Monthly Archives: November 2012

El Arsenal y la Fotografía

Hacía tiempo que no “salía de fotos”, es decir, salir con la cámara en ristre, a la aventura, buscando exclusivamente hacer fotografías, cualesquiera que se pongan a tiro, fijen mi atención y una cierta ambición artística. No es que no hiciera fotos, hago muchas pero por otros menesteres, colateralmente uso a menudo la cámara con otras motivaciones. Aunque siempre buscando la calidad estética. Hoy, el propósito era una salida (outing) a la antigua; como en los tiempos del siempre recordado Pepe Nuñez Larraz, maestro y amigo, a quien debo el aprender a “ver”. Era sábado y tenía todo el tiempo del mundo hasta la hora de la Sinfónica. Uno tiene muchos vicios, aunque no sean caros. Mis drogas son el fútbol y la música clásica, drogas antiguas.

La luz era buena, fuerte pero tamizada, regalada luz del Pittsburgh otoñal, la mejor luz del año. Había que buscar un tema y esta vez, para variar, el tema me encontró a mi. Sabida es mi afición a los puentes, de los cuales la ciudad tiene varios cientos. Al pronto, me ví aparcando debajo de uno de ellos, al azar, el de la calle 40 en el antiguo barrio industrial de Lawrenceville, junto a las márgenes del rio Allegheny. Un puente alto, altísimo, el George Washington Crossing, cuyo nombre celebra el cruce del rio, en campaña, por el mayor Washington, luego primer presidente del pais. Lo cruzó en barca y estuvo a punto de morir al zozobrar la embarcación. De haber ocurrido así, la historia hubiera cambiado justo al comienzo de todo.

No recordaba haber estado nunca en aquel lugar y pronto supe porqué. Allí, frente a mi, y a pocos metros del gran pilar del puente, estaba la Escuela de Ingeniería Robótica de la Carnegie Mellon University, una de las banderas del moderno Pittsburgh. Había oído de ella, pero no sabía donde estaba. Mi atención se volvió, sin embargo, hacia el pilar mastodóntico por los arcos del viaducto, solo para descubrir un mural moderno, pintado directamente sobre el cemento armado y en refrescantes y claros colores. No tenía ninguna noticia de esta obra pictórica. Desde lo alto del puente no se ve, y desde la calle principal de la zona, tampoco. Hay que entrar por las calles interiores del polígono industrial para llegar hasta el pilar, que esta fundamentado mitad en tierra y mitad en agua.

Traté de encontrar una explicación, algo relativo al mural. Al fin, una mujeruca, que paseaba a su perro, me iluminó.—Mire, yo no se mucho de esto, dicen que aquí estaba el arsenal de Pittsburgh en la guerra civil—Al acercarme, frente al mural encontré un poste con la misma noticia. De repente, recordé todo sobre la tragedia. El dia 17 de Setiembre se conmemoraba el ciento cincuenta aniversario de las explosiones del arsenal. Todo ello había estado en la televisión y en los periódicos. La cruda realidad es que allí murieron, en el peor dia de la historia de la ciudad, 72 mujeres, algunas de ellas niñas todavia, y 6 hombres. La mayor tragedia, en vidas de civiles, en la guerra de secesión americana.

El Arsenal era un enorme almacén-laboratorio de pólvora y balines donde se manufacturaba, por manos femeninas, una gran parte (mas de cien mil cartuchos diarios) de la munición empleada por el ejército nordista en aquella guerra civil que conformó y asentó los Estados Unidos de Norteamérica. Habia pólvora por todas partes, incluso en los intersticios del empedrado de las calles alrededor del edificio. Y esa fue una de las versiones del motivo de la serie de explosiones que produjeron tan trágico final: las chispas, se dijo, producidas por las duelas metálicas de los carros de munición al rodar sobre las calles adoquinadas.

Nunca se sabrá si esta fue la causa de la deflagración. Se barajaron otras explicaciones, incluida la que acusó a un comando sudista infiltrado en las lineas de provocar el atentado. No sé si algo así se pueda considerar atentado o simplemente ataque en tiempos de guerra. Lo único cierto es que en el interin de pocos minutos, tres explosiones volaron aquel polvorin y fábrica de munición, produciendo una horrible carniceria entre aquellas mujeres que se ganaban la vida encartuchando pólvora y bala, a dolar diario de trabajo.

