Periodismo y Tremendismo

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Salvador Dalí, titulo apócrifo: “Retrato de Troll”

De un tiempo a esta parte, yo diría que se ha venido gestando desde comienzo del siglo, incluso antes, el periodismo ha dado un giro tremendo hacia eso: el tremendismo. Contagiado, posiblemente, por la violencia cada vez mayor en el ambiente. El otro poder se ha convertido en el Poder, así, con mayúscula. Antes, los periódicos eran algo que solo algunos leían: los ya de por si, usualmente, bien informados. La información era poco menos que algo específico de un par de determinadas horas de televisión, muy generalista y localista, con una pequeña sección titulada: Internacional. Algo muy elástico aquí, donde las noticias internacionales de las cadenas europeas son sustituidas por la información nacional. Mirarse el ombligo en el espejo.

El mundo, para los americanos, es lo que pasa en el resto de los Estados Unidos. Solo las tragedias, y los avatares de la economía internacional merecen una atención somera en los telediarios norteamericanos. En más de veinte años que llevo viviendo en este país, a nivel popular y del ciudadano de a pie, jamás he visto, o muy raramente, una información que incluyera la opinión de otros países por las cosas americanas. No les interesan esas opiniones. Por eso, demócratas o republicanos, el concepto de la excepcionalidad de este país está arraigado en ellos. Basta oír a cualquier presidente americano para escuchar inveteradamente que son el faro de guía del mundo y la democracia excepcional, ejemplo de vida y milagros, por siempre y para siempre.

Contrariamente a esto, en nuestras informaciones españolas y europeas el contenido de noticias sobre Norteamérica es grande y diario. Supongo que es el pago por el sometimiento al Imperio, en todos los sentidos. Otra cosa es el imperio de la horterez, banalidad, mal gusto, y cada día, más dudosa escritura. El idioma se resiente, nuestros informadores escriben de mal en peor y sospecho que el famoso, y nunca bien ponderado, corrector de pruebas es una figura que se pierde en la noche de los tiempos. Las ediciones online de nuestro periódicos necesitarían un mucho de esta medicina. Y la explicación que me dan es una excusa lamentable: la inmediatez.

La solución: escribir bien, y ortográficamente correcto, desde la primera tacada. Es como si el médico de emergencias pidiera tiempo para estudiar el caso y no tuviera que aplicar su ojo clínico lo más rápidamente posible. Con el dichoso Google y los diccionarios online, la investigación y la consulta van a la velocidad del…ordenador que uno tenga. Sustituyendo esto al vasto saber y entender de aquellos periodistas de antaño, algunos, cuyo mayor título honorífico era ser cultos y hábiles con la pluma. Cualquiera tiempo pasado no necesariamente fue mejor, pero, en periodismo parece que si.

En el mundo de hoy y en el periodismo de hoy, lo que más se aprecia es la lucha por el poder en las ondas y las galeradas, sean estas vegetales o digitales. La obviedad de esta lucha político-económica es tan tremenda que podría ir al diccionario como definición de tremendismo. Se le puede añadir también unas fuertes dosis de vulgaridad, falta de estilo literario y algo que a mi, particularmente, me hace rechinar los dientes a menudo: tremendas faltas ortográficas, y sin posterior corrección, con un pasotismo espectacular por parte del editor.

Todo esto por no citar las más grande de las manías online, instaurada hace pocos años, la estupidez de reflejar las “opiniones” de, salvo honrosas excepciones, enormes manadas de burros e iletrados “lectores”. Incapaces de juntar frases coherentes y con la particularidad de acudir contínuamente al insulto y al vómito, torpedeando los mal llamados foros. Eso, sin casi siquiera citar al gusano más venenoso del mundo actual: el Troll, que Buda, Mahoma, Jehová y Dios confundan…tremendo! Y los “periodistas” viéndolas venir! Lamentable. Que todos esos dioses me pillen confesado, literariamente, Amén.

Luisma, 14 de Febrero del 2011 (San Valentín)