100 años y Precio Fijo

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Quién teme el paso de los años?

Rebuscar, verbo muy expresivo en idioma salmantino, significa algo más, en mi pueblo, que el mero hecho de buscar doblemente o poner mayor atención en la búsqueda. Rebuscar, allí, significa más que nada buscar sin una meta fija, sin un objetivo determinado. Es buscar por buscar, por el placer de enredar y encontrar cosas inesperadas. Se puede rebuscar de muchas maneras, y en muchas situaciones.

Y ahí andaba yo, rebuscando (gerundio delicioso) en una caja de papeles viejos, fotografías añosas y puñeterías variadas. Al pronto, me saltó a los ojos una imágen vieja, pero al mismo tiempo fresca y atractiva. Una foto, en buen estado de conservación, pese a ser centenaria. Me quedé contemplándola un rato largo, ensimismado, pensando en aquellas gentes de hace cien años y en aquellos tiempos de principio del siglo XX, mi siglo; solo si duro algunos años más, otra década, o así, podré decir que fuí a caballo entre dos siglos. Tiempos, que en muy pocos años de esa imágen, iban a cambiar tantas cosas de este planeta, y tan rápidamente.

Ah! La foto…alrededor de 1910, Burgo de Osma, Soria, España. La tienda de telas, ferretería y productos varios de mi abuelo Z. La foto no tiene desperdicio, refleja perfectamente lo que eran aquellos años en un pueblo de Castilla, pueblo grandón pero de una provincia claramente desfavorecida. A pesar de ello, todos impecablemente vestidos; quiero pensar que la orden de venir trajeados fuera dada el día anterior por el menudo señor, de grandes bigotes y mirada perdida, en el centro de la escena y fuera del mostrador, como para distinguirse de los empleados.

Mi abuelo: todo un personaje al que llegué a conocer bastante en mi juventud y sus últimos años. “Mañana, todo el mundo de corbata, sin falta, que viene el fotógrafo!” Imagino los cuidados y la diligencia de la caterva de dependientes y aprendices a sueldo fijo, tan fijo como el precio anunciado sobre la puerta interior y repetido en la jácena principal del local. No sé, ni puedo saber, si este era el mismo sitio que yo conocí muchos años más tarde, ya con las paredes forradas de madera, y donde seguramente se forjó la vida de mi padre, como comerciante y como persona con un increíble don de gentes (algo que los modernos políticos están perdiendo); una vez que, jovencísimo, terminó su periplo en la Guerra Civil española. El mismo sitio por donde yo correteaba de niño, buscando y rebuscando…un perfecto trotamundos, ahí empezó mi carrera, mi huida hacia adelante.

Los personajes, todo ellos nacidos en el siglo XIX, a excepción de la niña de blanco que acompaña a las dos señoras (la de la derecha, quizás, mi abuela L.) componen un grupo que, no por menos en pose, parece más natural; en tiempos en que la fotografía resultaba todavía un acontecimiento. ¿Qué hubieran pensado todos los de la foto de la posibilidad de llevar un teléfono en el bolsillo, y más…que ese teléfono fuera también una minúscula cámara fotográfica? Como se reirán de mi y mis cuidados, si leen esto, los de dentro de cien años? Seguramente, igual que nos reímos nosotros de los coches de aquella época todavía decimonónica y de las primeras películas del cine!

Lástima que la tecnología actual no nos permita ver una “película” de aquella tarde en la tienda del Burgo. Seguro que los del año 2100 serán capaces de “verme” en el acto de escribir esto. Lo que no creo que puedan saber es la envidia y el ansia de vivir esos tiempos suyos; mi imaginación, con ser grande, no puede llegar hasta ese futuro…quién lo pillara! Después de todo, no pido tanto, solo 100 años más! Que sería si pidiese 500 años, a la descubierta de un auténtico Ultra Nuevo Mundo?

Esa huida hacia adelante sería objeto de un precio fijo, seguro. Por ello, pagaría el precio que fuese. Lo que no está en los escritos. Lo que la imaginación de Su Señoría guste mandar…Vellocinos de Oro u otras adoraciones, o.k… Esclavitud, vale, de ella ya tengo ahora (no seria una novedad) y en raciones consuetudinarias…Empleo de conejillo de indias eterno para testar drogas desconocidas, pues claro…Cualquier cosa, todo con tal de asistir a un futuro que ya se me escapa de las manos cada día, con cada achaque.

Luisma, 25 de Julio del 2010