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De Exordios y Chirimías

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No todo es lo que parece (Luisma en Paris) Foto de S.

Exordio y chirimía son dos palabras que, por alguna razón que se me escapa, están unidas en el tiempo y en el conocimiento. Me estoy refiriendo a mi tiempo y a mi conocimiento; o si se quiere, a una unión de las dos en el recuerdo. Recuerdos, que no añoranzas, ni nostalgia de otros tiempos—otrora, que dirían los clásicos. Memoria de aquella película española, en la que Luisma era el protagonista principal. Como cada cual en la suya propia. Celuloide rancio.

Hoy en día, uno vive en otra clase de filme muy diferente. Como dice Sol, hija y voz de la conciencia: mi padre vive en una película americana de serie B. Lo de voz de la conciencia parece que venía incluido en el filial paquete de “aplicaciones”, como las de un teléfono actual. Quiero pensar que ella se refiere a una de esas cintas americanas, atractivas, bien hechas pero de bajo presupuesto, actores “correctos” pero sin estrellas. Algo así como aquellas “pelis” folklóricas españolas clásicas que, ahora, se celebran tanto. Aquél era mi tiempo de exordios y chirimías.

Hasta hace muy pocas fechas uno tenía la idea, falsa por demás, de creer que un exordio era aquella especie de discurso o alocución que, con voz cantante y entreverada de latines, alguien discretamente vestido de lutos rigurosos “amenizaba” los acompañamientos procesionales de los entierros de mi niñez. Las “conducciones” del cadáver eran a hombros por las calles, terminando a las puertas de lo que era mi colegio de bachillerato, frente al parquecillo de S. Francisco, desde donde seguían en coche, camino del cementerio.

Aquellos supuestos exordios, así creía yo que se llamaban, eran acompañados de música de chirimía con el contrapunteado de fagot. Ritmo funeral que no sé si estaba en la mente de los creadores originales de dichos instrumentos. El caso es que la chirimía se me quedó funeralmente clavada en la memoria; a pesar de que tenía, y tiene, toda una tradición académica, muy otra que la de duelo, en la universidad salmantina. A sus sones se desfilaba a las llegadas y las salidas de los nuevos doctorandos, en la pompa y circunstancia exigida por las muy ascéticas normas del viejo estudio salmanticense. Un par de chirimías, cuatro maceros, togas,esclavinas y birretes de diferentes colores.

Así pues, poco ha, me enteré que un exordio no era nada de aquello, sino un preámbulo, prefacio, prólogo, prolegómeno, o comienzo de una obra literaria. Es claro que ese viciado entendimento me ha seguido a lo largo de la vida, al menos hasta lo de hoy. Nunca es tarde. Las chirimías jamás me han seguido, y raramente he pensado en ellas. La última vez fue en dos peliculas, de cuyos nombres ni quiero, ni puedo, acordarme: un “Bollywood” terroríficamente malo, un verdadero pestiño; y una de los hermanos Marx, ésa si siento no poder acordarme. En ellas aparecían chirimías, o algo muy parecido. Uno consume películas, igual que otros cunsumen drogas.

Z., que no es quien el lector pudiera imaginar, sino mi hermano el que me sigue en edad, y que es ducho en palabras y en juntarlas adecuadamente, fue quien me puso la duda al usar la palabra exordio en forma que no me cuadraba. Naturalmente, acudí al Internet para cerciorarme y héteme aquí (el héteme aquí unamuniano, que tanto me gusta) que pude salir de un error de años. Gracias. No todo es lo que parece. En lo de la chirimía no tenía dudas y, a pesar de ello, hice la pertinente investigación internética. Ahora ya sé un huevo más sobre dicho instrumento, heredero de los primitivos caramillos; lo cual no sé si sirve para mucho.

Me dicen, los que siguen mis exordios, que muchas veces tienen que investigar, via Internet, algunas de las palabras que uso. La gente no lee, o lee poco. Juro, por quien haya qué, las palabras que uso están todas dentro de mi mollera. Raramente uso sinónimos que necesite investigar. Eso sí, con el tiempo, y hace ya muchos años, me convertí a una religión, que practico diariamente: el Googleicismo. Un culto sin Iglesia, sin Dios y sin Profeta, pero con millones de fieles. De vez en cuando le pongo velas al “laptop”. Que otra cosa puedo hacer.

