De nostalgia

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Castillos en Castilla. (Trigueros Del Valle, Valladolid)

Hubo una época en la que a todos los intelectuales, e intelectualoides también, no se les caía Cioran de la boca. Confieso que nunca fue santo de mi devoción, excepto por su acendrado agnosticismo y algunos, pocos, conceptos. Eso sí, muy conseguidos. Ah! Y su pasión por montar en bicicleta. Decía Cioran: “…El hombre no está satisfecho de ser hombre. Pero no sabe hacia que regresar, ni como volver a un estado del que ha perdido todo recuerdo claro. La nostalgia que tiene de él constituye el fondo de su ser, y a través de ella comunica con lo más antiguo que subsiste en él.”

Me decías que mis escritos rezumaban nostalgia, o algo así. No me parecía, a mí, que ese fuese el caso. No, al menos, en mi concepto de nostalgia. Así que me fuí al diccionario a reexaminar la cosa. Nostalgia: del griego, nóstos—volver a casa en el sentido homérico y álgos— dolor. Lo de Homero me cuadraba bien, más que nada por la cosa del mucho y largo viaje. Lo del dolor, como lo de la casa, se revela inexistente. Ya ni eso me queda. Como diría el otro: no tienes donde caerte muerto. Bueno, tengo la impresión de que nadie queremos tenerlo. Y, una vez que llega el apagón, clic, da lo mismo donde sea. Se acabó, y el que venga detrás que arree.

De todas maneras, si se considera nostalgia el recordar, a veces tan vívidamente, retazos de juventud (sea por la razón que sea), entonces si soy un nostálgico. Aunque de ninguna manera idealizando esos recuerdos. Me gusta haber vivido todo ello, y más que hubiera sido posible, pero no siento ninguna ansiedad, ni ganas de vivirlo otra vez. Siempre pasar página…fue bonito mientras duró, y ahora—se le atiza un estacazo y a otra cosa, mariposa!

Volver atrás siempre me interesa en el sentido de aprendizaje y reconocimiento de las razones y las causas que me han traído a mi estado actual. Aprender, para equivocarme otra vez y cuantas veces sea necesario, y ahora sabiendo porqué…si es posible. El caso es que España no me duele nada. En mi no hay ningún rastro del “mal du pays”. Y menos con el cariz americanista que “nuestro” país esta tomando. Que manera más estúpida de imitar todo lo americano! Y casi siempre, lo peor de esta sociedad, olvidando o dejando de lado lo que sería bueno osmotizar. Una verdadera pena.

Por supuesto, reconozco el cariño que tengo por el país en el que nací, pero, en absoluto me tienta la cervantina—“de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado”. Para apacibilidad, Pittsburgh. “Aquí nada perturba la rumia espiritual, y aquí se oye uno pensar” que diría Unamuno de Salamanca, y yo suscribo para esta ciudad. Estos paisajes tan diferentes, con sus colinas y pequeños valles entrelazados, amenísimos, y tan distintos de aquellas llanuras castellanas, con o sin castillos. Las recuerdo con placer, pero no las necesito en mi dieta diaria.

Es curiosa la definición de nostalgia, como: “Un amar sin ser amado y un dolor que sentimos en miembros que no tenemos”. Pues va a ser que no, fíjese usted! Ni echar de menos lo que no somos. Aunque puede que si sea el estar “incompletos y mancos”. La verdad es que incompleto siempre he estado y he tratado de completarme con presencias femeninas. Ese cromosoma siempre me falló, aunque también me hubiera gustado entenderlo mejor. Y “manco”…pues, adivina quién te dió? Que yo sepa, el brazo secular nunca me ha faltado. Lejos de mí el otro!

Lo mío no sería ni nostalgia, ni melancolía. Aunque puede que si sea romanticismo, esa enfermedad que contraje de pequeño, y que en mi caso ha demostrado ser incurable. Supongo que cuando escribo de las cosas del pasado, del mío, lo estoy haciendo con la vena romántica. A la postre, admito una sola nostalgia: la del futuro. Esa que no viviré. Y para los aficionados, otra de Cioran: “Uno no vive en un país, vive en un lenguaje. Ese es nuestro país y nuestra patria”. Desde los Cartularios de Valpuesta hasta lo de hoy, ese es mi país, esa es mi patria.

Luisma, 15 de Marzo (Ay!) del 2010

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