Monthly Archives: July 2010

100 años y Precio Fijo

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Quién teme el paso de los años?

Rebuscar, verbo muy expresivo en idioma salmantino, significa algo más, en mi pueblo, que el mero hecho de buscar doblemente o poner mayor atención en la búsqueda. Rebuscar, allí, significa más que nada buscar sin una meta fija, sin un objetivo determinado. Es buscar por buscar, por el placer de enredar y encontrar cosas inesperadas. Se puede rebuscar de muchas maneras, y en muchas situaciones.

Y ahí andaba yo, rebuscando (gerundio delicioso) en una caja de papeles viejos, fotografías añosas y puñeterías variadas. Al pronto, me saltó a los ojos una imágen vieja, pero al mismo tiempo fresca y atractiva. Una foto, en buen estado de conservación, pese a ser centenaria. Me quedé contemplándola un rato largo, ensimismado, pensando en aquellas gentes de hace cien años y en aquellos tiempos de principio del siglo XX, mi siglo; solo si duro algunos años más, otra década, o así, podré decir que fuí a caballo entre dos siglos. Tiempos, que en muy pocos años de esa imágen, iban a cambiar tantas cosas de este planeta, y tan rápidamente.

Ah! La foto…alrededor de 1910, Burgo de Osma, Soria, España. La tienda de telas, ferretería y productos varios de mi abuelo Z. La foto no tiene desperdicio, refleja perfectamente lo que eran aquellos años en un pueblo de Castilla, pueblo grandón pero de una provincia claramente desfavorecida. A pesar de ello, todos impecablemente vestidos; quiero pensar que la orden de venir trajeados fuera dada el día anterior por el menudo señor, de grandes bigotes y mirada perdida, en el centro de la escena y fuera del mostrador, como para distinguirse de los empleados.

Mi abuelo: todo un personaje al que llegué a conocer bastante en mi juventud y sus últimos años. “Mañana, todo el mundo de corbata, sin falta, que viene el fotógrafo!” Imagino los cuidados y la diligencia de la caterva de dependientes y aprendices a sueldo fijo, tan fijo como el precio anunciado sobre la puerta interior y repetido en la jácena principal del local. No sé, ni puedo saber, si este era el mismo sitio que yo conocí muchos años más tarde, ya con las paredes forradas de madera, y donde seguramente se forjó la vida de mi padre, como comerciante y como persona con un increíble don de gentes (algo que los modernos políticos están perdiendo); una vez que, jovencísimo, terminó su periplo en la Guerra Civil española. El mismo sitio por donde yo correteaba de niño, buscando y rebuscando…un perfecto trotamundos, ahí empezó mi carrera, mi huida hacia adelante.

Los personajes, todo ellos nacidos en el siglo XIX, a excepción de la niña de blanco que acompaña a las dos señoras (la de la derecha, quizás, mi abuela L.) componen un grupo que, no por menos en pose, parece más natural; en tiempos en que la fotografía resultaba todavía un acontecimiento. ¿Qué hubieran pensado todos los de la foto de la posibilidad de llevar un teléfono en el bolsillo, y más…que ese teléfono fuera también una minúscula cámara fotográfica? Como se reirán de mi y mis cuidados, si leen esto, los de dentro de cien años? Seguramente, igual que nos reímos nosotros de los coches de aquella época todavía decimonónica y de las primeras películas del cine!

Lástima que la tecnología actual no nos permita ver una “película” de aquella tarde en la tienda del Burgo. Seguro que los del año 2100 serán capaces de “verme” en el acto de escribir esto. Lo que no creo que puedan saber es la envidia y el ansia de vivir esos tiempos suyos; mi imaginación, con ser grande, no puede llegar hasta ese futuro…quién lo pillara! Después de todo, no pido tanto, solo 100 años más! Que sería si pidiese 500 años, a la descubierta de un auténtico Ultra Nuevo Mundo?

