Niágara para dos

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El barco “La Doncella de la Bruma” atacando los vapores de la catarata

Las cataratas del Niágara es un destino turístico pasado de moda, pero, como todas las cosas pasadas de moda, también tiene su encanto. Y más de veinte millones de visitantes al año! En el caso del río Niágara e independientemente de la belleza del accidente geográfico en si, las cataratas realmente son impresionantes, hay otros atractivos ambientales. Es un sitio ideal para pasar un fin de semana tranquilo y relajado, no mucho más tiempo, y desde el siglo XIX esta en la nómina de los lugares americanos favoritos para las lunas de miel y las escapadas amorosas de pareja.

La cuestión es que la propaganda y el cine nos vendieron las cataratas como algo norteamericano, y sí, existen dos saltos en territorio USA (la catarata americana y la del “velo de novia”), pero la visión de la catarata grande, la famosa de las vistas y las fotos, llamada la “herradura”, solamente se puede admirar desde territorio del Canadá. Y esto es parte del encanto de la cosa, hay que pasar la frontera y eso concede sentido de la privacidad y de la aventura; algo que los canadienses promocionan y alientan a la hora de no poner ninguna presión, ningún problema, en la frontera y en las reservas de hotel. Es legendaria la discreción en este sitio y legendarias, también, las historias de encuentros en este lugar, por otro lado, muy turístico.

Niagara Falls fue “descubierta”, tiene más de doce mil años, aparentemente por una serie de exploradores franceses, a principios del siglo XVII. Su origen fue en la Edad del Hielo, en la llamada glaciación Wisconsin. El nombre de Niágara le viene de la tribu india que vivía originalmente en aquellos parajes. Por ellas pasa el vertido del agua de los grandes lagos al Ontario y posteriormente al río San Lorenzo y al océano Atlántico, más del veinte por ciento del las aguas dulces del planeta. Poco a poco, se fueron haciendo famosas en el país y su celebridad saltó a Europa a raíz del viaje de luna de miel de Jerónimo Bonaparte, hermano de Napoleón. Quizá fuera este hito el que inició la costumbre americana de ir a las cataratas en luna de miel, antes de que se popularizase el ir a Las Vegas.

Hoy por hoy, la mayor atracción, aparte de la caída de las aguas, es el juego. Un casino, relativamente famoso, cuyos propietarios son la tribu india Seneca (!), frecuentado por un turismo de serie B, como las películas que se ruedan allí. Exceptuando tres: “Niagara” de Marilyn Monroe y Joseph Cotten, una película de culto; “Superman II” y “Piratas del Caribe: El Fin Del Mundo”. El punto álgido de la visita es un “viaje” en una embarcación llamada “The Maid of the Mist”(La Doncella de la Bruma) que navega la continuación de la cascada hasta su base, penetrando incluso entre los vapores de la caída; lo que garantiza una buena mojadura, parcialmente evitada con el uso de unos chubasqueros de colores que la gente conserva después como recuerdo. En ese “viaje” se consiguen unas fotografías pintorescas y en algunos casos impresionantes; la altura de la cascada es de 99 metros y el ruido es brutal.
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A 99 metros de altura, unos veinte pisos

Pero lo verdaderamente sorprendente de Niágara es el “vestuario” de la zona de las cataratas: el sitio no ha cambiado desde los años cincuenta del pasado siglo. Incluso el turista se comporta con la lentitud de aquella época, como si fueran parte de una película. Uno tiene la sensación de que en cualquier momento van a aparecer Frank Sinatra o Dean Martin, en el bar del hotel. Los colores, los luminosos, la publicidad…todo te lleva, en mi caso te retrotrae, a aquel tiempo. La iluminación de las cataratas en la noche recuerda la decoración de las tartas de boda, muy sentimental. Este monumento al más dudoso gusto americano se ha asentado allí para los restos. J.D. Salinger cita a H.R.Blyth, definiéndolo perfectamente: sentimentalismo es dar a una cosa mas ternura que la que Dios le dio.

Visitar esta zona tiene otros puntos de interés: pasar al Canadá, Toronto es una ciudad interesante a la que se llega bordeando el lago Ontario, cuyo nombre significa en lengua india “lago maravilloso”. Escapar hasta las cataratas en una visita a Nueva York, desde Europa, te da la oportunidad de contrastar las bellezas geográficas y la “otra” América, la rural, tantas veces descrita en multitud de películas. A mi me gusta, particularmente, esta América. Y Niágara, en “pareja de dos”, o de “tres”…si se tratase de Marilyn Monroe, o de su fantasma.

Luisma, 30 de Enero del 2010 (Fotos de Luisma)

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