Buero en el baño (parte I)

photo pf luisma with sculpture of a menina

[Lista para salir al escenario]

Soy un lector inveterado y empedernido. Leo mucho, sobre todo de noche, en vez de dormir, ya habrá tiempo de dormir “después”. Mis ojos, hinchados y atomatados, van diciendo ya que leo demasiado. Hay montoncitos, o pilas, de libros por todas partes; a más del chorro de letras que sale por la pantalla de ordenador, la otra librería. Un rato clásico de mi día es en la bañera. Tengo la manía de leer sumergido en un baño de agua caliente, baño de asiento que se decía, con espuma y una bebida no alcohólica; siempre la ínclita Coca-Cola y, a veces, en los últimos tiempos, ginger ale, mi americanización es solo en pequeños detalles.

En esa media hora, o tres cuartos de hora, leo “a barullo”, lo que encuentro a mano en los estantes, o en los libros regados por los más impensables lugares de la casa. En una ocasión apareció un libro en el frigorífico, como llegaría allí? En ese rato leo de todo: artículos, cuentos cortos, lecciones magistrales, extractos de conferencias, piezas cobradas a bocajarro, en ocasiones algún capítulo especial de alguna novela, actual o pasada. Raramente obras de teatro, las cuales no leo usualmente; pues salvo los más acendrados clásicos españoles y algún Shakespeare, más que nada por tratar de entender el inglés de aquellos tiempos, apenas leo teatro.

Nunca fue santo de mi devoción y nunca he colegido porqué. El teatro me gusta, leerlo no tanto. Hoy, pillé un librito con dos obras de teatro de Antonio Buero Vallejo: “Las Meninas” e “Historia de una Escalera”, juntas pero no revueltas, que se dice en mi pueblo. El gran Buero, quizá el mejor autor teatral del siglo XX español. Mi punto de interés, cuando me hice con el libro, era: “Las Meninas”, una magnífica pieza usando el cuadro como referente. Es mi gran obsesión todo lo relacionado con esa pintura, y por ende con Velázquez.

Dificilmente se puede estar más de acuerdo con algo escrito por otra persona que lo mío con esta obra de Buero. El retrato en ella, fuera como fuera la realidad del pintor me parece digno de que así hubiera sido. Algo que ya nunca podremos saber. Buero entiende, perfectamente, lo que era y es un artista. Eso no cambia mucho con los siglos. No hay mucho más que saber del pintor que lo que el escritor “pinta” en esta obra teatral. Velázquez, el más grande, o uno de los que más; batalla contínuamente con la técnica por más que crea dominarla, y lucha consigo mismo y sus circunstancias.

Buero en el baño, con Velázquez y unas cuantas Meninas…un programa singular para un rato de lectura pasada por agua. Cualquier cosa menos revistas y periódicos; y todavía no se ha inventado el ordenador anfibio, aunque todo pasa y todo llega.

(continuará)

Luisma, 4 de Noviembre del 2011