“Viajes con Steinbeck”

steinback-flag-window.jpg
En un avión también se escribe…

En el fondo, estoy dispuesto a que me pase lo mismo que a Steinbeck, salvadas todo tipo de correspondientes y adecuadas distancias y con perdón de mi circunstancia. Juro que no es arrogancia, sino sana envidia de alguien que sí sabía escribir. Me estoy yendo a España y como siempre que lo hago, me llevo su “Viajes con Charley”; es como una droga sana o como una necesidad, que puede incurrir en el vicio. Escribo en el avión, pero esa es otra historia. Steinbeck me va diciendo que no me fie de mi memoria, a la hora de escribir, y en sus páginas encuentro siempre cinco mil consejos que no sigo, y olvido, aunque supongo que por repetición y ósmosis deben servir para algo.

Decía que: ojalá! Y me pase como a él, que el olor de la hierba, los árboles y los vertederos…ver las colinas y el agua, su color y la calidad de la luz, me reverdezcan las memorias y al calor del habla de España pueda escribir sobre ella y lo que de ella queda en mí. Este viaje, como otras veces, debería servirme para ello. Y lo bueno de ser un total desconocido, incluso para los que me conocían antes, es que nadie va a molestarme en el transcurso de mi pesquisición. Nadie va a seguir el rastro de un caracol que, espero, no resulte muy babeante.

La verdad es que la idea de Steinbeck de recorrer su país en un coche-casa (en su caso un coche-caracol) era y es muy tentadora, por muchas razones; entre ellas, intimidad y anonimato, o debería decir: soledad. Problemas económicos, y sobre ellos el salto del charco con toda la impedimenta necesaria, impidieron (nunca mejor dicho!) que ni siquiera la idea de la idea llegara a cogüelmo (salmantinismo o sorianismo, no lo tengo muy claro). Así que me veo impelido a usar casas ajenas, no por ello menos acogedoras que sus habitantes, y alquilar una montura de menos fuste. Eso sí, con un nombre de altos vuelos: Clio, “despendolada” musa de la historia, y que es un Renault y no un Rocinante. Una musa con ruedas.

El bueno de Steinbeck se recorrió, de esa guisa, treinta y cuatro estados americanos y más de dieciséis mil kilómetros. Lo mío no va a ser tanto, entre otras cosas porque España es menos que la mitad de Texas. Me propongo, aunque el plan todavía está en el aire: Madrid, Salamanca, Valladolid, un tanto de Cantabria y otro tanto del País Vasco español y quizá llegar al francés. Asomar la nariz a Biarritz y volver, lógicamente con sus correspondientes intermedios y usando siempre mi habitual gusto y atracción por los carteles de carretera. Un nombre me suena, y voy… me salgo y lo veo. No está mal para un mes, que es para lo que dan mis escurridas finanzas. En cualquier caso lo más importante del viaje es vivir, y vivirlo con ella. Me refiero a S. (Ese Punto) compañera de ya ocho años, largos y felices. Ver España a través de sus ojos. Un reto y un placer. Porque siendo americana, californiana, es muy irlandesa, más que los tréboles de cuatro hojas. Esa es mi suerte.

Steinbeck pensó que en ese largo periplo podría escribir algún ensayo, seguramente notas y ciertamente cartas. Se proveyó de toda clase de materiales de escritura, enciclopedias, diccionarios, máquina de escribir, libros de referencia…Como cambian los tiempos! Hoy, unas cuantas hojas de cuaderno amarillo, un bolígrafo de larga duración y el computador de S. Con todos los Internets dentro (Al Gore dixit). Y, hála! A la carretera, con la musa puesta, a pillarme un empacho de España, de aire, sol, pescados cantábricos, algún vinito, leche buena (que mala ya he tenido demasiada, últimamente), ponerme ciego de dulces y no acordarme, para nada, de mi vida anterior. Esa de la que no despotrico, pero de la que paso olímpicamente y no hecho de menos.

A la altura de acabar, y editar este post, ya en tierra, se me han olvidado todos los consejos, admoniciones y advertencias de Steinbeck y me toca, como en el Juego de la Oca volver a la “salida” y empezar otra vez a leer el “Viajes con Charley”. A ver si se me queda algo, de una vez, o si el primer capitulo me ilumina y soy capaz de escribir algo coherente sobre mi viaje. Así mismo, ya estoy listo para darme cuenta de que no reconozco mi propia tierra, o que ya no es el país que yo conocí, y que tendré que escribir de memoria. De qué, cual memoria? Ya hace más de veinte años que no vivo aquí, y más de cuarenta, y cincuenta, que no piso alguno de los sitios que me propongo visitar. Allá voy! De oca a oca, y tiro porque me toca…

Con la memoria distorsionada por los años… Redescubrir las pequeñas verdades diagnósticas que son el fundamento de una verdad más grande. (John Steinbeck)

Luisma 8 de Junio de 2011