“Tinseltown” y *Vegas*, parte II

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La escusa podría ser la fotografía…con tanta luz!

Las Vegas, otro sitio prohibido en mi religión americana! En realidad, solo me he vetado el ir a dos lugares en este país: Las Vegas y Disneylandia. Lo de “Disney” es porque ya tengo úlcera de estómago y no me conviene acelerarla yendo a sitios estúpidos y alienantes, que me puedan sentar mal. He visto a mucha gente, tanto americana como europea, llegar de vuelta de la visita a Disneylandia y nunca he podido dirimir quienes volvían más idiotas, los niños o los padres.

*Vegas*, así simplemente, sin el articulo—Las—que el decir popular ha eliminado, de un tiempo a esta parte, por moda…o a saber porqué (!?). Vegas—Las Vegas—es la máxima expresión de una de las dos lacras del Imperio, léase: sexo y juego; lo que los americanos llaman: Vicio, con mayúsculas. Un vicio muy, pero que muy bien organizado y “protegido” por la Ley que adora sus impuestos. Ah! La otra lacra son las múltiples religiones. Otro vicio americano y, también, magnificamente organizado. Las dos corruptelas han sido perfectamente exportables, por supuesto.

La realidad es que, Vegas…Sin City (La Ciudad del Pecado), o como se le quiera llamar, es simplemente un negocio muy bien montado; atiborrado de turistas domésticos y de jubilados, miles, que viven allí y hacen funcionar con sus pensiones los engranajes de casinos y restaurantes. Obnubilación por entretenimiento. Que diferencia hay entre un casino y un establo? Juego, Vicio y Religiones…Desde que la ciudad fue fundada por los Mormones, hace ya un ciento de años, tiene un mayor número de iglesias per capita que cualquiera de las grandes ciudades americanas.

Con casi dos millones de habitantes, es considerada como la capital mundial del juego y las apuestas; aunque se haya visto superada en beneficios, últimamente, por Macao. Es decir, se ha vuelto mas baratera. Tanto peor—otro signo de la decadencia del Imperio—, Vegas es una fachada, muy hortera, de luces, focos y neón, que esconde una realidad tristísima y fácilmente apreciable, abriendo los ojos y mirando más allá de los reflejos. Pobreza y desesperación, mezcladas con una ilimitada ambición. Las Vegas tiene la más alta tasa de suicidios y divorcios del país; un tema que allí era tabú, hasta hace muy poco tiempo.

Nunca he encontrado el tan “fabuloso” atractivo del juego, me parece una solemne pérdida de tiempo y, desde luego, de dinero. Como entretenimiento, prefiero un buen libro o una buena película. Lo del sexo como espectáculo público, no me interesa gran cosa; se fue de mi imaginación hace ya muchos años, gracias a mi asistencia al cabaret, por un tiempo, y por la “amistad” con un personaje de ese mundo. Los “strip clubs” me parecen, de largo, lugares tristes y sin sustancia.

Triste, y con aires de verbena antigua, resulta el hormigueo de gentes en Las Vegas Boulevard, o Las Vegas Strip; diez kilómetros de hosteleria y casas de juego. Allí se mezclan los habitantes de la ciudad y los cientos de miles de turistas. Más de 85.000 habitaciones de hotel escupen contínuamente gentes a las calles, a los restaurantes y a los casinos. Allí les esperan ruleta, dados, poker y los llamados: “bandidos de un solo brazo”, las famosas “tragaperras”, la última pasión del jubilado.

A mí que no me esperen. Todo el invento *Vegas* me parece un lugar muy ácido y, para eso, ya tengo mi estómago y mi esófago que me hacen los honores. Gran espectáculo? Ni siquiera la excusa de la fotografía me sirve. Decididamente, lo del suicidio y el divorcio puede esperar, estoy muy ocupado. No soy insecto para ese millón y medio de luces. La publicidad dice: “Lo que pasa en Vegas, se queda en Vegas” …Magnífico!–no hay problema– Paso!

Luisma, 19 de Mayo del 2010