Esa huida hacia adelante sería objeto de un precio fijo, seguro. Por ello, pagaría el precio que fuese. Lo que no está en los escritos. Lo que la imaginación de Su Señoría guste mandar…Vellocinos de Oro u otras adoraciones, o.k… Esclavitud, vale, de ella ya tengo ahora (no seria una novedad) y en raciones consuetudinarias…Empleo de conejillo de indias eterno para testar drogas desconocidas, pues claro…Cualquier cosa, todo con tal de asistir a un futuro que ya se me escapa de las manos cada día, con cada achaque.

Luisma, 25 de Julio del 2010

PSO y ONE

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               Fernand Léger, Les Trois Musiciens, 1932

Una de las cosas buenas que tiene la ciudad de Pittsburgh, y que la hace más presentable, es la Pittsburgh Symphony Orchestra (PSO). Reputada como una de las mejores orquestas del mundo actual. Es una gran atracción, a determinados niveles, para las clasificaciones de habitabilidad y atractivo entre las ciudades de este país. Todo esto es de palabra; la realidad es que la ciudad, o el público en general, no apoya como debiera a esta gran orquesta. Los conciertos casi nunca se llenan, solo cuando ocasionalmente viene una gran figura, sobre todo si es una celebridad popular. Lo normal es media entrada y dificultades para cumplir el presupuesto anual, que siempre tiene que salvarse con donaciones de las que desgravan impuestos, el gran truco americano para mantener la oferta cultural.

En el tiempo que llevo viviendo en Pittsburgh he asistido regularmente a ella; y siempre con mi abono de conciertos, los viernes por la tarde. Algunas actuaciones han sido memorables, recuerdo varios grandes directores artísticos, desde Zubin Mehta a Mariss Janssons. Actualmente, el director jefe es Manfred Honeck, austríaco y con una buena conexión energética y musical con la orquesta. Heinz Hall es la sala de conciertos, sede de la PSO, un teatro clásico con entrada suficiente y audición bastante buena. Como su propio nombre indica debe su título, y probablemente su fundación de gastos, al magnate ciudadano que hizo su fortuna en la industria del tomate-ketchup. Mejor usarlo para algo así que dilapidar sus ganancias en fastos estúpidos.

No mucho público joven asiste a los conciertos, aunque la afición americana a la música, innegable, ha ido cambiando lenta, pero inexorablemente, de la cuerda clásica a la cuerda eléctrica. El metal se sigue salvando gracias a la gran tradición de las bandas universitarias y el Jazz.

Llevo algún tiempo desconectado de la Orquesta Nacional de España (ONE), ni siquiera sé quién es el actual director musical ( Es Josep Pons, que haríamos sin Google!). En realidad, al no poder “usarla”, se me hace difícil estar en contacto con ella, a pesar de la facilidad del Internet. La música sinfónica siempre ha sido para mi la delectación del directo, aunque esté contínuamente escuchando conciertos “enlatados”.

No siempre tiene uno ocasión de escuchar música española en los programas de la PSO. Este “curso” pasado, sin embargo, la hubo y en varias ocasiones. Todo vino de la mano, y batuta, de un director invitado, del que hacía muchos, muchísimos, años que no sabía nada. Por aquí apareció para un par de conciertos, el ínclito Rafael Fruhbeck de Burgos, genio y figura. Algo cascado por la edad (supongo que eso mismo hubiera pensado él de mi, caso de conocerme) pero todavía en buena forma musical y sin perder un ápice de su famoso estilo germánico.

Su presencia me hizo recordar viejos tiempos, de cuando el dirigía la ONE y yo me encuadraba en la legión de críticos beligerantes que, una semana si y otra tambien, le sacudían estopa…a diez pesetas (!), la entrada estudiantil. Esto sí es nostalgia: con Fruhbeck, como con Franco, éramos mas jóvenes! Recordé las noches de los miércoles en vela, hiciera frío o calor, en la Plaza de Oriente madrileña, “haciendo” la cola del Teatro Real para conseguir aquellas famosas entradas baratas de “gallinero”. Aunque más era una excusa para reunirse con novias y amigos, en una actividad diferente y excitante.

