Volver a Texas


Paisaje de un rancho de Texas. El manantial de S.

Aunque haya sido por una razón lamentable, un fallecimiento muy cercano, hoy he vuelto a Texas, después de más de una década de salir de ella. Rodando el puro country tejano, aspirando aires y olores, como si nunca hubiera salido de aquí. He sentido una emoción verdadera y embriagadora. Todo tan querido y todo tan familiar. Al fin y al cabo fueron los primeros nueve años de mi estancia en este país. Un glorioso reencuentro.

A veces me planteo en que estaba yo pensando cuando me fuí de esta tierra, estos paisajes y este clima, que no por extremado es menos agradable. Pennsylvania tiene las cuatro estaciones, es cierto, en Texas se dice que solo hay dos: verano e infierno. Exageraciones. La sombra de un árbol lleno de pécanos también tiene su agradable microclima, eso sí, a base de sudoraciones y refrigeración bebida. Arañas, mosquitos y toda otra clase de insectos también pueden tener la palabra , o la picadura, en un momento dado. Lo que se va por lo que se viene. La perfección no existe.

Algunos de los momentos vivídos hoy fueron particularmente placenteros. En uno de ellos , me ví rodeado y sobrevolado por un ciento de mariposas, “Texas Buckeyes”, mariposas en camuflaje marrón, atraidas por la humedad del terreno que estaba regando. Algo surreal y más propio de un cuento de hadas o de una película de dibujos animados; con ese vuelo de los animalitos, al cuarteo—que si me acerco, que si me voy—que las hace tan especiales. Al disfrute de todo ello, me senté en un banco de madera con incrustaciones de líquenes, más propio de un jardin antiguo de otros lares. Todo estaba por sentarme bien, hoy.


Un jardín soñado: la “yarda”

Ni Houston, ni Dallas, volví al campo, a la pradera, a los bosques con matones de mezquites, con sus ramas secas que se quiebran con un chasquido especial, casi musical, al paso de tus andares. Volví a las tierras llenas de grietas, ávidas de agua; a las tierras de mi compañera, donde las noches frescas te premian con un buen dormir. El Texas que, aún siendo un país diferente, se siente ante todo americano. Los Estados Unidos! Deberian aprender algunos pueblos de España, tan afectos a clamar por independencias enanas, fútiles y obsoletas. La unión hace la fuerza, y aquí también hay nacionalismo, sin separatismo, y hubo una guerra civil donde hasta los perdedores fueron ganadores. Que pena, tanto como nos gusta imitarlos y nunca en las cosas buenas!

Hoy llegué a Maypearl (Perla de Mayo) un sitio grande pero pequeño, con un nombre de novela rosa. Un trozo de la geografía interior tejana, con la amplitud grandiosa de un terreno igual que su cielo, no con una estrella sola sino con mil estrellas solitarias. El “pueblo” no son cuatro casas, son cinco contadas que forman una calle alrededor de lo que fue un apeadero ferroviario de los trenes algodoneros. Ya no quedan ni las vias, pero queda el Banco, solo su fachada, en la esquina principal. Y este es el hito histórico de Maypearl, el único por cierto; este Banco que fue robado por Bonnie and Clyde, los celebérrimos atracadores. Que romántico, lo único que ha pasado en toda la vida de tu pueblo es un robo, que probablemente no duró más de diez minutos y cuatro tiros al aire. De película, un país de película.


El Banco de Maypearl (Texas), robado por Bonnie and Clyde.

Mañana volveré a Dallas, a la civilización; aunque lo más civilizado lo dejaré atrás, en este pueblo en el que nunca pasa nada, hasta que un día se lian la manta a la cabeza y la emprenden a tiros unos con otros, o uno contra todos. Consiguen salir en la televisión y “ponen” el pueblo en el mapa. Los diez minutos de fama que decía Andy Wharhol. La otra América, que es la misma, la que solo conocemos los que vivímos aquí. Los demás, una mirada a los periódicos y los telediarios, y claro, no la entendeis. Unos días de vacaciones en Nueva York, o un fin de semana de compras en Miami, no es suficiente.

Para entender Texas, y emocionarse al volver una década después, hay que haberlo amado y vivido; con sus gentes, sus tierras, sus florestas, sus desiertos, sus tormentas, sus arañas, sus calores y sus colores, sus espacios abiertos y su soledad sonora. Todo y tantas cosas más que tiene este país que vive bajo dos banderas: la Unión y la Estrella Solitaria. Bienvenido y bien hallado.

Luisma, 3 de Octubre del 2012

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