De Fumar

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“To Be or Not To Be…That was the Question”

Uno se ve en la situación de recordar cosas pasadas, patrimonio de la edad, que remedio! Y no tiene nada que ver con ese fenómeno llamado: nostalgia… Fenómeno con el cual más de uno que me lee trata de “señalarme”, exhibiéndolo como constante en mis escritos. Ya me he defendido en otras ocasiones, paso de hacerlo de nuevo. El caso es que se van a cumplir cuatro años desde que dejé de fumar y, al pronto, lo he recordado como cosa ya lejana.

Después de una vida, casi entera, de fumador relativamente empedernido…dejé de fumar. Así, a las bravas, de golpe y porrazo, y de la noche a la mañana; el mismo día que la selección española de fútbol fue eliminada del Mundial anterior, y estamos a las puertas de un nuevo campeonato. Esta vez el Mundial es en Sudáfrica, lo que no tiene nada que ver, como nada tuvo que ver aquel fasto con mi decisión de abandonar la fumada, solo fue una curiosa casualidad.

Era tiempo. El “casi un paquete diario” no me lo quitaba nadie…—Mentira! Era más de un paquete! (Ultimamente, Pepito Grillo no descansa). Y lo dejé, al seco,— cold turkey, que le dicen los americanos—, lo que, literalmente, significa: pavo frio, aunque parece que el significado se aplica por similitud con el aspecto de la piel, sudorosa y fria, de un pavo en fiambre. También se le llama así al síndrome de abstinencia de drogas. Nosotros cambiamos el animal por: “tener el mono”.

Ayer leía, en un periódico on-line,—de los de papel, ya casi ni me acuerdo, me queda el olor a tinta fresca de las galeradas—sobre uno de esos típicos “libros”, que tanto gustan al americano de a pie y que suplementan, en muchos casos, la falta y la pereza de acometer mejor literatura. Uno de esos libros píldora: pequeños y de digestión fácil. Se titulaba : “Dejar de fumar en 30 dias”. Y lo primero que me vino a la mente fue: porqué hay que esperar treinta dias para dejar de fumar?

Me entró la curiosidad ( que raro!). Y leí el articulo que lo publicitaba: “Porqué fumas? Seis maneras de dejarlo para siempre”. Lo primero era la pregunta y confieso que nunca lo había pensado. Después de darle muchas vueltas decidí que empecé a fumar por imitación a mi padre y, después, ya nunca supe más porqué. Fumaba y fumaba…Hábito? En una ocasión, alguien me hizo notar que siempre encendía cigarro al iniciar una llamada telefónica.

Había que dejarlo, y no veía la razón para dejar de fumar; tenía siempre una verdadera retahila de excusas para seguir en ello. Mi cardiólogo, y sin embargo amigo, me insinuaba insidiosamente—yo creo que ya has fumado todo lo que tenías que fumar en la vida— y lo hacía mirando irónicamente una radiografia de mis pulmones…Y me dió el secreto, que coincide con el del libro citado: “Si puedes dejarlo un día, puedes dejarlo cada día”

Y me dediqué a “segar excusas”. Me dí cuenta de que no me ponía cascarrabias o de mal humor, como me amenazaban los agoreros. Que no ganaba peso, sino todo lo contrario. Que respiraba mucho mejor y mi garganta no estaba contíuamente seca. Gané mayor amplitud en mi ejercicio físico. Nunca he sido muy bebedor, pero, el posible bebedor que hubiera en mí se ha ido con el fumador. Tener algo en la mano dejó de ser un hábito.

La broma me estaba costando 11 minutos de vida por cada cigarro (según cifras oficiales). Yo, como Mark Twain, no creo en las estadísticas. Al menos, no mucho. Eso sí, me acabo de enterar de que he dejado de fumar a tiempo. En los próximos años “amenazan” con ponerle sabores a los cigarrillos. No quiero imaginar lo costoso que me hubiera sido dejar un cigarro con sabor a Reese’s Peanut Butter Cups! Son amores distintos.

Luisma, 22 de Mayo del 2010