Zane Grey

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Vista aérea del puente de Zanesville, en una vieja postal.

Que estoy haciendo en el coche, corriendo por una carretera americana? Árboles, nombres, signos…ráfagas que huyen. Por seguir cosas del pasado, situaciones periclitadas, lecturas terminadas. Evocaciones de los sueños que eran de otras personas y aún están en mi recuerdo. El sentido y el pulso de cosas que vuelven, revividas por un nombre, o la presencia geográfica de una conexión encontrada al azar.

Para mi, hay dos maneras de viajar. Una es hacerlo en avión, que va rápido y el pensamiento con él, también. Punto A. a punto B., sin casi reflexión de lo que pueda haber entre ellos, aparte del aire. Otra manera es la carretera, el coche, las horas muertas y la ensimismación. El pensar y revolver el entresijo mental, por un tiempo en el que no hay otra cosa que hacer. La mecánica de la conducción procura esas situaciones.

Espacios para pensar…y estas carreteras llenas de carteles, generalmente verdes y blancos, y nombres del más variado cuño. Cada nombre en un cartel tiene un tiempo, desde que se avista hasta que se pasa y su recuerdo se apaga. Ese es el tiempo con que dicho nombre cuenta para avivar el sentido de la conexión mental que nos produce. Si el recuerdo queda o no, depende solo de la fuerza o el tirón de dicho recuerdo.

Viajar por el estado de Ohio, en principio, no presenta muchas posibilidades que puedan establecer o retrotraer un recuerdo. O eso es lo que uno piensa…error! La liebre puede saltar en cualquier momento. Zanesville, 5 Millas , ese es el tiempo que tienes para examinar los recuerdos que te traen los signos. Hacía muchos años que no recordaba ese nombre y nunca hubiera pensado que fuera el mismo. Zanesville, lugar de nacimiento de Zane Grey, el escritor favorito de mi padre, en cuestión de novelas del Oeste americano. Escritor prolífico y cuyas novelas podía recordar físicamente, con su diseño grafico de portada de anchas bandas y color rojo sangre a medio coagular.

Cinco millas para recordar aquellas novelas que siempre estaban en su mesilla de noche y que yo también leía, a veces, pues la oferta de lecturas no era muy grande en aquellos tiempos. Novelas románticas y cortadas, casi siempre, por el mismo patrón. Intente leer, días después, una de ellas por aquello del recuerdo. Se me “cayó” del interés muy rápidamente, a pesar de unas buenas descripciones de los paisajes del Pennsylvania, que fue por un tiempo la frontera, el Oeste. No la pudo salvar ni el hecho de leerla en su idioma original.

En Zanesville paré a la vuelta de aquel viaje porque, en el ínterin, encontré que tenía un museo dedicado al personaje y pude constatar que el escritor y su vida eran mucho más interesantes que sus novelas. El lugar es un sitio como otro cualquiera; paisaje agradable de media montaña y solo algo especial que me llamó la atención: un puente (siempre me atraen los puentes). Un puente verdaderamente único, en planta de Y griega, la letra que ahora pretende la Academia que llamemos “ye”.

Me sorprendió que al pedir direcciones me dijeran: a la mitad del puente tuerza a la derecha (!?). Creí que no había entendido bien, hasta que llegué a la disyuntiva, dos ramales, con semáforos incluidos! Más tarde, averiguando por curiosidad sobre dicho puente, leí que era considerado históricamente un punto de guía, en los primeros tiempos de la aviación. Amelia Earhart decía que ver el puente de Zanesville era saber que estaba en Ohio y cuanto le quedaba para ganar la costa Este.

Algún día escribiré más sobre Zane Grey, el personaje. Hoy cumplió el objetivo de traerme el recuerdo de mi padre y el pensamiento de que, decididamente, le hubiera encantado este país.

Luisma, 1 de Noviembre del 2010