, aquí no ha habido miles de años de contínuas guerras, con sus inevitables destrucciones, saqueos, incendios, aterrazamientos, desaparición de bosques, cambios de clima por culpa de todas estas cosas y demás…ya se cuidan ellos, los americanos, desde tiempo ha, de emplazar sus guerras lo mas lejos posible de sus territorios.

Sin embargo, y a pesar de todo, el país se esta haciendo viejo como si tuviera fecha de caducidad; como si los materiales modernos no tuvieran el aguante de las viejas piedras. Por ello, a mi siempre me ha dado la impresión de ser, este, los USA, un país con un cierto halo de provisionalidad. Será mi visión europea, ideas preconcebidas sobre lo clásico y duradero, la piedra, la argamasa, los castillos, los puentes romanos y las carreteras sin cemento.

Ayer estaba haciendo carreras y ejercicios por las colinas de South Side y Mt.Washington y me saltaba a los ojos, y a los pies, el deterioro y descarnamiento de los firmes en las calles y las escaleras de comunicacion entre ellas. En algunos casos, hasta peligrosos agujeros al vacío y daños estructurales en puentes, pasos elevados y calles. En mi colección de americanadas tengo tres enormes antiguos tornillos “sobrantes” de la “reparacion” de un celebrado puente de Pittsburgh, simplemente recogidos del suelo. Dejadez.

Todo ello sin contar la impresión que produce la construcción de madera, sin casi estructura metálica y hecha a gran velocidad. Sensación esta que acentúa el carácter de “provisionalidad”. Un día ves una casa y al siguiente puede haber desaparecido bajo la piqueta y, nunca mejor dicho, en menos que canta un gallo. Y lo opuesto, casi lo mismo, de la noche a la mañana se levanta el tinglado, en madera, de una casa y se hace habitable en un suspiro.

Inevitable la idea que da ello de no reconocer determinadas calles, o barrios, de estas ciudades y en tiempos relativamente cortos.Y más si son sitios que no has visitado en algún tiempo.Todo esto me viene a cuenta de esa moda que veo en España de “producir”, via ordenador, pequeños documentales, generalmente usando fotografías “antiguas”, mostrando los cambios de las ciudades en períodos de cincuenta, sesenta años. Aquí he visto desaparecer, o cambiar esencialmente, barrios enteros en menos de un año.

Otro ritmo de vida, otro concepto de habitabilidad. Viví una década de mi existencia en Houston (Texas) y cuando volví, años más tarde, tuve problemas para reconocer partes de la ciudad. Por eso, quizás, me emperro en vivir en ciudades “viejas”, Pittsburgh, y visitar siempre las “viejas” Chicago, Nueva York, o Washington, que cambian menos en sus centros ciudadanos. Las comillas son inevitables para alguien que viene de la milenaria Salamanca, donde uno nació y le fue dado el esperar que las cosas, y las casas, cambiaran lo menos posible. A lo mejor por eso salí corriendo de allí a la mínima ocasión que tuve.

Y aquí sigo en esta ciudad vieja nueva, del viejo Nuevo Mundo, que se va haciendo más y más vieja a marchas forzadas. Para cuando Pittsburgh sea milenaria (si llega a serlo, que no lo tengo claro) me gustaría saber que habría sido de Salamanca (si llega, que tampoco lo tengo claro). Si el Nuevo Mundo se está haciendo viejo, que pasará con el Viejo Mundo? Me temo que los americanos van a tener que “saltarse” una guerra y dedicar esos presupuestos al remoze de su propio país, antes de que se les caiga a pedazos.

Luisma, 15 de Agosto del 2010

Yo Escribo Cartas y No Tengo Movil

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Esta es mi idea de “colgar” el móvil.

Llevo muchos años escribiendo y hoy, pensándolo detenidamente, me he dado cuenta de que lo que yo hago es escribir cartas. Al más puro estilo clásico y epistolar, valga la redundancia. Así de simple, aunque no sea tan sencillo explicar a quién se las escribo, o se las dirijo. Las tiro al buzón del aire, del agua, o del éter…que tampoco está muy claro a donde van a parar. Una vez que salen de la pluma y pasan al ordenador y la “red” (web), uno pierde el control de quién las lee y que piensan de ellas.

