Monthly Archives: October 2011

Otoño

color photo of autumn trees above a calm lake

Otoño en Pennsylvania, mi tiempo favorito del año. Lejos de las llanuras del sur y del oeste que tambien me gustan, aunque de otra forma. Estos bosques de media montaña, que vieron la vida y los avatares de la colonización, son de lo mas bello que se puede encontrar en nuestro mundo. Estos paisajes eran en los que se movían aquellos indios y aquellos cazadores, tramperos y buscavidas que atravesaron el Atlántico en busca de una vida mejor, algunos simplemente en busca de una vida. Eran los protagonistas de aquellas novelas que nos emocionaban de niños.

Hoy, todavía es refugio de especies y lugar de delectación para el moderno aventurero de fin de semana. Ciervos, corzos, zorros, pavos silvestres, urogallos, patos, cercetas…y miríadas de otros bichos y bichitos de todo tipo que tienen cabida en estos parques naturales, excepcionalmente conservados. Algunas veces comparo las modernas cámaras digitales de fotografía con las ostras, por el tamaño y porque las “abres” y de vez en cuando te sale una perla. La de la excursión de ayer es la foto que encabeza este “post“. Beautiful land.

Luisma, 31 de Octubre del 2011 (Halloween)

Nostalgia for the Sea

Here is a translation of prose poem “Añoranza del mar”, by luisma. Translation by Sarah.

Añoranza del mar

Quien necesita estar al lado del mar cuando la brisa que corre a lo largo del valle, mece los arboles que suben adosados a la terraza y los palos de la veranda parencen defensas de cubierta o balconaje a malecon de esta bahia inexistente, con barcos que no son barcos sino arboles con ritmo y balanceo.

Quien necesita un celaje de mar reflejado cuando el bosque continuo y la vegetación exhuberante reflejan en verde la floja nube baja y el alto cumulo-nimbo que se tiñe de los ultimos rojos de la tarde.

Quien necesita las voces y los gritos de los niños que juegan abajo en la playa cuando estos otros niños suenan exactamente igual aunque jueguen en inglés entre maderas viejas y derribos, y la brisa que deshace sus gritos es de la misma tonalidad.

Who needs to be by the sea when the sea breeze runs along the valley, cradling the trees that climb, pressed to the deck and its balusters as to a bulwark, or to a balcony above a breakwater on this nonexistent bay, whose boats are not boats but rhythmic balancing trees.

Who needs a sea-painted sky when the continuous forest and exuberant vegetation reflect green upon the sagging cloud, while the high cumulonimbus are tinged by the last reds of evening.

Who needs the voices and shouts of the children who play down on the beach when these others sound exactly the same; although they play in English among old wood and debris, the sea breeze that dissolves their cries is of the same tonality.

“El campo de los sueños”


woundman.jpg
“El Hombre Herido”, Hans von Gersdorff, Feldtbuch der Wundartzney (Estrasburgo,1519)

Ahora que estoy lesionado y con aires de curación, he empezado la rehabilitación de una pierna izquierda desquiciada por los nervios y me voy dando cuenta de lo viejo que se ha hecho uno. No hace tanto que podía jugar al futbol, tres veces a la semana, sin mayores problemas que algún golpe o algún estirón muscular. Hoy día tengo que añadir los esguinces crónicos, los dolores articulares y los de la pérdida de velocidad, que son mentales y por tanto mucho más agudos. A ello se han unido, últimamente, los pinzamientos nerviosos, esos dolores cuasi dentales, que precisan rehabilitación muscular. Jugar al fútbol se ha puesto caro, parece. Una delicia.

Voy a acabar arrastrándome por la hierba, artificial, como un gusano. El fuelle anda bien, dejé de fumar en el 2006, pero mis piernas y yo moriremos con las botas puestas, y doloridas; hasta en la foto de mi último carnet de identidad tengo un rictus de sufrimiento. La rehabilitación progresiva la hago en el mismo césped del campo universitario donde jugamos y a la misma hora que mis compañeros usuales de juego, muchos de ellos fenomenales atletas africanos, y jóvenes. Solo verlos correr produce un envidia cochina. Eso si, se les notan lagunas en conceptos de técnica futbolística, son jugadores “modernos”, exageradamente físicos, duros, e individualistas, hijos del nuevo “circo”. A balón parado, o malabares, no lo hacen mal; con el balón rodando disparan a la grada o a los postes de la luz. No le pasan la pelota ni a su madre…–Juego asociativo?— Ya lo aprenderán con el tiempo y una caña.

