“Ir al cine”

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“Las Fallas de Pittsburgh” (Cines Loews en South Side)

América es el cine y el cine es América. En todos los sentidos. Cuando me preguntan cual es la mejor aportación de los USA a la cultura moderna, siempre contesto de la misma forma: Marilyn Monroe y Reese’s Peanut Butter Cups. Es y no es una broma; en este tono se esconde una verdad seria e innegable. El Cine y los dulces ricos (“rich”), llenos de grasas y, por tanto, deliciosos y potentemente sabrosos.

El Cine, las películas, la televisión…es un invento americano; se pongan como se pongan las franceses, con sus Lumieres, Melies y sus Truffauts. El negocio del cine fue creado en América, ellos son los que diseñaron como tenía que ser, su composición, su técnica y aparato logístico. La estética de la imagen en movimiento responde, en todas partes del mundo, al modelo americano. Una parte muy importante de la colonización del Imperio actual se ha gestado y producido a través de la imagen cinematográfica. Y si no fuéramos conscientes de ello, bastaría con preguntar a los que hemos vivido unos años en este país, y nos daríamos cuenta de cuan grande es la influencia, el bombardeo de imágenes, y la introducción de costumbres por mediación de ellas.

La distancia entre los continentes y la separación cultural, hoy día, no es tan grande como lo era en tiempos. El charco lo llamamos nosotros, el estanque lo llaman los americanos. Contínuamente, desde mi torre de marfil a este lado del océano, observo los cambios y “mejoras” en la americanización tremenda que, hace ya décadas, invade España y Europa. Todos ellos tienen que ver, o están conducidos a través de la imagen cinematográfica, o televisiva. Son el ariete máximo de la nueva colonización, esta vez en sentido contrario. Europa podía llegar a ser llamada: “Washingtonia”; cosas mas raras se han visto!

Hacía “un rato” que no iba al cine, el de la sala a oscuras y las palomitas de maíz, y me quedé contemplando la parafernalia Disney que dominaba la entrada a las salas de proyección; aquello me recordó los diseños, listos para arder en llamas de las Fallas de Valencia. Antes de que a alguien se le ocurriera quemarlos, que yo tentaciones tuve, no me quedó más remedio que hacer una foto, para mi colección de americanadas. Al fin y al cabo, eso es lo que son la mayoría de las cosas que imitamos.

El caso es que “ir al cine” ha sido sustituido casi totalmente por “ver la televisión”, y ahora, “mirar el teléfono”. Cada vez peor para un “cegastro” (salmantinismo, por cegato) como yo. Esta barahúnda ha aumentado las horas de dependencia de la imagen, hasta extremos nunca vislumbrados cuando todo esto empezó. Es el movimiento más repetido de nuestra vida moderna: arrellanarse (otro salmantinismo) en el sofá y pinchar el control remoto, como si fuera lanzar el ancla. Y bien sujetos que nos tiene!

Los más aviesos insisten en llamar modernización a la americanización. Craso error, que propicia la pereza y la galbana intelectual. Una vez más el inveterado…“que inventen ellos”…y a pagar por todo. Y muy caro, la verdad. Sin embargo, en cuestión de imagen, por más que intentemos cambiar las reglas, lo hacen mucho mejor que nosotros, y que el resto. Así que seguiremos copiándolo todo, o casi todo, y casi siempre para peor.

Y de la dependencia que hemos llegado a tener del cine y de la “tele”, haced una prueba solo para comprobar la sensación de vacío y ansiedad de su falta. Sufrid un apagón de más de siete horas (una furiosa tormenta hace poco me lo procuró) y veréis como es lo de echar de menos la imagen y lo de volver a leer a la luz de las velas y las linternas. La única cosa que no cambia en esta situación es lo ricos que están los Peanut Butter Cups (chocolate relleno de manteca de cacahuete), y esos,—uf!— también los inventaron ellos. Ay! Señor…que cruz!

Luisma, 20 de Octubre del 2010