No tengo ni idea como se mantiene la ONE y sus presupuestos. Quiero suponer que protegida por el Estado. La PSO lo hace gracias a las fundaciones y la donaciones; no tanto a la clientela de viernes, sábados y domingos, y si a los viajes, invitaciones internacionales y grabaciones de discos.

Hasta cuando se podrán mantener las orquestas de música clásica en el mundo de hoy?

Luisma, 18 de Julio del 2010 ( Vaya fecha!)

“La Mundial”, o El sueño de una noche de verano

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Algunas veces los sueños se cumplen

Anoche tuve un sueño. Un sueño que se me había repetido muchas veces, otras noches de toda una vida. Anoche soñé—que bien! —que España había ganado el Mundial, el de fútbol, claro. Que extraño, porqué me pasarán a mi estas cosas?

Con lo tranquilo que estaba yo, que me había pasado la tarde admirando otro atardecer precioso, en colores rojo y gualda, parecido al de hace dos años. Sí, aquel 29 de Junio del 2008, día triunfal, el día que los “locos bajitos” ganaron la Eurocopa. Todavía recuerdo un párrafo que escribí con ocasión de aquel fasto: “…y soñar, soñar como soñamos todos los que jugamos al fútbol. Esta noche dormiré bien y soñaré con ganar el Mundial, eso, si no hay que esperar mucho tiempo, antes de ir a criar malvas…”

El caso es que anoche el sueño era de lo más vívido, tal cual, como si estuviera pasando en realidad…”Esos locos bajitos” de la Selección, los mismos del 2008. Los de “La Roja”, vestidos esta vez todos de azul, azul España aunque no lo parezca (“…con su camisita y su canesú…”). Lo bordaban, una vez más, como tantas otras veces; desesperando a un equipo, por los colores parecía Holanda, aunque lo dudo pues se producía con dureza y zarrapastro, y no como la que uno admiraba, intentando apabullar a la “Sele”. Vano intento.

En el minuto 116 de partido, a la hora casi de los penaltis, el “Niño” pasó la pelota a un jugador holandés que, sorprendido por el regalo, la dejó a los pies del “Empanao” que se la puso a “Rostro Pálido”; este, conocido en su pueblo como “El Ini”, se quedaba por un instante eterno pensando: aquí pasa algo raro, debo estar en fuera de juego, esto no me esta pasando a mí, tiene que ser un sueño….Como el chico, aunque no lo parezca, es “avisao” y listo, decidió pegarle con todas sus ganas, por si acaso no era un sueño. Buena decisión, la mejor, “la mundial”, fue goooool!

Y con ello, se metió en todas nuestras vidas, para siempre, como Zamora y Pichichi, como Di Stéfano , como Marcelino y el Niño Torres. Cuando el chico se despertó, se quedó con la boca abierta, como millones de españoles, gritando el gol y pasando en un tris de la categoría de loco bajito, versión Serrat, a la de gigante nacional para los restos. Y todo ello de un solo navajazo, como si fuera de Albacete.

De repente, me di cuenta que yo también estaba en la terraza de casa, gritando el gol que retumbó valle de Allegheny abajo y que no era un sueño; o si que lo era? Por si las dudas, un rato más tarde miré mi televisión americana, grande y extraplana, y allí estaba Casillas levantando la Copa. Sí, esta vez sí, “habíamos” ganado el Campeonato del Mundo, “la Mundial”. Como hubiera disfrutado este momento mi padre.

Me miré al espejo, limpiándome los ojos, y solo ví a un niño, aquel del que casi ni me acuerdo. Un niño de Salamanca. El que se subía a la tapia del Campo del Calvario para ver los partidos de la “Unión Deportiva”, la UDS. El que pegaba la nariz al escaparate de Radio Andrés Hernández para ver en la tele los partidos del Madrid y los internacionales de España. El mismo que esta noche se emociona viendo el recibimiento a la Selección, en la Gran Vía y la Cibeles. Un mar de banderas y camisetas rojas que parecen el sueño de una noche de verano, o un cuadro de Jackson Pollock.
Y ahora, a esperar una canción de Sabina. Dále, Joaquín! Escríbete una; que nos la merecemos por tanta espera.

