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El Código de un día negativo


“Obnubilado por la cubierta…”

Como se puede aguantar dar el cante negativo todo un día, desde la salida del sol hasta la puesta y “ainda mais” entrada la noche bien cerrada. Es mi pregunta. Casi todo el fin de semana, y todo el domingo, sentado tragando aldabas televisivas, de las que se salvó muy poquito, como siempre. Todo ello en vez de coger un buen libro; con el mismo esfuerzo, mínimo, de mover la mano a lo largo de los lomos de la libreria. Pero, cuidado! En un día negativo, hasta ese movimiento puede salirte “chungo”, como veremos después.

Negativo principal: la no presencia de S. ( léase, Ese Punto) que todavía esta ausente en Texas. Se diga lo que se diga, la vida sin compañera es menos vida. Media vida. Me habia despertado con dolor de cabeza, seguramente de dormir con el aire acondicionado “puesto”, olvidé “quitarlo”. El desayuno, desgraciado por la falta de leche y la vagancia que me impedía montarme en el coche para ir al supermercado, realmente cosa de un par de minutos. Hubo un tiempo en que ir al super era solo salir por la puerta y doblar la esquina. Más negativo: el agua de la ducha era solo un hilillo frio que cortaba todas las posibilidades de lo confortable. Televisión. Más televisión.

El melón que tenía para comer no aguantó la catadura, ni siquiera con el aditamento de la piel de limón y el azucar. Lamentable. De vez en cuando un vistazo a las noticias. Tiroteos y mas tiroteos en Texas y por toda la Unión. Y en Europa que no nos cansamos de imitar todo lo americano, sobre todo lo malo. Y los españoles sin ganar una medalla en los Juegos Olímpicos. Y la liga de fútbol que no empieza hasta dentro de unas semanas. La travesia del desierto. Domingo sin fútbol, jardín sin flores. No sé porque lo veo todo negativo, oscuro, como lo que se adivina a través del follaje que cubre la vista de las ventanas; tormenta en lontananza, camino obscuro hacia la noche.

Animado por no sé que espíritu, resolví agarrarme a un libro, como el salvavidas de otras veces. Ya dije: mover la mano a lo largo de los lomos de la libreria…al desgaire y como atraida magnéticamente, la mano al tomo…”The Da Vinci Code”. Así, para más “inri” en inglés. Obnubilado por la cubierta, o quién sabe porqué, tomé asiento en el sillón de lectura y empecé a leer por segunda, y última vez, la dichosa novela. Cuestión de negatividad: no puedo ni imaginar lo mala que pueda ser esta novela también en español.

Dificil de soportar, a pesar de su multitudinario éxito. Con su cantidad de retratos humanos negativos, abrumadora. Pintando un Opus Dei, el malo de la película, de una manera rayana casi en lo risible y en lo ridículo. Me recordaba el tratamiento habitual, salvo honrosas excepciones, muy pocas, de la literatura y el cine extranjeros tratando temas de la idiosincrasia española; flamenco, toros,Inquisición y similares. Trampeando contínuamente con la Historia y hasta con las leyendas; por no hablar de los paisajes y lo urbano de un París entendido a la manera de una metrópoli americana.

El tipo este, el Dan Brown, cuya habilidad para escribir nadie niega, adoba la novela con una serie, aberrante, de filosofias baratas y situaciones traídas por los pelos y termina la faena con pinchazo en hueso y estocada atravesada, en la que además de la espada se le ve el plumero. Todo buscando la consiguiente película que resultó todavía peor, más negativa que la novela, con un Tom Hanks increíblemente poco creíble, por no mencionar al monje albino, un personaje fallido e inexcusable.

El día había sido negativo, sí, y no quiero entrar en más detalles. Lo de releer el “Código” se llevó la palma. Menos mal que al tercer capítulo, al menos estos eran cortos, se me rebeló el estro y dejé la novela para otra ocasión que espero no se presente. Vaya día! Vaya “tela”! Algunos días no deberían serlo. Palabra!

Luisma, 12 de Agosto del 2012