Monthly Archives: January 2010

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Así estaba mi ventana, esta mañana…a saber porqué?

Un número, una serie de ellos, cifras, códigos, eso es lo que somos o para lo que hemos quedado, ni más ni menos que un número.Cada vez hay más gente y cada vez hay más números. En una humanidad donde la individualidad se está yendo al carajo, envuelta en cifras y todas ellas metidas en unas cajitas, cada vez más pequeñas y cada vez más complicadas. El ordenador, o computador, o como quiera que lo queramos llamar, se está adueñando de nuestro mundo. Poco a poco,o mucho a mucho, todo es según la color…Y no sería tan grave, si no fuera la última manera que se ha encontrado para perfeccionar el control, el de unos pocos (los de siempre) sobre la mayoria.

Escribir con la mano––Oh! Supremo placer!— Se está acabando…Las plumas, objeto de museo. Los bolígrafos, camino del suicidio. Los lápices, eso que es? Yo, que siempre tuve muy buena letra, y unos pocos más—supongo— todavía nos resistimos a escribir directamente en el ordenador y, desde luego, de momento, me niego a escribir con los dos dedos pulgares en un paquete de tabaco. Los de “a mano” hacemos ejercicios de pendolismo, que a estas alturas parecen más ejercicios sobre una cuerda y que, tambien sea dicho de paso, es algo destinado a una rápida desaparición.

Estamos haciendo funambulismo, equilibrios en la cuerda floja. No hace tanto— bueno, ya treinta años!— admiraba a un chalado francés, en el acto de cruzar el espacio en la cúspide entre mis Torres Gemelas ( R.I.P.) en Nueva York, caminando sobre una cuerda. Funanbulismo del bueno, en el mejor escenario posible; perfecto, sin previo anuncio (muera la publicidad!), o como diría la llorada revista humorística “La Codorniz” ( nunca supe el porqué del título): “Donde no hay publicidad, resplandece la verdad”. El colmo, de momento, es el ‘texting’, ahí si que me planto (por cuanto tiempo?)…Esos “gilis” afanándose con los dedos sobre una más de esas cajitas, en plena calle, absortos y casi fuera de la realidad, mandando importantes mensajes a otros “gilis” que están, quién sabe dónde, para recibirlos.

Y uno se pregunta: a que tanto mensaje? Y tanta llamadita de teléfono? Para decirse qué? De repente, todo el mundo tiene algo que decirse y no pueden esperar ni un minuto para decirlo. Muchos de ellos son los mismos que, hace menos de diez años, no tenían esos aparatitos y, por lo tanto, no tenían nada que decir. Y la publicidad–-supongo–- pagando, o cobrando por todo, es decir, dinero tirado inútilmente al éter. Aún puedo recordar, con una sonrisa sarcástica, como la del gato Garfield (quien le iba a decir al Presidente Garfield que iban a poner su nombre a un gato de tiras cómicas) que yo tuve uno de los primeros “beeper” que salieron al mercado, un antiguo socio me lo dió para controlarme. Al dia siguiente, sonaba demasiado, lo tiré al rio en un descuido por mi parte, que pena!

De aquella fausta manera, perdí una inmejorable ocasión de uncirme al carro triunfal de la electrónica. Sin embargo, no es “odio” todo lo que reluce(!?) Y, posiblemente, he sido uno de los primeros españoles conectados al Internet. Lo que se va por lo que se viene, mis manias son todas muy selectivas. Eso si, al teléfono…que le den por el auricular. El simple sonido de tono y llamada tiene la virtud de ponerme del “yeyuno” y hasta creo que me cambia el humor. En cualquier caso, números, cifras, códigos…estamos invadidos. Ah! Para los curiosos, que siempre los hay (y que no falten) los números, las cifras y las letras del título de este escrito son…el número de serie e identificacion de la botella de Coca-Cola que me estoy bebiendo. Ay, Señor!