Luisma, Pittsburgh, 12 de Julio del 2010. Segundo día triunfal

“Tinseltown” y *Vegas*, parte II

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La escusa podría ser la fotografía…con tanta luz!

Las Vegas, otro sitio prohibido en mi religión americana! En realidad, solo me he vetado el ir a dos lugares en este país: Las Vegas y Disneylandia. Lo de “Disney” es porque ya tengo úlcera de estómago y no me conviene acelerarla yendo a sitios estúpidos y alienantes, que me puedan sentar mal. He visto a mucha gente, tanto americana como europea, llegar de vuelta de la visita a Disneylandia y nunca he podido dirimir quienes volvían más idiotas, los niños o los padres.

*Vegas*, así simplemente, sin el articulo—Las—que el decir popular ha eliminado, de un tiempo a esta parte, por moda…o a saber porqué (!?). Vegas—Las Vegas—es la máxima expresión de una de las dos lacras del Imperio, léase: sexo y juego; lo que los americanos llaman: Vicio, con mayúsculas. Un vicio muy, pero que muy bien organizado y “protegido” por la Ley que adora sus impuestos. Ah! La otra lacra son las múltiples religiones. Otro vicio americano y, también, magnificamente organizado. Las dos corruptelas han sido perfectamente exportables, por supuesto.

La realidad es que, Vegas…Sin City (La Ciudad del Pecado), o como se le quiera llamar, es simplemente un negocio muy bien montado; atiborrado de turistas domésticos y de jubilados, miles, que viven allí y hacen funcionar con sus pensiones los engranajes de casinos y restaurantes. Obnubilación por entretenimiento. Que diferencia hay entre un casino y un establo? Juego, Vicio y Religiones…Desde que la ciudad fue fundada por los Mormones, hace ya un ciento de años, tiene un mayor número de iglesias per capita que cualquiera de las grandes ciudades americanas.

Con casi dos millones de habitantes, es considerada como la capital mundial del juego y las apuestas; aunque se haya visto superada en beneficios, últimamente, por Macao. Es decir, se ha vuelto mas baratera. Tanto peor—otro signo de la decadencia del Imperio—, Vegas es una fachada, muy hortera, de luces, focos y neón, que esconde una realidad tristísima y fácilmente apreciable, abriendo los ojos y mirando más allá de los reflejos. Pobreza y desesperación, mezcladas con una ilimitada ambición. Las Vegas tiene la más alta tasa de suicidios y divorcios del país; un tema que allí era tabú, hasta hace muy poco tiempo.

Nunca he encontrado el tan “fabuloso” atractivo del juego, me parece una solemne pérdida de tiempo y, desde luego, de dinero. Como entretenimiento, prefiero un buen libro o una buena película. Lo del sexo como espectáculo público, no me interesa gran cosa; se fue de mi imaginación hace ya muchos años, gracias a mi asistencia al cabaret, por un tiempo, y por la “amistad” con un personaje de ese mundo. Los “strip clubs” me parecen, de largo, lugares tristes y sin sustancia.

Triste, y con aires de verbena antigua, resulta el hormigueo de gentes en Las Vegas Boulevard, o Las Vegas Strip; diez kilómetros de hosteleria y casas de juego. Allí se mezclan los habitantes de la ciudad y los cientos de miles de turistas. Más de 85.000 habitaciones de hotel escupen contínuamente gentes a las calles, a los restaurantes y a los casinos. Allí les esperan ruleta, dados, poker y los llamados: “bandidos de un solo brazo”, las famosas “tragaperras”, la última pasión del jubilado.

A mí que no me esperen. Todo el invento *Vegas* me parece un lugar muy ácido y, para eso, ya tengo mi estómago y mi esófago que me hacen los honores. Gran espectáculo? Ni siquiera la excusa de la fotografía me sirve. Decididamente, lo del suicidio y el divorcio puede esperar, estoy muy ocupado. No soy insecto para ese millón y medio de luces. La publicidad dice: “Lo que pasa en Vegas, se queda en Vegas” …Magnífico!–no hay problema– Paso!

