Monthly Archives: September 2010

El Zoo

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Vosotros…nuestros dioses?…Nooooo!!!

El móvil estaba “descansando” en el fondo del estanque de las tortugas. Abierto y en posición, como si a alguien se le hubiera caído mientras hablaba; aunque me gustaría más pensar que alguno, o alguna, lo hubiera tirado al agua en un momento de ofuscación, después de una de esas conversaciones insulsas que se acostumbran. A lo mejor sonó demasiado. Y supongo que, visitando un zoo, como en tantas situaciones diarias, lo que menos necesitas es hablar por teléfono.

Ni por un momento se me ha ocurrido pensar que las tortugas, también ellas, tengan teléfono. Después de todo, los animales se han lanzado últimamente a la modernidad. Hasta un pulpo se ha hecho famoso…acertando resultados futbolísticos. Porqué no iba a poder comunicarse con sus agentes y avisados representantes? Cosas más raras se han visto.

Hacía ya bastante tiempo que no giraba una visita al zoo de Washington D.C., el Zoo Nacional, dependiente del grupo de los Smithsonian. Al igual que el “Air and Space” y el “Museo Rojo” (el original Smithsonian), el zoo me produjo una sensación de antigualla y decaimiento, que no había sentido en ocasiones anteriores. Algo así como si se hubieran quedado estancados en el tiempo de una museística deslustrada y polvorienta. El imperio se desconcha y las primeras cosas que pierden la cara son las ofertas culturales.

Desde mi punto de vista un zoo, independientemente del concepto de cautividad y vida en ese estado, debe tener una serie de animales al alcance del visitante, suficiente para que la exhibición pueda disfrutar, incluso, de dicho nombre. Era tristísimo, por ejemplo, ver la zona, abierta y enorme, dedicada a los tigres de Bengala. Por todo haber, un solo tigre de aspecto enfermizo y cansado (la excusa del calor ambiente no me acaba de convencer); asediado a silbidos y palmas por la clientela, que a juzgar por los comentarios esperaba más una situación circense que aquella vagancia sin apenas movimiento.

Jaulas y cajas desportilladas y con reparaciones evidentes, redes y vallas remendadas, pasarelas de metal sueltas y deslucidas. Animales, pocos y con el aspecto de ser ellos quienes eran entretenidos por la masa de público gesticulante. Impertérritos ellos, los bichos, podía “leerles el pensamiento” —que hacen estos idiotas? Más les valía estar a cubierto, con esta solanera, y dejar de darnos la lata!—

No soy zoólogo, ni un especialista en animales, excepto en racionales…a los que entiendo bastante bien, sobre todo a la “subespecie americana”. A pesar de ello, me pareció que los animales exhibidos eran viejos, en general, y en no muy buena conservación. Asi que lo más interesante de la visita, fue el disfrutar de las duchas de agua vaporizada y fresquita—buena idea—, porque el zoo es maratoniano y con “la calor” se agradecían las sucesivas pasadas por las duchas. Cien niños y yo las usamos.

El visitar un zoo siempre me produce el mismo tipo de reflexión, enfermiza. Una y otra vez pienso: y si fuéramos nosotros los animales de un zoológico interplanetario, en una especie de exhibición museística de súper avanzado diseño. Podríamos ser el entretenimiento de una especie de “dioses” (!?), que quiero suponer mucho más evolucionados que nosotros.

Ah! Y espero que ellos sean un poco menos indolentes con “sus animales”, por la cuenta que nos tiene. Nuestra proverbial incuria en estos asuntos, podría reflejarse en la forma de actuar de nuestros “dioses”, en cuyo caso, como diría un castellano viejo: estaríamos apañados. Que yo no lo vea y el que venga detrás, que arree!

Luisma, 11 de Septiembre del 2010 (vaya día!)

El viejo Nuevo Mundo

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El puente “Andy Warhol”, al fondo su “hermano” el “Roberto Clemente”, en Pittsburgh. Foto de Andrew Hickey en The Brooklyn Nomad.

