Monthly Archives: October 2010

“Ir al cine”

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“Las Fallas de Pittsburgh” (Cines Loews en South Side)

América es el cine y el cine es América. En todos los sentidos. Cuando me preguntan cual es la mejor aportación de los USA a la cultura moderna, siempre contesto de la misma forma: Marilyn Monroe y Reese’s Peanut Butter Cups. Es y no es una broma; en este tono se esconde una verdad seria e innegable. El Cine y los dulces ricos (“rich”), llenos de grasas y, por tanto, deliciosos y potentemente sabrosos.

El Cine, las películas, la televisión…es un invento americano; se pongan como se pongan las franceses, con sus Lumieres, Melies y sus Truffauts. El negocio del cine fue creado en América, ellos son los que diseñaron como tenía que ser, su composición, su técnica y aparato logístico. La estética de la imagen en movimiento responde, en todas partes del mundo, al modelo americano. Una parte muy importante de la colonización del Imperio actual se ha gestado y producido a través de la imagen cinematográfica. Y si no fuéramos conscientes de ello, bastaría con preguntar a los que hemos vivido unos años en este país, y nos daríamos cuenta de cuan grande es la influencia, el bombardeo de imágenes, y la introducción de costumbres por mediación de ellas.

La distancia entre los continentes y la separación cultural, hoy día, no es tan grande como lo era en tiempos. El charco lo llamamos nosotros, el estanque lo llaman los americanos. Contínuamente, desde mi torre de marfil a este lado del océano, observo los cambios y “mejoras” en la americanización tremenda que, hace ya décadas, invade España y Europa. Todos ellos tienen que ver, o están conducidos a través de la imagen cinematográfica, o televisiva. Son el ariete máximo de la nueva colonización, esta vez en sentido contrario. Europa podía llegar a ser llamada: “Washingtonia”; cosas mas raras se han visto!

Hacía “un rato” que no iba al cine, el de la sala a oscuras y las palomitas de maíz, y me quedé contemplando la parafernalia Disney que dominaba la entrada a las salas de proyección; aquello me recordó los diseños, listos para arder en llamas de las Fallas de Valencia. Antes de que a alguien se le ocurriera quemarlos, que yo tentaciones tuve, no me quedó más remedio que hacer una foto, para mi colección de americanadas. Al fin y al cabo, eso es lo que son la mayoría de las cosas que imitamos.

El caso es que “ir al cine” ha sido sustituido casi totalmente por “ver la televisión”, y ahora, “mirar el teléfono”. Cada vez peor para un “cegastro” (salmantinismo, por cegato) como yo. Esta barahúnda ha aumentado las horas de dependencia de la imagen, hasta extremos nunca vislumbrados cuando todo esto empezó. Es el movimiento más repetido de nuestra vida moderna: arrellanarse (otro salmantinismo) en el sofá y pinchar el control remoto, como si fuera lanzar el ancla. Y bien sujetos que nos tiene!

Los más aviesos insisten en llamar modernización a la americanización. Craso error, que propicia la pereza y la galbana intelectual. Una vez más el inveterado…“que inventen ellos”…y a pagar por todo. Y muy caro, la verdad. Sin embargo, en cuestión de imagen, por más que intentemos cambiar las reglas, lo hacen mucho mejor que nosotros, y que el resto. Así que seguiremos copiándolo todo, o casi todo, y casi siempre para peor.

Y de la dependencia que hemos llegado a tener del cine y de la “tele”, haced una prueba solo para comprobar la sensación de vacío y ansiedad de su falta. Sufrid un apagón de más de siete horas (una furiosa tormenta hace poco me lo procuró) y veréis como es lo de echar de menos la imagen y lo de volver a leer a la luz de las velas y las linternas. La única cosa que no cambia en esta situación es lo ricos que están los Peanut Butter Cups (chocolate relleno de manteca de cacahuete), y esos,—uf!— también los inventaron ellos. Ay! Señor…que cruz!

