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Yo Escribo Cartas y No Tengo Movil

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Esta es mi idea de “colgar” el móvil.

Llevo muchos años escribiendo y hoy, pensándolo detenidamente, me he dado cuenta de que lo que yo hago es escribir cartas. Al más puro estilo clásico y epistolar, valga la redundancia. Así de simple, aunque no sea tan sencillo explicar a quién se las escribo, o se las dirijo. Las tiro al buzón del aire, del agua, o del éter…que tampoco está muy claro a donde van a parar. Una vez que salen de la pluma y pasan al ordenador y la “red” (web), uno pierde el control de quién las lee y que piensan de ellas.

Y no es que me importe esto, ya que desde el principio decidí no aceptar comentarios al estilo “blog”. A pesar de lo cual, algunos allegados, amigos, o circunstantes, se empeñan en mandarme mensajes relativos a mis escritos. Vale, pero que no proliferen; conozco a “blogers” habituales que despilfarran su vida contestando contínuamente, y sin cesar, a comentarios sobre sus escritos. Como todo en este mundo actual se exagera la medida de la actividad, para bien y para mal, y hay demasiada metralla en este invento del Internet. Son tropezientos los que no tienen nada interesante que decir y se empeñan en colocarnos sus peñazos, a veces pestiños, grasientos y pegajosos, que no hay como quitarse de encima. Muchas veces sin gracia, o con la gracia donde las avispas pierden su honesto nombre.

Con la blogosfera del Internet ha pasado como con los teléfonos móviles, uso indiscriminado, innecesario y hasta absurdo. La gente mantiene conversaciones interminables, preñadas de lugares comunes y repeticiones sin cuento, y la mayoría de las veces sin fundamento y sin nada que decir. Naderías elevadas a la enésima potencia. Conversaciones eternas derivadas hacia ominosos silencios que agotan cualquier posibilidad de comunicación; los interlocutores ya se han dicho lo poco que tenían que decirse y, al no ser nada diferente de la conversación anterior, todo se diluye hasta la consunción.

Algo que he podido comprobar escuchando, a mi pesar, conversaciones entre orgullosos propietarios de sofisticados teléfonos móviles que no se cortan lo mas minimo en “conversar” en público, generalmente en alta voz,. Siempre lo he dicho: por mucho aparato sofisticado que se tenga, si no hay nada que decir, sobra tanta llamadita y tanta técnica. Por cierto, sinónimos aplicables a los teléfonos actuales: ostentosos, refinados, complejos, incluso ampulosos…Parafraseando a la ínclita de Avila: Vivo sin vivir en mi y tan alta llamada espero, que muero por que no…tengo un teléfono celular.

A ver cuanto tiempo puedo aguantar sin cargar con uno de ellos! Cientos de veces ya, he tenido que escuchar esta admonición: que no tienes teléfono móvil! Como puedes? Sé que es una batalla perdida, pero, aguanto como gato panza arriba, o como Custer en Little Big Horn, bandera en alto y hasta el postrer suspiro. A la fuerza ahorcan! En el último embate estoy pensando, muy seriamente, en comprarme “il telefonino”( el sarcasmo de los italianos es magnifico) para observar en su pantallita quién me llama y darme el gustazo de no contestar a las llamadas.

Cosa que por otro lado, ya hace tiempo que hago con el teléfono fijo de casa. Lo digo en el mensaje grabado: has llamado al número tal y tal, deja tu mensaje, no tengas miedo, solo es una máquina…A veces lo contesto evitando que se grabe y fingiendo mi propia voz, y hasta me permito colgarles en las narices, evitando “conversaciones” indeseadas.

Lo dicho, que si es por control…que les den, y si es por aburrimiento…que aburran a sus cabras: que uno esta muy ocupado viviendo, lo que hay y lo que le quede, y no gusta perder el tiempo en habladurias e idioteces. Ah! Y que viva la técnica y los adelantos modernos! Lo cortés no quita lo valiente…y a los telefonitos que los embreen y los emplumen, o que los “cuelguen” (de una soga), que vaya peste!

Luisma, 4 de Agosto del 2010 (Año Triunfal, futbolísticamente hablando)