El Nuevo Mundo se está haciendo viejo. Aúnque el paisaje, salvo deshonrosas excepciones, sigue tan nuevecito, tan como salido de la tienda. Vieja manera de decirlo, esta, que no puedo recordar de donde me viene. Cada vez los recuerdos se mezclan más con las fantasias y uno acaba no sabiendo a que carta quedarse.

El caso es que, contrariamente a lo sucedido en la vieja Europa y otras partes del mundo, aquí no ha habido miles de años de contínuas guerras, con sus inevitables destrucciones, saqueos, incendios, aterrazamientos, desaparición de bosques, cambios de clima por culpa de todas estas cosas y demás…ya se cuidan ellos, los americanos, desde tiempo ha, de emplazar sus guerras lo mas lejos posible de sus territorios.

Sin embargo, y a pesar de todo, el país se esta haciendo viejo como si tuviera fecha de caducidad; como si los materiales modernos no tuvieran el aguante de las viejas piedras. Por ello, a mi siempre me ha dado la impresión de ser, este, los USA, un país con un cierto halo de provisionalidad. Será mi visión europea, ideas preconcebidas sobre lo clásico y duradero, la piedra, la argamasa, los castillos, los puentes romanos y las carreteras sin cemento.

Ayer estaba haciendo carreras y ejercicios por las colinas de South Side y Mt.Washington y me saltaba a los ojos, y a los pies, el deterioro y descarnamiento de los firmes en las calles y las escaleras de comunicacion entre ellas. En algunos casos, hasta peligrosos agujeros al vacío y daños estructurales en puentes, pasos elevados y calles. En mi colección de americanadas tengo tres enormes antiguos tornillos “sobrantes” de la “reparacion” de un celebrado puente de Pittsburgh, simplemente recogidos del suelo. Dejadez.

Todo ello sin contar la impresión que produce la construcción de madera, sin casi estructura metálica y hecha a gran velocidad. Sensación esta que acentúa el carácter de “provisionalidad”. Un día ves una casa y al siguiente puede haber desaparecido bajo la piqueta y, nunca mejor dicho, en menos que canta un gallo. Y lo opuesto, casi lo mismo, de la noche a la mañana se levanta el tinglado, en madera, de una casa y se hace habitable en un suspiro.

Inevitable la idea que da ello de no reconocer determinadas calles, o barrios, de estas ciudades y en tiempos relativamente cortos.Y más si son sitios que no has visitado en algún tiempo.Todo esto me viene a cuenta de esa moda que veo en España de “producir”, via ordenador, pequeños documentales, generalmente usando fotografías “antiguas”, mostrando los cambios de las ciudades en períodos de cincuenta, sesenta años. Aquí he visto desaparecer, o cambiar esencialmente, barrios enteros en menos de un año.

Otro ritmo de vida, otro concepto de habitabilidad. Viví una década de mi existencia en Houston (Texas) y cuando volví, años más tarde, tuve problemas para reconocer partes de la ciudad. Por eso, quizás, me emperro en vivir en ciudades “viejas”, Pittsburgh, y visitar siempre las “viejas” Chicago, Nueva York, o Washington, que cambian menos en sus centros ciudadanos. Las comillas son inevitables para alguien que viene de la milenaria Salamanca, donde uno nació y le fue dado el esperar que las cosas, y las casas, cambiaran lo menos posible. A lo mejor por eso salí corriendo de allí a la mínima ocasión que tuve.

Y aquí sigo en esta ciudad vieja nueva, del viejo Nuevo Mundo, que se va haciendo más y más vieja a marchas forzadas. Para cuando Pittsburgh sea milenaria (si llega a serlo, que no lo tengo claro) me gustaría saber que habría sido de Salamanca (si llega, que tampoco lo tengo claro). Si el Nuevo Mundo se está haciendo viejo, que pasará con el Viejo Mundo? Me temo que los americanos van a tener que “saltarse” una guerra y dedicar esos presupuestos al remoze de su propio país, antes de que se les caiga a pedazos.

Luisma, 15 de Agosto del 2010