“Tiempo Tormentoso” (“Stormy Weather”)


“Stormy Weather” by Lena Horne, 1943.

Ahí, va! Ahí, va! Échale un galgo! Ahí, va, resbalando como siempre, a toda velocidad; y que diría Sabina: “…como el tiempo que dura en llegar el invierno”. Un verdadero suspiro. De qué dices que estás hablando, Luisma?— Perdón, perdón…hablo de una tormenta, una de esas tormentas del Ohio, de las que nosotros llamaríamos de verano y que aquí llegan en cuanto el frio se esfuma, y los árboles empiezan a verdear.

La típica tormenta de Pittsburgh, la única que hay…es una, y son todas iguales. Vienen “resbalando” por las laderas del valle del rio Ohio, silenciosas y casi a traición. Eso sí, al llegar a la confluencia de los tres rios, en el punto álgido, en el carnaval de puentes, se les “cruzan los cables” y se prepara la fiesta. Rayos y truenos a mansalva, como si fuera una antigua batalla naval. Airón tempestuoso que emboca el valle del rio Mononghaela, nunca el Allegheny, y vuela por delante de mis ventanas como alma que lleva el diablo, o como si fuese una carrera de bicicletas, o de caballos, que ambos sonidos cuadran.

Es la misma tormenta, con un mismo ritual, que pasa una y otra vez, uno y otro día, y que en algún sitio “da la vuelta” para volver a pasar machaconamente.Así es la cosa: al pronto, el cielo se pone gris, de color “risa de sordo”…Un primer trueno de aviso, en seco; un silencio subsiguiente de un par de minutos, cuasi religioso…Viento airado, airón a todo trapo, caudaloso como un tren de mercancias, moviéndo los árboles como palos de navio en conserva. Todo esto en un tris, no mucho más de medio minuto, con los mástiles azotando la fachada de la casa, y el puente de mando de la terraza…Y, de repente, el chaparrón, agua echando chispas, Agua con mayúsculas, salpicándolo todo, goterones como miles de pelotas de ping-pong líquidas.

Uno tiene la impresión siempre de que la casa, y en ese minuto que dura el portentoso aguacero, va a salir bogando valle abajo, como gabarra sin ancla. Por suerte, la impresión dura lo mismo que el vendaval, un visto y no visto. Acto seguido, dos o tres truenos amordazados señalan el final de carrera de la tormenta. El fenómeno desaparece, como por ensalmo, valle adelante. Y, como quien no quiere la cosa, todo vuelve a la normalidad. Todo queda igual que estaba, pero mojado…y muy mojado! En total la tormenta entera viene durando, más o menos, como el Derby de Kentucky y hasta a la misma velocidad de crucero.

Y no falla, las tormentas de Pittsburgh, todas iguales, con sus aguas torrenciales; lluvias que se dirían tropicales si no estuviésemos tan al norte, tan al rececho del Canadá y los grandes lagos. En diez años aquí, solo he visto rolar una tormenta en sentido contrario al habitual, entre cientos de ellas. Fue terrible, parecida a un huracán; de los que ya había “disfrutado” alguno en mis años de vecindad con las costas de Texas. Fue noticia de primera página y produjo una inundación importante.

Por no sé que atavismo de abuela española, aunque a lo mejor es cosa cierta, siempre hago lo mismo cuando “huelo” la tromenta: cierro ventanas, apago luces y televisión y pongo la música del estéreo; todo para situarme “al salto” de la movida en la ventana trapezoidal, desde donde gozo de tribuna preferente para vendavales y otras hierbas. Durante años, solía poner música de Wagner para celebrar el meteoro. Nunca la Cabalgata de las Walkirias—demasiado obvio—, mejor: El Holandés Volador…

Para este menester, últimamente, me administro serias dosis de Jazz en vena, lo cual es mucho más impresionista. Ah! Oh! Ahí viene otra de mis tormentas! Ese color gris no miente, y las ardillas en el ático se revolucionan, excitadas…Estoy preparado: “Take Five” de Dave Brubeck, o “Stormy Weather” por Lena Horne. Esa es mi única duda…hoy. Lo echarè a cara o cruz…Lena!

Luisma, 9 de Mayo del 2010