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El Capitulo 5

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Andaba yo leyendo una novela, uno de los muchos libros que siempre tengo al retortero. Películas y libros, siempre alguna por ver y alguno por leer. El caso es que llevaba ya más de setenta páginas leídas y no acababa de arrastrarme la marea. Y no es que no me interesare, o que no me pareciera buena y digna del tiempo empleado.

Si un libro no consigue agarrarme, de primeras, lo voy dejando aparcado; y algunos—no muchos, la verdad—se me han muerto en las manos y duermen el sueño de los justos en mi intención. Cruzados y barrados hasta nueva revisión. Como digo, ese no era el caso de esta novela. El autor, reconocido, fuera de toda sospecha, sus libros siempre me han interesado y los he leído con fruición. Dos de ellos de corrido, de un tirón. Medalla de oro, tal cosa, en mi aprecio.

El tema y el “paisaje”, bien queridos: pintura y pintores, fotografía y fotógrafos. Y en esas setenta páginas anduve coleccionando unas buenas descripciones de colores y de su uso: “…sumar azules y grises…” y sumar algunos buenos conceptos sobre pintura e imágen literaria. Quizás la historia en si, la trama, se me antojaba un poco “traída por los pelos”…quizá era pronto, aunque ya me acercaba a un tercio de la novela.

La cosa es que, de repente, amanecí en el capitulo 5, y lo leí de un tajo y me dió por celebrarlo y escribir esto sobre ello. Magistral, sencillamente. De lo mejor que le he leído al autor. Para empezar, quiero suponer que me toca muchas fibras sensibles. Una gran historia en un solo capítulo, otra vez mi fibra romántica, con una magnífica descripción, sensaciones del mejor momento de una historia de amor: el momento inicial. Algo que siempre había tenido en mente y no había sabido concitar en lo personal.

Una magnifica forma de hacer aparecer a la heroína de la novela, envuelta en referencias coloristas y pictóricas. Arrojándola, su recuerdo, a las aguas ya revueltas del relato y consiguiendo que el retrato de una persona muerta parezca vívido y atrayente. Todo en ella me sonaba conocido, familiar, pergeñado a mi gusto y probablemente al de muchos. Un encanto común.

Olvido, así la nombra con ironía, para que nadie la pueda olvidar. La única otra Olvido que yo recordé en ese momento fue Olvido Gara, la roquera punk, de la que recordaba perfectamente el nombre familiar pero no el de guerra. Tuve que buscarlo en Google (que invento!): Alaska, la Bom de Almodóvar. Así que la recuperé por un rato y volveré sobre ella en algún momento, espero. Tenemos tan poco tiempo, como dice la Olvido de la novela!

Otro concepto larvado en el capitulo 5 me resolvió un viejo asunto de comprensión de cierto problema fotográfico. La fotografía moderna, según el autor: “su perfección técnica era tan objetiva que, a veces, resultaba falsa”. Y, para mi, aún lo sigue siendo. Refería el autor que la intensidad dramática de las fotografías de Robert Capa en la playa Omaha se debían a un error de laboratorio en el proceso de revelado.

Esa misma razón me hizo conseguir un efecto parecido en una serie de fotos con las que gané un premio, hace ya muchos años. El calentamiento excesivo del revelador, en blanco y negro, exacerbó el grano y la intensidad del contraste. Película de 400, disparada a 1200 ASA y revelada con Kodak TriX a 38º C durante 12 minutos. Una salvajada! Esto le sonará a chino a los fotógrafos digitales.

Aquello concedió, sin buscarlo en un principio, el “carácter” de abstracta apología de la libertad a unas fotos de un jardinero regando una pista de tenis, tomadas a través de las vallas metálicas. Dicho “carácter” no fue cosa mía, sino definición de los críticos. Cosas veredes. Los críticos, como todo el mundo sabe, son capaces de cualquier cosa a la hora de decirte como deberías hacer algo. Eso si, ellos no saben ni hacer la O con un canuto.

Todas estas cosas sobre fotografía, y otras muchas más sobre pintura, perfectamente trufadas en la trama de la novela. Patrimonio de los buenos escritores es el tener algo que decir y decirlo bien. Ya es tiempo de notar al autor de este magnífico capitulo 5: Arturo Pérez-Reverte, El Pintor de Batallas (Ed. Alfaguara, 2006). Bueno, seguiré leyendo la novela. A ver donde me lleva.