Y no es que me importe esto, ya que desde el principio decidí no aceptar comentarios al estilo “blog”. A pesar de lo cual, algunos allegados, amigos, o circunstantes, se empeñan en mandarme mensajes relativos a mis escritos. Vale, pero que no proliferen; conozco a “blogers” habituales que despilfarran su vida contestando contínuamente, y sin cesar, a comentarios sobre sus escritos. Como todo en este mundo actual se exagera la medida de la actividad, para bien y para mal, y hay demasiada metralla en este invento del Internet. Son tropezientos los que no tienen nada interesante que decir y se empeñan en colocarnos sus peñazos, a veces pestiños, grasientos y pegajosos, que no hay como quitarse de encima. Muchas veces sin gracia, o con la gracia donde las avispas pierden su honesto nombre.

Con la blogosfera del Internet ha pasado como con los teléfonos móviles, uso indiscriminado, innecesario y hasta absurdo. La gente mantiene conversaciones interminables, preñadas de lugares comunes y repeticiones sin cuento, y la mayoría de las veces sin fundamento y sin nada que decir. Naderías elevadas a la enésima potencia. Conversaciones eternas derivadas hacia ominosos silencios que agotan cualquier posibilidad de comunicación; los interlocutores ya se han dicho lo poco que tenían que decirse y, al no ser nada diferente de la conversación anterior, todo se diluye hasta la consunción.

Algo que he podido comprobar escuchando, a mi pesar, conversaciones entre orgullosos propietarios de sofisticados teléfonos móviles que no se cortan lo mas minimo en “conversar” en público, generalmente en alta voz,. Siempre lo he dicho: por mucho aparato sofisticado que se tenga, si no hay nada que decir, sobra tanta llamadita y tanta técnica. Por cierto, sinónimos aplicables a los teléfonos actuales: ostentosos, refinados, complejos, incluso ampulosos…Parafraseando a la ínclita de Avila: Vivo sin vivir en mi y tan alta llamada espero, que muero por que no…tengo un teléfono celular.

A ver cuanto tiempo puedo aguantar sin cargar con uno de ellos! Cientos de veces ya, he tenido que escuchar esta admonición: que no tienes teléfono móvil! Como puedes? Sé que es una batalla perdida, pero, aguanto como gato panza arriba, o como Custer en Little Big Horn, bandera en alto y hasta el postrer suspiro. A la fuerza ahorcan! En el último embate estoy pensando, muy seriamente, en comprarme “il telefonino”( el sarcasmo de los italianos es magnifico) para observar en su pantallita quién me llama y darme el gustazo de no contestar a las llamadas.

Cosa que por otro lado, ya hace tiempo que hago con el teléfono fijo de casa. Lo digo en el mensaje grabado: has llamado al número tal y tal, deja tu mensaje, no tengas miedo, solo es una máquina…A veces lo contesto evitando que se grabe y fingiendo mi propia voz, y hasta me permito colgarles en las narices, evitando “conversaciones” indeseadas.

Lo dicho, que si es por control…que les den, y si es por aburrimiento…que aburran a sus cabras: que uno esta muy ocupado viviendo, lo que hay y lo que le quede, y no gusta perder el tiempo en habladurias e idioteces. Ah! Y que viva la técnica y los adelantos modernos! Lo cortés no quita lo valiente…y a los telefonitos que los embreen y los emplumen, o que los “cuelguen” (de una soga), que vaya peste!

Luisma, 4 de Agosto del 2010 (Año Triunfal, futbolísticamente hablando)

100 años y Precio Fijo

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Quién teme el paso de los años?

Rebuscar, verbo muy expresivo en idioma salmantino, significa algo más, en mi pueblo, que el mero hecho de buscar doblemente o poner mayor atención en la búsqueda. Rebuscar, allí, significa más que nada buscar sin una meta fija, sin un objetivo determinado. Es buscar por buscar, por el placer de enredar y encontrar cosas inesperadas. Se puede rebuscar de muchas maneras, y en muchas situaciones.

