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446 puentes

overhead photo of pittsburgh downtown and bridges

Pittsburgh, “las tres hermanas” y muchos otros puentes.

Los puentes son una especial fijación a lo largo de mi vida, quizás porque vengo de una ciudad, Salamanca, en España, que tiene puente romano. Esas viejas piedras tan denostadas y tan queridas que ya solo soportan tráfico humano y animal. Todo eran animales antes de los automóviles. El puente, o la puente, así en femenino también se le decía, mantiene en pie toda su belleza intemporal. A su alrededor transcurrió mucho de lo que fue mi vida primera, sueños y sucesos que devinieron en mi afición a la aventura; esa realidad que acabó llevándome a otros puentes lejos de él.

Ahora, sesenta años después, vivo en una ciudad de puentes y ellos materializan en gran manera su ritmo y su vida. Tres ríos convergen en su centro. A la hora de pensar en una ciudad así, siempre se piensa en Venecia—bien—Pittsburgh tiene tres puentes más que la italiana, 446 exactamente (!), entre los cuales no se si cuenta uno especial: un puente, recuerdo del veneciano de los Suspiros y que al igual que este une la antigua prisión del condado y el “palacio” de los juzgados. Dos construcciones de “época” siglo XIX, perpetradas por un tal Richardson. En vez de agua pasan por debajo ríos de coches. Una americanada de tamaño natural.

photo of the bridge of sighs, Pittsburgh.El “Suspiros” del centro de Pittsburgh, un sitio singular.

Hoy algo peculiar en el concepto de puente o en el propio hecho de ser punto de unión entre dos territorios; y durante su entidad no pertenecer a uno ni a otro. Ser por si mismo, algo que lo hace atractivo y al mismo tiempo temeroso, misterioso, aunque claro y concreto. Raramente he cruzado un puente sin volver la vista atrás durante el recorrido. Siempre la idea de lo desconocido, unida a la ansiedad de notar lo que ha quedado atrás. Aunque la imaginación siempre está ahí, jugando con nosotros y a veces manipulándonos.

Se pueden imaginar mil asuntos alrededor de un puente y así ha sido en historia, literatura e imagen. Tantas películas girando, protagonizadas por ellos o simplemente siendo presencia física y estética. Puentes a los que había que llegar, o cruzar, admirar, ponderar, construir o derribar. Puentes no de tres si no de mil formas o estilos. Puentes sobre corrientes de agua, lagos, mares, islas, valles, carreteras y…gentes.

Me doy cuenta de que cada puente inscrito en mi imaginación esta unido al recuerdo de alguna persona especial, única, alguien que ha tocado mi vida diferente a los otros. El puente romano de Salamanca, recuerdo de una fotografía contínua, de la persona que me enseñó a ver. El puente de Alma, en el Sena parisino, donde quedó anclada mi juventud. El viaducto de Madrid, puente para mirar de abajo arriba o de atrás adelante; imágenes que ya se vuelven nebulosas…años después de aquellos puentes salté el océano al encuentro de otros.

Han pasado tiempos pero todavía aparecen en mis sueños americanos: el Causeway del lago Pontchartrain, Nueva Orleans, el puente mas largo del mundo, casi cuarenta kilómetros a ras del agua, lo que produce la sensación de ir en coche bajo el nivel del lago. Algo así debió de ser, si fue, la sensación de los judíos al paso del Mar Rojo. En aquel tiempo yo también estuve quizá por debajo de mi nivel. El puente colgante de Wheeling (West Virginia) siempre en la noche, sobre la negrura de las aguas del Ohio. Nunca pensé que iba a seguir el curso de ese rio hasta Pittsburgh.

Tantos años viviendo en esta ciudad no me hacen olvidar otros puentes y los rostros de otras gentes, aquellos neoyorkinos escapando de Manhattan por el puente de Brooklyn, el día que se me fueron las Torres. Siempre será el puente y la puerta de América; el Golden Gate de San Francisco, puente de ciencia ficción, ella no dejo rastro ninguno en mi memoria. Serán antes otros, los tres puentes hermanos (en inglés, las tres hermanas), amarillos puentes de Pittsburgh. El Roberto Clemente (beisbol), el Andy Warhol (pintura), y el Rachel Carson (medio ambiente). Mi puente de Birmingham, South Side, el puente para llegar hasta ella…la vida es cruzar puentes contínuamente y eso aquí es cosa de todos los días. Otra jornada te hablaré de otros pasos y otros cruces.

Luisma, el 12 de Diciembre de 2011