P.S. El capítulo 12 es muy bueno, también.

Luisma, 15 de Junio del 2010.

De Fumar

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“To Be or Not To Be…That was the Question”

Uno se ve en la situación de recordar cosas pasadas, patrimonio de la edad, que remedio! Y no tiene nada que ver con ese fenómeno llamado: nostalgia… Fenómeno con el cual más de uno que me lee trata de “señalarme”, exhibiéndolo como constante en mis escritos. Ya me he defendido en otras ocasiones, paso de hacerlo de nuevo. El caso es que se van a cumplir cuatro años desde que dejé de fumar y, al pronto, lo he recordado como cosa ya lejana.

Después de una vida, casi entera, de fumador relativamente empedernido…dejé de fumar. Así, a las bravas, de golpe y porrazo, y de la noche a la mañana; el mismo día que la selección española de fútbol fue eliminada del Mundial anterior, y estamos a las puertas de un nuevo campeonato. Esta vez el Mundial es en Sudáfrica, lo que no tiene nada que ver, como nada tuvo que ver aquel fasto con mi decisión de abandonar la fumada, solo fue una curiosa casualidad.

Era tiempo. El “casi un paquete diario” no me lo quitaba nadie…—Mentira! Era más de un paquete! (Ultimamente, Pepito Grillo no descansa). Y lo dejé, al seco,— cold turkey, que le dicen los americanos—, lo que, literalmente, significa: pavo frio, aunque parece que el significado se aplica por similitud con el aspecto de la piel, sudorosa y fria, de un pavo en fiambre. También se le llama así al síndrome de abstinencia de drogas. Nosotros cambiamos el animal por: “tener el mono”.

Ayer leía, en un periódico on-line,—de los de papel, ya casi ni me acuerdo, me queda el olor a tinta fresca de las galeradas—sobre uno de esos típicos “libros”, que tanto gustan al americano de a pie y que suplementan, en muchos casos, la falta y la pereza de acometer mejor literatura. Uno de esos libros píldora: pequeños y de digestión fácil. Se titulaba : “Dejar de fumar en 30 dias”. Y lo primero que me vino a la mente fue: porqué hay que esperar treinta dias para dejar de fumar?

Me entró la curiosidad ( que raro!). Y leí el articulo que lo publicitaba: “Porqué fumas? Seis maneras de dejarlo para siempre”. Lo primero era la pregunta y confieso que nunca lo había pensado. Después de darle muchas vueltas decidí que empecé a fumar por imitación a mi padre y, después, ya nunca supe más porqué. Fumaba y fumaba…Hábito? En una ocasión, alguien me hizo notar que siempre encendía cigarro al iniciar una llamada telefónica.

Había que dejarlo, y no veía la razón para dejar de fumar; tenía siempre una verdadera retahila de excusas para seguir en ello. Mi cardiólogo, y sin embargo amigo, me insinuaba insidiosamente—yo creo que ya has fumado todo lo que tenías que fumar en la vida— y lo hacía mirando irónicamente una radiografia de mis pulmones…Y me dió el secreto, que coincide con el del libro citado: “Si puedes dejarlo un día, puedes dejarlo cada día”

Y me dediqué a “segar excusas”. Me dí cuenta de que no me ponía cascarrabias o de mal humor, como me amenazaban los agoreros. Que no ganaba peso, sino todo lo contrario. Que respiraba mucho mejor y mi garganta no estaba contíuamente seca. Gané mayor amplitud en mi ejercicio físico. Nunca he sido muy bebedor, pero, el posible bebedor que hubiera en mí se ha ido con el fumador. Tener algo en la mano dejó de ser un hábito.

La broma me estaba costando 11 minutos de vida por cada cigarro (según cifras oficiales). Yo, como Mark Twain, no creo en las estadísticas. Al menos, no mucho. Eso sí, me acabo de enterar de que he dejado de fumar a tiempo. En los próximos años “amenazan” con ponerle sabores a los cigarrillos. No quiero imaginar lo costoso que me hubiera sido dejar un cigarro con sabor a Reese’s Peanut Butter Cups! Son amores distintos.

Luisma, 22 de Mayo del 2010