Y ahí andaba yo, rebuscando (gerundio delicioso) en una caja de papeles viejos, fotografías añosas y puñeterías variadas. Al pronto, me saltó a los ojos una imágen vieja, pero al mismo tiempo fresca y atractiva. Una foto, en buen estado de conservación, pese a ser centenaria. Me quedé contemplándola un rato largo, ensimismado, pensando en aquellas gentes de hace cien años y en aquellos tiempos de principio del siglo XX, mi siglo; solo si duro algunos años más, otra década, o así, podré decir que fuí a caballo entre dos siglos. Tiempos, que en muy pocos años de esa imágen, iban a cambiar tantas cosas de este planeta, y tan rápidamente.

Ah! La foto…alrededor de 1910, Burgo de Osma, Soria, España. La tienda de telas, ferretería y productos varios de mi abuelo Z. La foto no tiene desperdicio, refleja perfectamente lo que eran aquellos años en un pueblo de Castilla, pueblo grandón pero de una provincia claramente desfavorecida. A pesar de ello, todos impecablemente vestidos; quiero pensar que la orden de venir trajeados fuera dada el día anterior por el menudo señor, de grandes bigotes y mirada perdida, en el centro de la escena y fuera del mostrador, como para distinguirse de los empleados.

Mi abuelo: todo un personaje al que llegué a conocer bastante en mi juventud y sus últimos años. “Mañana, todo el mundo de corbata, sin falta, que viene el fotógrafo!” Imagino los cuidados y la diligencia de la caterva de dependientes y aprendices a sueldo fijo, tan fijo como el precio anunciado sobre la puerta interior y repetido en la jácena principal del local. No sé, ni puedo saber, si este era el mismo sitio que yo conocí muchos años más tarde, ya con las paredes forradas de madera, y donde seguramente se forjó la vida de mi padre, como comerciante y como persona con un increíble don de gentes (algo que los modernos políticos están perdiendo); una vez que, jovencísimo, terminó su periplo en la Guerra Civil española. El mismo sitio por donde yo correteaba de niño, buscando y rebuscando…un perfecto trotamundos, ahí empezó mi carrera, mi huida hacia adelante.

Los personajes, todo ellos nacidos en el siglo XIX, a excepción de la niña de blanco que acompaña a las dos señoras (la de la derecha, quizás, mi abuela L.) componen un grupo que, no por menos en pose, parece más natural; en tiempos en que la fotografía resultaba todavía un acontecimiento. ¿Qué hubieran pensado todos los de la foto de la posibilidad de llevar un teléfono en el bolsillo, y más…que ese teléfono fuera también una minúscula cámara fotográfica? Como se reirán de mi y mis cuidados, si leen esto, los de dentro de cien años? Seguramente, igual que nos reímos nosotros de los coches de aquella época todavía decimonónica y de las primeras películas del cine!

Lástima que la tecnología actual no nos permita ver una “película” de aquella tarde en la tienda del Burgo. Seguro que los del año 2100 serán capaces de “verme” en el acto de escribir esto. Lo que no creo que puedan saber es la envidia y el ansia de vivir esos tiempos suyos; mi imaginación, con ser grande, no puede llegar hasta ese futuro…quién lo pillara! Después de todo, no pido tanto, solo 100 años más! Que sería si pidiese 500 años, a la descubierta de un auténtico Ultra Nuevo Mundo?

Esa huida hacia adelante sería objeto de un precio fijo, seguro. Por ello, pagaría el precio que fuese. Lo que no está en los escritos. Lo que la imaginación de Su Señoría guste mandar…Vellocinos de Oro u otras adoraciones, o.k… Esclavitud, vale, de ella ya tengo ahora (no seria una novedad) y en raciones consuetudinarias…Empleo de conejillo de indias eterno para testar drogas desconocidas, pues claro…Cualquier cosa, todo con tal de asistir a un futuro que ya se me escapa de las manos cada día, con cada achaque.

Luisma, 25 de Julio del 2010