Luisma, 19 de Mayo del 2010

“Tinseltown” y *Vegas*, parte I

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La parte mas bonita de Tinseltown, “la ciudad del espumillón”.

Decir que me gusta este país, es mucho decir. El sitio es muy grande, enorme, y no se puede generalizar. Aún así, y sin ánimo de controversia, puedo decir que de aquí es mucho más lo que me gusta que lo que me disgusta. La idea que tenemos de los USA, desde fuera, es estrecha y basada en términos muy relativos. Influenciada por la publicidad, sea positiva o negativa, y por los intereses de otras sociedades y otros paises que, por motivos obvios, pueden no mirar esta nación con buenos ojos.

Esta realidad, este país, es muchas veces dificil de comprender. Eso sí, criticar desde el desconocimiento mas supino, lleva a la injusticia y al error de visión. Las opiniones de gentes que no viven la realidad de su día a día y que se permiten pontificar sobre él, simplemente, por el hecho de haber pasado unos dias de turismo; o una pequeña temporada encapsulados en alguna burbuja universitaria; no pueden ser tomadas en cuenta de la misma manera que la de otros que han, hemos, estado viviendo aquí durante largos años.

Dicho esto, me voy a permitir el lujo de criticar, aunque sea en corto, dos sitios de este país, dos iconos de esta sociedad, por los que no paso y donde va a ser dificil que se me encuentre.Y, más dificil todavia, que se sepa que he estado allí. Tinseltown y Vegas. Con esos nombres es como se les conoce aquí—Tinseltown, es decir: Hollywood (Los Angeles) y Vegas, Las Vegas…Todo el mundo cree conocer estos dos lugares, incluso habiéndolos visitado. La realidad de estos sitios, una vez que se apagan las rutilantes luces y se enrrollan las alfombras rojas, es muy otra. Solamente un par de detalles para comprender mi “No” a Tinseltown, a pesar de la leyenda.

Los Angeles, barrio de Hollywood incluido, es probablemente la ciudad mas fea y desagradable de toda América. Polucionada hasta extremos insospechables, mantiene el más monstruoso tráfico que imaginarse pueda y un porcentaje de criminalidad como para cambiarle, directamente, el nombre a: Los Demonios. Su más acendrado lugar de atracción es el Paseo de la Fama, o Paseo de las Estrellas: los acerones de Hollywood Boulevard y Vine Street, con 2.000 estrellas dedicadas sobre terrazo a los más famosos actores y gentes del cine y la música; incluidos la perra Lassie, Rin-Tin-Tin y R2D2, el robot de La Guerra de las Galaxias. Que se puede esperar de un país que tiene en su lista de 10 mejores deportistas de la historia a un caballo! (“Secretariat”).

En cualquier caso, en Hollywood “La Nuit”, se te puede caer el alma a los pies cuando, románticamente, decides pasear entre tus estrellas favoritas, a ras de suelo. A esa hora antes del amanecer puedes disfrutar de las vomitonas de cerveza sobre ellas. Te rompe la mejor capacidad de hechizo cinematográfico que hayas podido acumular en toda una vida de ver películas. La verdad es que con quinientas estrellas mejor escogidas seria más que suficiente, y menos mareante. Visitar los viejos Estudios Universal, en el inevitable “tour” borreguil, es francamente decepcionante; rápidamente te das cuenta de que es puro stage (escenario) y que allí nunca se ha rodado nada, ni se va a rodar. Un montaje turístico. Uno más, entre otros.

Hay que ser un poco irónico para admitir que en esta ciudad se gestó, y todavía se abandera, la fábrica de sueños del siglo XX. Quizá tenga más cuenta ver amanecer en el Bulevar del Anochecer (Sunset Boulevard), y hacerse la foto bajo las famosas líneas de altas palmeras californianas! Lo dicho, Hollywood, uno de los lugares donde no se me va a encontrar fácilmente.

Luisma, 17 de Mayo del 2010