Luisma, 20 de Octubre del 2010

Retales de verano

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“Con diez cañones por banda…”

Hay algunas cosas que no se mueven, casi nunca, a lo largo de toda una vida. Son fijaciones, costumbres, pruritos, colletillas, maneras, dichos personales repetidos, una y mil veces, hasta la saciedad. Cosas de Luisma, que le dicen en mi caso, y que son celebradas o denostadas según la apreciación que de cada uno tenga el personal.

Cada vez que pienso en un poema, en poesía o algo relacionado con ella, lo primero que me viene a la mente es recitar, a veces en alta voz, la Canción del Pirata de Espronceda: “Con diez cañones por banda…” y declamar llegando hasta el nombre Estambul, donde me detengo en seco. Extraña costumbre para alguien que escribe poesía, admira a Salinas por encima de Lorca, y lo único que se reconoce a si mismo es una gran vena romántica.

A la hora de beber y como no me muero ni por los licores, ni por el vino, ni por la cerveza, a no ser que sean muy, muy buenos…la única palabra que va a salir de mí, son dos: Coca-Cola. Soy un cocacolómano declarado, variedad de dieta y sin cafeína. Los años no perdonan y los médicos tampoco. Desde siempre, en mi recuerdo, al reclamo de —que quieres beber?— Solo hay una respuesta y aunque considere beber otra cosa, siempre acabo pidiendo lo mismo. Hay quien dice que mi movida diagonal, de alfil, a este país fue para estar mas cerca de las fuentes de la Coca-Cola.

Si estuviera a punto de morir y se me garantizara un último deseo, o una última cena, el menú estaría más que claro, para mí, sin dudarlo: arroz blanco con tomate y huevos fritos; desde hace veinte años he añadido las “hash browns”, unas populares patatas fritas americanas. Esa sería mi postrera petición y “con eso y un bizcocho, hasta mañana a las ocho”. Es mi comida confortable, la única que jamás ha hecho daño a mi siniestro estómago; fácil de pedir y hacer en cualquier idioma y muy agradecida.

“No somos nadie, y algunos menos que nadie.” Yo, desde luego no soy nadie sin mi siesta de Don Z., es decir, no menos de veinte minutos, ni más de treinta, sentado o mejor reclinado en el sofá y con el estómago cubierto. Sin ese amago de ella, luego “a la noche” (un salmantinismo) no sería capaz de dedicar, como siempre, unas horas a la lectura. Terminaré acostumbrándome a leer en el ordenador? Tendría que ser a punta de pistola. Y lo de anotar en los márgenes, qué?!

Otro punto es el fútbol y no solo el verlo, también el jugarlo. No sé lo que sería de mi sin poder ver fútbol y su ambiente, aunque solo sea por la televisión. Es la parte más grande de mi relajamiento y descanso semanal. Tampoco quiero pensar que vaya a pasar cuando ya no pueda jugar, como ahora, tres veces a la semana. A pesar de los múltiples dolores del día siguiente, es el ejercicio físico que me mantiene, más o menos, en forma. Moriré con las botas puestas, espero.

No voy a caer en la tentación grandilocuente de dictar, aquí, un epitafio; entre otras cosas porque espero no tener nunca una tumba a mi nombre. Que me quemen como a una falla valenciana, que es la mejor y más rápida manera de ser olvidado; cenizas al viento y a otra cosa, mariposa. Para los amantes de vidas después de la vida, eternidades y esas cosas: con su pan se lo coman. Solo se me ocurre decirles: “Ay! que risa, Tía Marisa”…

Dejaos en paz de chorradas, después de este calor viene el frío y después de la tierra…la nada, el polvo, mientras no me demuestren lo contrario. Lo dicho: No somos nadie… Ah! Y que te recuerden, incluso en vida, no sirve de nada, tampoco. “El muerto al hoyo, y el vivo al bollo”…—Luisma! La cena se te va a quedar fría!—

Luisma, 30 de Setiembre del 2010.