Monthly Archives: June 2011

“Viajes con Steinbeck”

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En un avión también se escribe…

En el fondo, estoy dispuesto a que me pase lo mismo que a Steinbeck, salvadas todo tipo de correspondientes y adecuadas distancias y con perdón de mi circunstancia. Juro que no es arrogancia, sino sana envidia de alguien que sí sabía escribir. Me estoy yendo a España y como siempre que lo hago, me llevo su “Viajes con Charley”; es como una droga sana o como una necesidad, que puede incurrir en el vicio. Escribo en el avión, pero esa es otra historia. Steinbeck me va diciendo que no me fie de mi memoria, a la hora de escribir, y en sus páginas encuentro siempre cinco mil consejos que no sigo, y olvido, aunque supongo que por repetición y ósmosis deben servir para algo.

Decía que: ojalá! Y me pase como a él, que el olor de la hierba, los árboles y los vertederos…ver las colinas y el agua, su color y la calidad de la luz, me reverdezcan las memorias y al calor del habla de España pueda escribir sobre ella y lo que de ella queda en mí. Este viaje, como otras veces, debería servirme para ello. Y lo bueno de ser un total desconocido, incluso para los que me conocían antes, es que nadie va a molestarme en el transcurso de mi pesquisición. Nadie va a seguir el rastro de un caracol que, espero, no resulte muy babeante.

La verdad es que la idea de Steinbeck de recorrer su país en un coche-casa (en su caso un coche-caracol) era y es muy tentadora, por muchas razones; entre ellas, intimidad y anonimato, o debería decir: soledad. Problemas económicos, y sobre ellos el salto del charco con toda la impedimenta necesaria, impidieron (nunca mejor dicho!) que ni siquiera la idea de la idea llegara a cogüelmo (salmantinismo o sorianismo, no lo tengo muy claro). Así que me veo impelido a usar casas ajenas, no por ello menos acogedoras que sus habitantes, y alquilar una montura de menos fuste. Eso sí, con un nombre de altos vuelos: Clio, “despendolada” musa de la historia, y que es un Renault y no un Rocinante. Una musa con ruedas.

El bueno de Steinbeck se recorrió, de esa guisa, treinta y cuatro estados americanos y más de dieciséis mil kilómetros. Lo mío no va a ser tanto, entre otras cosas porque España es menos que la mitad de Texas. Me propongo, aunque el plan todavía está en el aire: Madrid, Salamanca, Valladolid, un tanto de Cantabria y otro tanto del País Vasco español y quizá llegar al francés. Asomar la nariz a Biarritz y volver, lógicamente con sus correspondientes intermedios y usando siempre mi habitual gusto y atracción por los carteles de carretera. Un nombre me suena, y voy… me salgo y lo veo. No está mal para un mes, que es para lo que dan mis escurridas finanzas. En cualquier caso lo más importante del viaje es vivir, y vivirlo con ella. Me refiero a S. (Ese Punto) compañera de ya ocho años, largos y felices. Ver España a través de sus ojos. Un reto y un placer. Porque siendo americana, californiana, es muy irlandesa, más que los tréboles de cuatro hojas. Esa es mi suerte.

Steinbeck pensó que en ese largo periplo podría escribir algún ensayo, seguramente notas y ciertamente cartas. Se proveyó de toda clase de materiales de escritura, enciclopedias, diccionarios, máquina de escribir, libros de referencia…Como cambian los tiempos! Hoy, unas cuantas hojas de cuaderno amarillo, un bolígrafo de larga duración y el computador de S. Con todos los Internets dentro (Al Gore dixit). Y, hála! A la carretera, con la musa puesta, a pillarme un empacho de España, de aire, sol, pescados cantábricos, algún vinito, leche buena (que mala ya he tenido demasiada, últimamente), ponerme ciego de dulces y no acordarme, para nada, de mi vida anterior. Esa de la que no despotrico, pero de la que paso olímpicamente y no hecho de menos.

A la altura de acabar, y editar este post, ya en tierra, se me han olvidado todos los consejos, admoniciones y advertencias de Steinbeck y me toca, como en el Juego de la Oca volver a la “salida” y empezar otra vez a leer el “Viajes con Charley”. A ver si se me queda algo, de una vez, o si el primer capitulo me ilumina y soy capaz de escribir algo coherente sobre mi viaje. Así mismo, ya estoy listo para darme cuenta de que no reconozco mi propia tierra, o que ya no es el país que yo conocí, y que tendré que escribir de memoria. De qué, cual memoria? Ya hace más de veinte años que no vivo aquí, y más de cuarenta, y cincuenta, que no piso alguno de los sitios que me propongo visitar. Allá voy! De oca a oca, y tiro porque me toca…

Con la memoria distorsionada por los años… Redescubrir las pequeñas verdades diagnósticas que son el fundamento de una verdad más grande. (John Steinbeck)

Luisma 8 de Junio de 2011

Custer y la Farmacia

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“Custer’s Last Stand” en soldaditos de plomo. Magnífico. Me gustaría tener esta pieza para mi colección de americanadas.

