Monthly Archives: February 2010

Niágara para dos

maid-of-mist.jpg
El barco “La Doncella de la Bruma” atacando los vapores de la catarata

Las cataratas del Niágara es un destino turístico pasado de moda, pero, como todas las cosas pasadas de moda, también tiene su encanto. Y más de veinte millones de visitantes al año! En el caso del río Niágara e independientemente de la belleza del accidente geográfico en si, las cataratas realmente son impresionantes, hay otros atractivos ambientales. Es un sitio ideal para pasar un fin de semana tranquilo y relajado, no mucho más tiempo, y desde el siglo XIX esta en la nómina de los lugares americanos favoritos para las lunas de miel y las escapadas amorosas de pareja.

La cuestión es que la propaganda y el cine nos vendieron las cataratas como algo norteamericano, y sí, existen dos saltos en territorio USA (la catarata americana y la del “velo de novia”), pero la visión de la catarata grande, la famosa de las vistas y las fotos, llamada la “herradura”, solamente se puede admirar desde territorio del Canadá. Y esto es parte del encanto de la cosa, hay que pasar la frontera y eso concede sentido de la privacidad y de la aventura; algo que los canadienses promocionan y alientan a la hora de no poner ninguna presión, ningún problema, en la frontera y en las reservas de hotel. Es legendaria la discreción en este sitio y legendarias, también, las historias de encuentros en este lugar, por otro lado, muy turístico.

Niagara Falls fue “descubierta”, tiene más de doce mil años, aparentemente por una serie de exploradores franceses, a principios del siglo XVII. Su origen fue en la Edad del Hielo, en la llamada glaciación Wisconsin. El nombre de Niágara le viene de la tribu india que vivía originalmente en aquellos parajes. Por ellas pasa el vertido del agua de los grandes lagos al Ontario y posteriormente al río San Lorenzo y al océano Atlántico, más del veinte por ciento del las aguas dulces del planeta. Poco a poco, se fueron haciendo famosas en el país y su celebridad saltó a Europa a raíz del viaje de luna de miel de Jerónimo Bonaparte, hermano de Napoleón. Quizá fuera este hito el que inició la costumbre americana de ir a las cataratas en luna de miel, antes de que se popularizase el ir a Las Vegas.

Hoy por hoy, la mayor atracción, aparte de la caída de las aguas, es el juego. Un casino, relativamente famoso, cuyos propietarios son la tribu india Seneca (!), frecuentado por un turismo de serie B, como las películas que se ruedan allí. Exceptuando tres: “Niagara” de Marilyn Monroe y Joseph Cotten, una película de culto; “Superman II” y “Piratas del Caribe: El Fin Del Mundo”. El punto álgido de la visita es un “viaje” en una embarcación llamada “The Maid of the Mist”(La Doncella de la Bruma) que navega la continuación de la cascada hasta su base, penetrando incluso entre los vapores de la caída; lo que garantiza una buena mojadura, parcialmente evitada con el uso de unos chubasqueros de colores que la gente conserva después como recuerdo. En ese “viaje” se consiguen unas fotografías pintorescas y en algunos casos impresionantes; la altura de la cascada es de 99 metros y el ruido es brutal.
niagara_1.jpg
A 99 metros de altura, unos veinte pisos

Pero lo verdaderamente sorprendente de Niágara es el “vestuario” de la zona de las cataratas: el sitio no ha cambiado desde los años cincuenta del pasado siglo. Incluso el turista se comporta con la lentitud de aquella época, como si fueran parte de una película. Uno tiene la sensación de que en cualquier momento van a aparecer Frank Sinatra o Dean Martin, en el bar del hotel. Los colores, los luminosos, la publicidad…todo te lleva, en mi caso te retrotrae, a aquel tiempo. La iluminación de las cataratas en la noche recuerda la decoración de las tartas de boda, muy sentimental. Este monumento al más dudoso gusto americano se ha asentado allí para los restos. J.D. Salinger cita a H.R.Blyth, definiéndolo perfectamente: sentimentalismo es dar a una cosa mas ternura que la que Dios le dio.