Luisma, 6 de Enero del 2010

El Balón de Lapislázuli

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El Balón de Lapislázuli (un trofeo personal)

En estos dias de fin de año, que es cuando se acostumbra a conceder los premios a los mejores futbolistas de la temporada, he pensado en otorgar mi balón particular y privado. Como ya existen el balón de oro y de otros metales, he decidido crear el mio propio: el balón de lapislázuli, simplemente, para separarlo de los otros. Un balón único y especial que concedo por una sola vez, y sin que sirva de precedente, un balón histórico con el que premio al mejor jugador de fútbol que he visto nunca.

Despué de pensarlo un rato, y mirar lo que hay y lo que hubo, llegué a una conclusión de lo más personal. De modo que, me va a perdonar Di Stéfano, que sería el mejor profesional; y también Puskas (q.e.p.d.) con el que llegué a dar unas patadas en la hierba de Central Park, en una mañana neoyorkina que recuerdo con deleite, gracias a una común amiga húngara. Que lección me dió de como “matar” el balón! No sería tampoco Pelé, aquí en los USA idolatrado por razones que no tengo muy claras. Casi ni menciono a Maradona, al que los argentinos se preocupan de vendernos contínuamente. Tampoco Zidane y ni siquiera Guti, artista de mi devoción y paradigma de lo que el jugador de mi Real Madrid debe ser.

El que yo considero ganador de este trofeo ideal, mi premio único, era como una mezcla de Messi, pequeñito pero mas habilidoso que él, con más potencia y gambeteo que Cristiano Ronaldo y con la misma inteligencia futbolistica que Guti. Un jugador casi perfecto, que dominó mi fútbol colegial del bachillerato. El “terror” de los patios de los Maristas de Salamanca. Eran aquellos recreos de media hora, con veintinueve minutos de fútbol aperreado, en los que disputabamos el preciado tesoro de goma, aquel balón indestructible y la sonrisa del vencedor, que duraba hasta el siguiente recreo. El minuto en que no se jugaba al fútbol era el primero, el que se tardaba en escoger “campo” y los jugadores correspondientes a cada equipo. Allí surgía la figura de mi Balón de Lapislázuli: Angel Caballero Briz, alias “Angelito”, alias “Caba”.

El mejor, así de claro, el jugador genial y perfecto. Siempre el primero en ser escogido, y así durante todos los años del colegio, porque tenerle a él en el equipo garantizaba la victoria. Sus pases, sus tiros, sus infalibles regates, su visión de la jugada, su coraje y determinación. En fin, el jugador ideal, a pesar de ser bajito y de poco cuerpo, se convertía en un coloso en el rectángulo de juego.Nunca supe más de él, despues de salir del colegio. Nunca más supe de aquel héroe juvenil. Angelito, no sé si estás vivo, donde andas y si, como yo, aún sigues jugando al fútbol. No importa. Hoy solo quiero mandarte mi balón de lapislázuli y mi reconocimiento al mejor futbolista de la historia. Al fútbol se juega como tú, como los ángeles, como el Angel Caballero.

Naturalmente en este premio tendría que coincidir con alguien, algo que signifique aclamación para que el reconocimiento sea plural. Serìa aquella legión de chicos, todos los que coincidieron con nosotros en aquel colegio. No harìa falta una votacion, estoy seguro. Aunque en este caso el plural no es importante. Voy a pasar. Me importa un bledo. Yo no soy una democracia y no tengo abrazada la religión del moderno periodismo estúpido, es decir, no necesito votaciones de opinión de otros para formar o dar la mìa. Estoy hasta los émbolos de ver como el periodismo llena páginas, sobre todo “on line”, con votaciones imbéciles e inútiles sobre cualquier asunto, banal o no.

Si esa es la dirección en la que va la profesión que solìa ser tan atractiva, que me bajen de ese autobús que no huele bien. Demasiados incultos junta-letras y demasiada afición a la dictadura de gente que anda “creando” información, en vez de estar informando. Esta vez, los imitamonos de lo americano se han pasado, y…más de cuatro pueblos! Quien lo dirìa! Que iba a ser tan fácil entender lo que pasa en España, tan lejos, simplemente viviendo previamente lo que pasa aquì.

Luisma, 26 de Diciembre del 2009