Uno va con el siglo, su siglo, y si este va a caballo de dos…pues también vale. Nací a mitad del siglo pasado y por aquí estoy tratando de durar lo más posible en esta centuria—Veremos, dijo un ciego. Unos duran más que otros, pero al final y a la postre, todos caemos. Mi padre solía decir chistosamente: se están muriendo todos, todos los que no se habían muerto antes. Sin embargo, hoy no se ha muerto nadie, al menos que yo conozca; hoy, ha fallecido “mi” farmacia. De muerte natural (¿!)Cerrado por derribo, cerrado para siempre. R.I.P.

En los últimos días y ante la inminencia del deceso, había estado un par de veces charlando con el dueño que, haciendo memoria, me contaba el anecdotario de la que ha sido mi farmacia en los últimos once años. Dueño que empezó como “chico de los paquetes”, ayudante, mancebo y, finalmente, propietario. Después de toda una vida en ella que, sorprendentemente, coincidía con la mía. La farmacia abrió en 1945 y cierra en 2011, sesenta y seis años después, más o menos por las fechas de mi jubiloso jubileo.

Chuck, el farmacéutico de marras, es lo que llamaríamos una bellísima persona. Habla un poquito de español, aprendido de su padre que fue Brigadista Internacional en la guerra civil española. Siempre saludándome con gran corrección, mentándome a Franco a la menor, y hablándome, con su media lengua en español, para sorpresa y encanto de los clientes presentes. Es una relación original, jamás le he visto fuera de las cuatro paredes de la farmacia y por tanto su “otra” vida es un misterio, como lo son tantas vidas que discurren alrededor de uno. Aún así, el tipo me parece buena gente y alguien de una integridad pristina.

Signo de los tiempos, mi farmacia, como tantos otros pequeños negocios personales están sucumbiendo al ataque feroz y voraz de las grandes superficies. Chuck se ha resistido, con denuedo, como gato panza arriba, reduciendo plantilla, bajando los precios hasta la extenuación y peleando hasta el último tiro. Rodeado de “indios” por todas partes y aferrado a “su” bandera, según sus propias palabras: como el general Custer en la batalla de Little Bighorn. Muy americano. Muy de película. Muy triste.

La imagen de Custer, George Armstrong Custer, el derrotado mas glorioso de la historia de este país. Glorificado, claro, por el cine en multitud de películas y referencias. Siempre me llamó la atención este hombre. Un aprovechado de la guerra civil. Fue el último de su promoción en la academia de West Point y resultó ser un buen oficial durante la guerra. Tuvo buenos amigos y compañeros y fue ascendido a Mayor General y al terminar la contienda, como tantos otros, fue reducido a la categoría de capitán. Peleando en la Indian War, que así llaman los americanos a la exterminación de los indios aborígenes. En esta situación encontró su final en la ya célebre batalla de Little Bighorn.

La imagen famosa de Custer, enarbolando la bandera del mítico 7º de Caballería, al pie del cadáver de su caballo y rodeado de indios amenazantes y de los cuerpos de sus asistentes, también muertos, probablemente no se corresponde con la realidad de los acontecimientos. Ciertamente, la chaqueta de ante con los flecos, la perilla y el pelo largo y rizado, y la corbanda roja, parece que fueron así. Cuando fue reconocido por los oficiales que llegaron el día siguiente, tenía un tiro a la altura del corazón y otro en el parietal, ambos disparos de rifles de largo alcance, y no a quemarropa. Tampoco había sido mutilado, ni le habían arrancado la caballera, y se conoce la explicación de ello. Custer que estaba casado, había tomado una india como esposa, también, y al ser reconocido por otras mujeres indias, estas no permitieron su desecración o mutilación. Eso sí, le colgaron unos pendientes para que “oyera” mejor en la otra vida. Custer desestimó, varias veces los “consejos” de los indios.

Por supuesto, todos estos detalles y mil más de la historia, que no leyenda, de este soldado mediático no estaban en la cabeza del dueño de la farmacia cuando lo invocó. La legendaria situación de uno contra todos era lo que lo llevó a la fama, y al farmacéutico a “morir con las botas puestas”. Cierto es que Chuck vendió cara su “piel” al final. A diferencia de Custer, se lleva una bolsa bien repleta camino de su jubilación. La venta de su lista de clientes a una gran cadena de farmacias se firmó el mismo día del cierre. Son otros tiempos.

Luisma, 17 de Mayo del 2011