Visitar esta zona tiene otros puntos de interés: pasar al Canadá, Toronto es una ciudad interesante a la que se llega bordeando el lago Ontario, cuyo nombre significa en lengua india “lago maravilloso”. Escapar hasta las cataratas en una visita a Nueva York, desde Europa, te da la oportunidad de contrastar las bellezas geográficas y la “otra” América, la rural, tantas veces descrita en multitud de películas. A mi me gusta, particularmente, esta América. Y Niágara, en “pareja de dos”, o de “tres”…si se tratase de Marilyn Monroe, o de su fantasma.

Luisma, 30 de Enero del 2010 (Fotos de Luisma)

Veinte Años


Veinte años! Quien lo iba a decir! Ya llevo veinte años viviendo en América. A veces, ni yo mismo me lo creo. Yo que vine a pasar una temporada, por ver si el sitio y la cosa me gustaban! Vine con un pasaje abierto de avión, ida y vuelta, que nunca se cerró. Incluso creo recordar que lo devolví, recuperando parte de su costo. Decidí quedarme, sine die, en una de las pocas decisiones perfectas de mi vida.

Puestos a recordar…Recuerdo la tarde que llegué a América, como si fuera hoy, nunca podré olvidarla: tarde de calor húmedo atosigante y luz dorada. En aquel momento, en el “gusano” de salida del avión, pensé, entonces no sabía que tenía razón, que así debería ser el olor tropical. Incluso pensé que iba a durar poco en aquel tipo de clima. El clima de Houston, Galveston, el golfo de México en Texas. Fueron diez años y un matrimonio fallido. De aquello me quedan los contínuos sueños de la playa de cristal, ningún remordimiento, un par de amigos que siguen allí y otro que se fue, sin que pudiera despedirme de él.

Y-–que remedio-–“tuve” que aprender inglés, yo que era tan francófilo! Aprender el nuevo idioma, un desafio a mis cuarenta, fue parte importante de la razón de quedarme aquí. Me fue cayendo encima la cultura anglosajona y me fue interesando más y más, conforme el estro me daba para saborear las delicuescencias idiomáticas y culturales (toma castaña!). Principalmente, el mundo del cine que, queramos o no, es en inglés y ademas, en inglés americano. Leer a Steinbeck en su idioma y escuchar la voz de Jimmy Stewart, o la de George Clooney, entre los muchos otros placeres inéditos, conseguidos a través de la nueva lengua.

Luego, en la segunda década de mi estadía, cambié de “país”, el sur por el norte, el dixie por el yankee, todo tan igual y tan diferente. Me vine a Pennsylvania, donde todavía sigo. Cambié aquel dichoso calor, casi contínuo, por la recuperación de las cuatro estaciones y la floresta de los bosques precanadienses. Una decisión que, me gusta creer, fue buena para mi salud. Han sido muchos años y muchas cosas, pero, me quedo con lo fundamental: las personas. Y sobre todas las personas, algunas magníficas; una…ella, con la que llevo ya unos cuantos años, y que parecen haberse ido en un suspiro.

Pennsylvania me permitió estar más cerca de Nueva York, ciudad clave en la cultura anglosajona y la mundial. Todo pasa en esta monstruosa metrópoli antes que en ningún otro sitio, se empeñen o no los gurus europeos en tratar de arrebatarle esa prioridad. Los reflejos nos llegan a Pittsburgh aceptablemente rápido, seis horas de coche y no en vano se le llama la pequeña Nueva York. Como siempre digo: necesito ir a la Gran Manzana, pero no podria vivir alli; demasiado espesa, solo estar cerca. Más cerca, también, de Washington, la capital y la ciudad americana más europea; en algunos de sus rincones, uno puede llegar a pensar que está en Viena. Más cerca de Chicago, la Reina del Oeste, ciudad también predilecta. Más cerca, en resumen, de mi mismo.

Hay que estar próximos a las cosas, palparlas. El Internet es solamente el espejo de todos los avatares del mundo de hoy. Hay que hacer las cosas. En la red hay muchos detalles que se pierden. La propia percepción de la realidad no puede ser igualada. Al Internet le faltan los olores, los sabores y, fundamentalmente, el tacto. Otros veinte años. Tantas cosas que faltan por venir. Tantas cosas me quedan por hacer! Eso sí, estoy haciéndolo todo mejor que nunca: pensar, pintar, soñar, escribir, querer, elucubrar, decidir, sentir, mirar, ver, comprender y sobre todas las cosas, aprender a morir. Que diablos! Quien me lo iba a decir, América!

Luisma, 20 de Enero del 2010