La Ene

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Retrato de le Ene, la mirada que nunca cambió.

Algunas noches son como esta. No es la primera vez, ni será la última. Seguiré pensando en ti, como casi todos los dias. Todos sería mucho pedir, espero que lo entiendas. Eres parte, una gran parte, de mi vida y por eso te escribo y te pienso. Escribirte es pasar el rato contigo, acordarme de ti, soñar que estás alegre como yo y que lo estarás, algún día, cuando estés leyendo, o releyendo esto. Cuando leas que nunca te olvido, que mi pensamiento siempre te tiene presente.

Y casi siempre es en la noche, sin más interferencias que mi ruido cerebral; y el añadido de alguna sirena de bomberos o policía; a mayores (salmantinismo) de los ruidos, como arañazos, de las ardillas en el desván (ya sabes, nuestro amigo Cabezón, que me manda saludarte). El día que naciste, un día como hoy, empezaste a ser una gran parte de mi mismo, algo así como mi otro yo, o como mi otra yo. Mi parte femenina, la que me falta y nunca conseguí tener con las otras mujeres de mi vida.

Y sin pretenderlo, sin estar avisado; de la misma forma que otras ignorancias se han cubierto, o descubierto, viviendo de las vivencias y no de las enseñanzas. Enseñanzas otras, conocimiento, el darte cuenta, apercibimiento de tantas cosas que nunca tuve y que ahora, en estas instancias vitales, parecería que vienen solas. Con esa forma de venir tan natural, y tan fácil de entender a estas alturas de mi vida.

Echo de menos el tiempo que no pasé contigo, el de haberte transmitido tantas ideas, el de haberte visto crecer, como te ví en los primeros diez años. Te echo de menos esta noche como tantas, tantísimas otras. Me faltaría el poder volver atrás, a otras noches. Las de contarte el cuento de Caperucita Comunista, las de cuidarte los ojos a la funerala por la caída en las escaleras del cine Gran Vía. Y las mañanas también, aquellas de llevarte al colegio, o las de venir conmigo los domingos a “ hacer fotos”…y esas otras miles de cosas, que ya nunca volveremos a hacer juntos. Haremos otras, pero me temo que no serán tan placenteras como aquellas.

Algunas noches son como esta. Muchas. Puedo pasar la noche llorando tinta como un calamar; a modo de autodefensa, claro. Pero esto no va a cambiar lo mucho que te echo de menos, y que reverdece cada vez que te veo. Menos de lo que quisiera. Han pasado más de veinte años desde que empecé a echarte en falta y aún no me he acostumbrado a no estar contigo. Nunca me acostumbraré.

Por eso, y por muchas otras cosas, algunas noches son como esta…

Luisma, escrito el 4 de Abril del 2010