Monthly Archives: November 2010

La Ene

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Retrato de le Ene, la mirada que nunca cambió.

Algunas noches son como esta. No es la primera vez, ni será la última. Seguiré pensando en ti, como casi todos los dias. Todos sería mucho pedir, espero que lo entiendas. Eres parte, una gran parte, de mi vida y por eso te escribo y te pienso. Escribirte es pasar el rato contigo, acordarme de ti, soñar que estás alegre como yo y que lo estarás, algún día, cuando estés leyendo, o releyendo esto. Cuando leas que nunca te olvido, que mi pensamiento siempre te tiene presente.

Y casi siempre es en la noche, sin más interferencias que mi ruido cerebral; y el añadido de alguna sirena de bomberos o policía; a mayores (salmantinismo) de los ruidos, como arañazos, de las ardillas en el desván (ya sabes, nuestro amigo Cabezón, que me manda saludarte). El día que naciste, un día como hoy, empezaste a ser una gran parte de mi mismo, algo así como mi otro yo, o como mi otra yo. Mi parte femenina, la que me falta y nunca conseguí tener con las otras mujeres de mi vida.

Y sin pretenderlo, sin estar avisado; de la misma forma que otras ignorancias se han cubierto, o descubierto, viviendo de las vivencias y no de las enseñanzas. Enseñanzas otras, conocimiento, el darte cuenta, apercibimiento de tantas cosas que nunca tuve y que ahora, en estas instancias vitales, parecería que vienen solas. Con esa forma de venir tan natural, y tan fácil de entender a estas alturas de mi vida.

Echo de menos el tiempo que no pasé contigo, el de haberte transmitido tantas ideas, el de haberte visto crecer, como te ví en los primeros diez años. Te echo de menos esta noche como tantas, tantísimas otras. Me faltaría el poder volver atrás, a otras noches. Las de contarte el cuento de Caperucita Comunista, las de cuidarte los ojos a la funerala por la caída en las escaleras del cine Gran Vía. Y las mañanas también, aquellas de llevarte al colegio, o las de venir conmigo los domingos a “ hacer fotos”…y esas otras miles de cosas, que ya nunca volveremos a hacer juntos. Haremos otras, pero me temo que no serán tan placenteras como aquellas.

Algunas noches son como esta. Muchas. Puedo pasar la noche llorando tinta como un calamar; a modo de autodefensa, claro. Pero esto no va a cambiar lo mucho que te echo de menos, y que reverdece cada vez que te veo. Menos de lo que quisiera. Han pasado más de veinte años desde que empecé a echarte en falta y aún no me he acostumbrado a no estar contigo. Nunca me acostumbraré.

Por eso, y por muchas otras cosas, algunas noches son como esta…

Luisma, escrito el 4 de Abril del 2010

Zane Grey

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Vista aérea del puente de Zanesville, en una vieja postal.

Que estoy haciendo en el coche, corriendo por una carretera americana? Árboles, nombres, signos…ráfagas que huyen. Por seguir cosas del pasado, situaciones periclitadas, lecturas terminadas. Evocaciones de los sueños que eran de otras personas y aún están en mi recuerdo. El sentido y el pulso de cosas que vuelven, revividas por un nombre, o la presencia geográfica de una conexión encontrada al azar.

Para mi, hay dos maneras de viajar. Una es hacerlo en avión, que va rápido y el pensamiento con él, también. Punto A. a punto B., sin casi reflexión de lo que pueda haber entre ellos, aparte del aire. Otra manera es la carretera, el coche, las horas muertas y la ensimismación. El pensar y revolver el entresijo mental, por un tiempo en el que no hay otra cosa que hacer. La mecánica de la conducción procura esas situaciones.

Espacios para pensar…y estas carreteras llenas de carteles, generalmente verdes y blancos, y nombres del más variado cuño. Cada nombre en un cartel tiene un tiempo, desde que se avista hasta que se pasa y su recuerdo se apaga. Ese es el tiempo con que dicho nombre cuenta para avivar el sentido de la conexión mental que nos produce. Si el recuerdo queda o no, depende solo de la fuerza o el tirón de dicho recuerdo.

Viajar por el estado de Ohio, en principio, no presenta muchas posibilidades que puedan establecer o retrotraer un recuerdo. O eso es lo que uno piensa…error! La liebre puede saltar en cualquier momento. Zanesville, 5 Millas , ese es el tiempo que tienes para examinar los recuerdos que te traen los signos. Hacía muchos años que no recordaba ese nombre y nunca hubiera pensado que fuera el mismo. Zanesville, lugar de nacimiento de Zane Grey, el escritor favorito de mi padre, en cuestión de novelas del Oeste americano. Escritor prolífico y cuyas novelas podía recordar físicamente, con su diseño grafico de portada de anchas bandas y color rojo sangre a medio coagular.

Cinco millas para recordar aquellas novelas que siempre estaban en su mesilla de noche y que yo también leía, a veces, pues la oferta de lecturas no era muy grande en aquellos tiempos. Novelas románticas y cortadas, casi siempre, por el mismo patrón. Intente leer, días después, una de ellas por aquello del recuerdo. Se me “cayó” del interés muy rápidamente, a pesar de unas buenas descripciones de los paisajes del Pennsylvania, que fue por un tiempo la frontera, el Oeste. No la pudo salvar ni el hecho de leerla en su idioma original.

En Zanesville paré a la vuelta de aquel viaje porque, en el ínterin, encontré que tenía un museo dedicado al personaje y pude constatar que el escritor y su vida eran mucho más interesantes que sus novelas. El lugar es un sitio como otro cualquiera; paisaje agradable de media montaña y solo algo especial que me llamó la atención: un puente (siempre me atraen los puentes). Un puente verdaderamente único, en planta de Y griega, la letra que ahora pretende la Academia que llamemos “ye”.

Me sorprendió que al pedir direcciones me dijeran: a la mitad del puente tuerza a la derecha (!?). Creí que no había entendido bien, hasta que llegué a la disyuntiva, dos ramales, con semáforos incluidos! Más tarde, averiguando por curiosidad sobre dicho puente, leí que era considerado históricamente un punto de guía, en los primeros tiempos de la aviación. Amelia Earhart decía que ver el puente de Zanesville era saber que estaba en Ohio y cuanto le quedaba para ganar la costa Este.

Algún día escribiré más sobre Zane Grey, el personaje. Hoy cumplió el objetivo de traerme el recuerdo de mi padre y el pensamiento de que, decididamente, le hubiera encantado este país.

Luisma, 1 de Noviembre del 2010