“La Mundial”, o El sueño de una noche de verano

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Algunas veces los sueños se cumplen

Anoche tuve un sueño. Un sueño que se me había repetido muchas veces, otras noches de toda una vida. Anoche soñé—que bien! —que España había ganado el Mundial, el de fútbol, claro. Que extraño, porqué me pasarán a mi estas cosas?

Con lo tranquilo que estaba yo, que me había pasado la tarde admirando otro atardecer precioso, en colores rojo y gualda, parecido al de hace dos años. Sí, aquel 29 de Junio del 2008, día triunfal, el día que los “locos bajitos” ganaron la Eurocopa. Todavía recuerdo un párrafo que escribí con ocasión de aquel fasto: “…y soñar, soñar como soñamos todos los que jugamos al fútbol. Esta noche dormiré bien y soñaré con ganar el Mundial, eso, si no hay que esperar mucho tiempo, antes de ir a criar malvas…”

El caso es que anoche el sueño era de lo más vívido, tal cual, como si estuviera pasando en realidad…”Esos locos bajitos” de la Selección, los mismos del 2008. Los de “La Roja”, vestidos esta vez todos de azul, azul España aunque no lo parezca (“…con su camisita y su canesú…”). Lo bordaban, una vez más, como tantas otras veces; desesperando a un equipo, por los colores parecía Holanda, aunque lo dudo pues se producía con dureza y zarrapastro, y no como la que uno admiraba, intentando apabullar a la “Sele”. Vano intento.

En el minuto 116 de partido, a la hora casi de los penaltis, el “Niño” pasó la pelota a un jugador holandés que, sorprendido por el regalo, la dejó a los pies del “Empanao” que se la puso a “Rostro Pálido”; este, conocido en su pueblo como “El Ini”, se quedaba por un instante eterno pensando: aquí pasa algo raro, debo estar en fuera de juego, esto no me esta pasando a mí, tiene que ser un sueño….Como el chico, aunque no lo parezca, es “avisao” y listo, decidió pegarle con todas sus ganas, por si acaso no era un sueño. Buena decisión, la mejor, “la mundial”, fue goooool!

Y con ello, se metió en todas nuestras vidas, para siempre, como Zamora y Pichichi, como Di Stéfano , como Marcelino y el Niño Torres. Cuando el chico se despertó, se quedó con la boca abierta, como millones de españoles, gritando el gol y pasando en un tris de la categoría de loco bajito, versión Serrat, a la de gigante nacional para los restos. Y todo ello de un solo navajazo, como si fuera de Albacete.

De repente, me di cuenta que yo también estaba en la terraza de casa, gritando el gol que retumbó valle de Allegheny abajo y que no era un sueño; o si que lo era? Por si las dudas, un rato más tarde miré mi televisión americana, grande y extraplana, y allí estaba Casillas levantando la Copa. Sí, esta vez sí, “habíamos” ganado el Campeonato del Mundo, “la Mundial”. Como hubiera disfrutado este momento mi padre.

Me miré al espejo, limpiándome los ojos, y solo ví a un niño, aquel del que casi ni me acuerdo. Un niño de Salamanca. El que se subía a la tapia del Campo del Calvario para ver los partidos de la “Unión Deportiva”, la UDS. El que pegaba la nariz al escaparate de Radio Andrés Hernández para ver en la tele los partidos del Madrid y los internacionales de España. El mismo que esta noche se emociona viendo el recibimiento a la Selección, en la Gran Vía y la Cibeles. Un mar de banderas y camisetas rojas que parecen el sueño de una noche de verano, o un cuadro de Jackson Pollock.
Y ahora, a esperar una canción de Sabina. Dále, Joaquín! Escríbete una; que nos la merecemos por tanta espera.

Luisma, Pittsburgh, 12 de Julio del 2010. Segundo día triunfal