La ciudad lo recuerda como una fecha de luto histórico. A mi me dió, hoy, pasto para un post y para matar el gusanillo fotográfico con una serie de fotos del mural, de las que aquí dejo unas cuantas. Nunca es tarde si la dicha es buena. La cámara no sabe de duelos y sus disparos son poco ruidosos.

Luisma, 22 de Noviembre del 2012

Nuestro Jimmy

(Un poco tarde para tener complejo de ET)

Jimmy Stewart era un tipo larguirucho, poco torso y largas piernas. Uno se da cuenta de ello cuando está frente a su estatua, en la antesala del museo que alarga su recuerdo. Estamos en Indiana, Pennsylvania, un pueblo universitario a unos noventa kilometros de Pittsburgh. Aqui nació y vivió en su juventud, el actor y su propio personaje. En pleno campo de granjas, bosques y colinas rugosas, puro country de lo que, en su día, era considerado el oeste americano. Un porcentaje grande de la población de esta zona nutre, ya desde antiguo, las filas militares de este país. Con guerras o sin guerras.

En este rincón rural es donde vino a nacer uno de los actores mas icónicos, e internacionalmente mediáticos, de la historia del cine. James Maitland Stewart era hijo del dueño de una ferreteria de esta población, hoy, quince mil habitantes. Nada que indicara su futura dedicación al arte interpretativo. Familia de clase media, más fácil hubiera sido hacer carrera en lo militar. Ya actor famoso, al llegar la II Guerra Mundial se alistó en la Fuerza Aérea, con las bendiciones publicitarias gubernamentales. Se licenció después del conflicto con el grado de coronel y por escalafón llegó, al final de su vida, a ser brigadier general y a la consideración de héroe de guerra. Todo un personaje: nuestro Jimmy, como así lo llamó una mujer a la que preguntamos por direcciones hacia la casa materna del actor.

Cada vez que se habla de cine o de lenguaje, salta a la palestra el nombre del personaje. Cuando hablamos de belleza del idioma, todo el mundo de parla inglesa te lo dice: no sé como podeis doblar a Jimmy Stewart, no hay una voz más bellamente natural que la de “nuestro” Jimmy. Algunas de sus obras se repiten contínuamente, año tras año, en las mismas épocas, por su representación y su valor icónico en esta cultura. La pelicula “It’s a wonderful life” no puede faltar en Navidad, como el árbol, las luces y el pavo. A la entrada de su museo, hay un viejo proyector de peliculas que de lleno te mete en ambiente. Un poco de magia, estilo Hollywood.

Por contra a los pequeños museos visitados últimamente, este pertenece a los que llamo de algodones y un imaginario, o real, olor a naftalina. Muebles viejos, que no antiguos, y mucha fotografia relativamente documental. Algunos enseres del despacho-estudio del actor y exhibiciones de poca monta. Eso sí, mucho cariño por el personaje, en la exposición y en todo el pueblo. Y es que el tipo se hizo acreedor a ese amor. Nunca olvidó su pueblo y siempre volvía con cualquier excusa.

Su pueblo tampoco lo ha olvidado. No es solo el museo y las estatuas que lo presiden, la de la calle en bronce, la del interior copia en fibra de vidrio. Hay múltiples recuerdos, incluidos los de las tiendas de souvenirs; algunos de ellos muy originales: su voz, increiblemente bien imitada por un caricato célebre, está presente y te anuncia cuando puedes pasar y cuando no, en los dos semáforos de los cruces de calle contiguos al museo. Una sorpresa y una delicia, así en alta voz, como si esta viniera del cielo.

Con personajes como este uno tiene la debilidad de permitirse el sueño, como tantos otros, de haber sido actor de Hollywood. Quizás un niño prodigio. Lo que nunca podría ocurrir pues es cosa sabida, en mi entorno, que soy un pésimo actor con el gravísimo defecto de la sobreactuación impenitente. Una pena, aunque se dice que he mejorado muchísimo con la edad. Habladurias. Creo, a pesar de todo, que no resistiría los problemas del ser famoso.

Jimmy Stewart concitó las habilidades de ser un excelente actor, una gran estrella y una fama que le perseguía a todas partes, sin tener grandes problemas en ninguna de las tres facetas de su persona. Larga vida a su recuerdo, tan larga como la sombra de su estatua.
Larguirucho y desmadejado, pero con una personalidad amable, en el mejor y más propio sentido de la palabra.

Luisma, 29 de Octubre del 2012