Luisma, 10 de Abril del 2011

La Tribuna

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Mr. Lincoln perorando en una tribuna politica

Esta mañana, mientras soñaba con el café que ya no tomo, me ha caído en las manos un viejo periódico. En realidad, no es tan viejo, es de hoy. Lo de viejo es porque es de papel y hacía ya tiempo que no hojeaba ninguno de los que quedan. Todo lo que leo, de noticias,es “online”. Con sus pros y sus contras. Y ahí estaba yo sobrevolando las páginas de un periódico clásico, con un título de cabecera de un tremendo olor a naftalina: “La Tribuna”.

Estamos en un día cualquiera, a mediados de semana, en Marzo del año 2011. El siglo acelera que es una barbaridad, como si tuviera prisa; ya una década inevitablemente vencida. “Naturalmente”, hay guerra, para no perder el paso, y no en una sino en varias partes del mundo; ya nos hemos “acostumbrado”, infelizmente, a esta situación bélica contínua que nos retrotrae a tiempos del medioevo. La diferencia no es tanta, si excluimos el propósito de tecnificar las batallas para evitar la participación de soldados de a pie. La vieja infanteria está a punto de desaparecer. Veremos.

Me topo, diseño de este periódico y de la mayoria de los diarios americanos, con una página, la anteúltima (salmantinismo), que condensa el ideario y la filosofía de la publicación. Contiene editoriales, comentarios y algunos chistes gráficos, políticos, claro. Enseña, esta página, los “verdaderos colores”(true colors) del periódico. Una página sin publicidad. Para empezar, evitan la palabra: guerra. Titulan: La Campaña de Libia. El resumen del comentario es que el presidente Obama “no está siendo suficientemente decisivo, es confuso, y eso no impresiona al Tirano de Trípoli para bajarse de su trono”.

El siguiente editorial rememora el intento de asesinato del presidente Reagan, de lo cual se cumplen 30 años, ahora. Viene a decir que, John Hinckley, el autor de los disparos, no solo no sea liberado, sino que se le anulen sus salidas fuera de la institución en la que está internado. Recuerda que si bien Reagan ya murió, queda su mujer, Nancy, y Jodie Foster, la actriz, a quien parece ser quería impresionar con el magnicidio. Respirando e inspirando.

Otro editorial cambia el tercio, criticando los bikinis con relleno en las copas, de la firma Abercrombie & Fitch, para niñas de 7 años y en adelante, y curiosamente rebotando el comentario al presidente de Venezuela, Hugo Chavez, que urge a las mujeres de su país a olvidarse de los transplantes mamarios por ser demasiado capitalistas. Aunque dice que el venezolano no menciona los implantes de trasero, también populares en dicho pais. Más adelante, acusa de evasión de impuestos a un grupo editorial que, afirma, mantiene una guerrilla, y sabotajes, contra el superderechista Canal Fox News. Las “guerras” interiores merecen pocas lineas.

La segunda columna es un sandwich de un largo y monótono comentario sobre condiciones ambientales y calidad del aire respirable en el estado de Pennsylvania. En medio de dos chistes gráficos, uno crítico con el presidente demócrata y otro, críptico, sobre la Radio Pública (gratis y sin publicidad) Nacional, NPR, sobre elitismos culturales y la mayoria del americano medio. Ambos carentes de gracia dibujística e incluso de humor político. La idea de un editorial no partidista, en beneficio de lo común, parece imposible a la superderecha. Ni siquiera sobre el aire que se respira.

La tercera columna, contiene un largo, ácido y lacrimoso comentario de un dinosaurio político,—antiguo y fracasado optante al sillón presidencial, en los tiempos de Bill Clinton—, sobre la forma de iniciar el conflicto de Libia por el actual presidente. No critica el hecho del bombardeo, sino la capacidad de Obama de hacerlo sin el “permiso” del Congreso de los Diputados. Una posible “anticonstitucionalidad” en la que no cayeron Bush, padre e hijo, con sus guerras. Por cierto, guerras que todavía no han sido solventadas.

La página contiene todos los tics y lugares comunes partidistas de demócratas y republicanos, es decir, de la derecha y la superderecha; no otra cosa se puede encontrar en este país. La “izquierda” americana hay que buscarla con lupa, de puro pequeña que es, y toda ella lleva la coletilla de “liberales” o “comunistas”. Encontrar un comunista americano exige un detector de metales, y aún asi el pajar es demasiado grande.

Uno echa de menos, a este punto, las auténticas tribunas de oradores políticos; de las que ya solo quedan grabados y viejas fotografías. Solo los blogs internéticos intentan parecerse, con una sustancial diferencia: no existe el “en persona”. Una lástima. Como decía aquél: para llamar hijo de …, me gusta mirar a la persona a la cara.

Luisma, 30 de Marzo del 2011