PSO y ONE

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               Fernand Léger, Les Trois Musiciens, 1932

Una de las cosas buenas que tiene la ciudad de Pittsburgh, y que la hace más presentable, es la Pittsburgh Symphony Orchestra (PSO). Reputada como una de las mejores orquestas del mundo actual. Es una gran atracción, a determinados niveles, para las clasificaciones de habitabilidad y atractivo entre las ciudades de este país. Todo esto es de palabra; la realidad es que la ciudad, o el público en general, no apoya como debiera a esta gran orquesta. Los conciertos casi nunca se llenan, solo cuando ocasionalmente viene una gran figura, sobre todo si es una celebridad popular. Lo normal es media entrada y dificultades para cumplir el presupuesto anual, que siempre tiene que salvarse con donaciones de las que desgravan impuestos, el gran truco americano para mantener la oferta cultural.

En el tiempo que llevo viviendo en Pittsburgh he asistido regularmente a ella; y siempre con mi abono de conciertos, los viernes por la tarde. Algunas actuaciones han sido memorables, recuerdo varios grandes directores artísticos, desde Zubin Mehta a Mariss Janssons. Actualmente, el director jefe es Manfred Honeck, austríaco y con una buena conexión energética y musical con la orquesta. Heinz Hall es la sala de conciertos, sede de la PSO, un teatro clásico con entrada suficiente y audición bastante buena. Como su propio nombre indica debe su título, y probablemente su fundación de gastos, al magnate ciudadano que hizo su fortuna en la industria del tomate-ketchup. Mejor usarlo para algo así que dilapidar sus ganancias en fastos estúpidos.

No mucho público joven asiste a los conciertos, aunque la afición americana a la música, innegable, ha ido cambiando lenta, pero inexorablemente, de la cuerda clásica a la cuerda eléctrica. El metal se sigue salvando gracias a la gran tradición de las bandas universitarias y el Jazz.

Llevo algún tiempo desconectado de la Orquesta Nacional de España (ONE), ni siquiera sé quién es el actual director musical ( Es Josep Pons, que haríamos sin Google!). En realidad, al no poder “usarla”, se me hace difícil estar en contacto con ella, a pesar de la facilidad del Internet. La música sinfónica siempre ha sido para mi la delectación del directo, aunque esté contínuamente escuchando conciertos “enlatados”.

No siempre tiene uno ocasión de escuchar música española en los programas de la PSO. Este “curso” pasado, sin embargo, la hubo y en varias ocasiones. Todo vino de la mano, y batuta, de un director invitado, del que hacía muchos, muchísimos, años que no sabía nada. Por aquí apareció para un par de conciertos, el ínclito Rafael Fruhbeck de Burgos, genio y figura. Algo cascado por la edad (supongo que eso mismo hubiera pensado él de mi, caso de conocerme) pero todavía en buena forma musical y sin perder un ápice de su famoso estilo germánico.

Su presencia me hizo recordar viejos tiempos, de cuando el dirigía la ONE y yo me encuadraba en la legión de críticos beligerantes que, una semana si y otra tambien, le sacudían estopa…a diez pesetas (!), la entrada estudiantil. Esto sí es nostalgia: con Fruhbeck, como con Franco, éramos mas jóvenes! Recordé las noches de los miércoles en vela, hiciera frío o calor, en la Plaza de Oriente madrileña, “haciendo” la cola del Teatro Real para conseguir aquellas famosas entradas baratas de “gallinero”. Aunque más era una excusa para reunirse con novias y amigos, en una actividad diferente y excitante.

No tengo ni idea como se mantiene la ONE y sus presupuestos. Quiero suponer que protegida por el Estado. La PSO lo hace gracias a las fundaciones y la donaciones; no tanto a la clientela de viernes, sábados y domingos, y si a los viajes, invitaciones internacionales y grabaciones de discos.

Hasta cuando se podrán mantener las orquestas de música clásica en el mundo de hoy?

Luisma, 18 de Julio del 2010 ( Vaya fecha!)