Hoy, sin embargo, había alguien inusual en la zona de prácticas, haciendo también rehabilitación, con su inequívoco uniforme de béisbol: pantalón arquetípico, camisa de cuello chino y gorra calada; un lanzador, pitcher, del equipo oficial de la universidad. Aunque ignoraba al resto de los jugadores de soccer, me observaba curiosamente, algo que yo achaqué al aspecto de mi edad y condiciones. Pronto advertí que se acercaba remoloneando y con aire de “pegar la hebra”—que clase de ejercicios estás haciendo con esa pierna que parece un poco fastidiada?—era mi habitual tabla sueca de gimnasia.

Ví que se tocaba el codo del brazo derecho como evocando un viejo dolor, seguramente su brazo de lanzamiento. A partir de ahí se estableció un intercambio de información sobre usos y mecánicas de movimiento muscular comparadas, entre brazo y pierna, béisbol y fútbol. Había sufrido una cirugía de codo un mes antes y estaba empezando la rehabilitación, con más pena que gloria. Nos contamos nuestra vida y milagros deportivos, con las inevitables diferencias entre veinte años y más de sesenta.

No es que yo sea un especialista en béisbol, pero lo conozco bastante bien, con sus miles de reglas solo comparables, en cantidad, a las del mal llamado fútbol americano. He presenciado en el estadio muchos partidos, algunos incluso célebres en la historia del deporte de la pelota cosida, y en varios sitios diferentes de Estados Unidos. En Wrigley Field de Chicago que sería como un San Mamés del béisbol; en el viejo Yankee Stadium sentí las mismas sensaciones que en el Bernabéu; mi primer partido de béisbol fue en el Astrodome de Houston, los Astros contra Los Angeles Dodgers, histórico partido por su duración, el segundo más largo de siempre, 27 “entradas” y más de 8 horas de duración. Solo se me ocurrió preguntar, hacia la sexta cerveza– y todos los partidos de béisbol son tan largos? Risas. Una delicia de intercambio conversacional, deporte es deporte cualquiera que sea la disciplina. Lo que se desprendió de ello fue que ambos amábamos nuestro deporte favorito y parecíamos dispuestos a hacerlo por los siglos de los siglos. Amén.

Los americanos dicen: For the love of the game—Por amor al juego. En realidad es el vicio que nos corroe, el relajamiento del fin de semana y ya, incluso, el de media semana. Cada vez más fútbol y en su caso más béisbol. Juegan más de 160 partidos oficiales, a lo largo de la temporada, sin contar las finales. Los “chicos del verano”, como se les llama a los beisbolistas, empiezan en primavera y terminan su liga en octubre. Nuestro fútbol se ha multiplicado también y algunos piensan que se juegan demasiados partidos, principalmente los propios jugadores que a duras penas pueden evitar lesiones en la forma de contínuas contracturas y frecuentes fracturas por estrés. Sin contar con el otro estrés: el de jugar por “obligación”. Que cosas!

Ni a mi, ni al susodicho pitcher parecía afectarnos lo de la obligación de jugar y por tanto todo era devoción. En su caso a San Babe Ruth y toda una cohorte de peloteros que en el béisbol han sido. Por mi parte, a pesar de los iconos actuales, ningún altar está completo sin nuestro señor Di Stefano, San Puskas y San Gento. Hála Madrid, claro! Quedamos en vernos en cualquier “campo de los sueños”, que no es solo como se le llama al estadio del Manchester United, sino también a cualquier campo de béisbol americano. Todos soñamos. Además, heridos o no, soñar es gratis.

Luisma, 3 de octubre de 2011