“ Nice to see you, Mick”


Sir Michael “Mick” Jagger

Estaba yo, como casi todas las noches, viendo la televisión mientras cenaba frugalmente; en los últimos tiempos se ha convertido en una costumbre necesaria…una sopita floja, una ensaladita sin apenas aliño, un poco de queso suave, media manzana y el inevitable helado, todo ello en dosis casi homeopáticas. “De grandes cenas están las sepulturas llenas” digo, y como dice S.—siempre tienes un dicho. Lo de la tele era el programa de Dave Letterman, cuyo humor tiene la virtud de ponerme de buen ídem—hacia años que no utilizaba el ídem—y un poco de humor es paso necesario y suficiente para una buena dormida nocturna. Duermo poco, pero bien. Toco madera.

En el Late Show de esta noche “salía” nada más y nada menos que Mick Jagger, Rolling Stone por excelencia, viejo como los caminos y con su rostro surcado por las arrugas, multiplicación de las que siempre tuvo. Aún así, en perfecta forma física y, aparentemente, mental. La ocasión la pintaban calva: este año es la celebración y conmemoración de los cincuenta años de los Rolling Stones, que siguen al pie del cañón como si los siglos no les afectaran. Dí en pensar el tiempo que hacía que “nos” conocíamos. Cincuenta años de “satisfacción” por mi parte y “no” por la suya.

El flashback se produjo, era inevitable. Noviembre de 1.967…Sala Olimpia, en Paris de la France…concierto de los Stones. The Stones. A diferencia de cualquier otro país del mundo, en España los llamamos: Los Rollings. Cuando aquí los nombro así, nadie sabe a quien me refiero. Fue mi debut en conciertos de Rock, muchos siguieron después. Memorable. La noche que estrenaron: “Let spend the night together”, la única vez que la cantaron con la letra original y sin cortes. Esa noche hice dos cosas por vez primera: asistir a un concierto de Rock & Roll y correr por delante de los antidisturbios en un boulevard del Paris de los 60’s. Correr por pavimento con botos camperos no es recomendable, y menos cuando llueve.

Nunca he podido olvidar los mil detalles de aquel inenarrable espectáculo, asistíamos al nacimiento de una nueva época. El Olimpia lleno a rebosar pero con las entradas numeradas; gracias a los buenos oficios de un amigo de entonces: Patrick Dubois de la Vigerie, aristócrata y rockero, tuvimos cuatro pases de tercera fila de butacas, codeándonos con la crème de la crème parisién…Alain Delon, Francoise Hardy, Barbara…los cuatro amigos y mosqueteros de entonces eramos: Patrick, Jean Jean, Serge Minouche y Luisma. Ligeramente disfrazados para la ocasión: Patrick y Jeannot de chulo y fulana, Serge de soldado alemán, incluido el casco, y yo de capa española y sombrero cordobés, dando la nota folclórica, fácil y grosera, por primera y última vez en mi vida. De ninguno de ellos sé lo que ha sido. Ni siquiera de mi mismo.

Lamento haber perdido en el paso de los tiempos los recortes de periódicos con fotos, en alguna de las cuales se me veía de aquella guisa. Lo que no he perdido es el recuerdo palpable de aquella noche, un chichón por el porrazo de un CRS parisino, que todavía puedo tocar cada día, y un indeleble sentido para evocar aquella música, a poco que me lo proponga y entorne los ojos. Que espectáculo! Todavía vivía Brian Jones, que además de cantar era capaz de estrellar su guitarra en la cara de un fan que asaltó el escenario. Aún se me ponen los pelos de punta cada vez que escucho los compases del “Start me up” y por supuesto del “Satisfaction”




The Stones, 1967 (el del sombrero blanco es Brian Jones, q.e.p.d.)
*

Como nunca he participado en guerras, estas son mis batallitas del abuelo. Estas y las del intelecto, la estética, el lenguaje y la estupidez que lo polucionan y manipulan. No es solo lo de llamarlos: Rollings, el error más típico es con el nombre propio de Jagger, Mick, que se pronuncia “Mik” y no “Maik”, como comúnmente se oye en España. Aunque ahora, después de “lo de la Reina” es: Sir Michael “Mick” Jagger. No sé hasta que punto esto del título le hace gracia al propio interesado. De una forma o de otra, hoy celebro sus fantásticos 70 años y cincuenta de Rock.

Salvando las prudentes y convenientes distancias ( idioma, fama, formato y movimiento corporal, etc.) somos muy parecidos. Dos seres de la era analógica, pugnando en la digital y soñando despiertos con una vida renacentista. Ay! Estoy seguro de que uno y otro nos cambiábamos, al instante, hasta aquella noche del año 67 y volvíamos a vivir otra vez las cinco décadas que han pasado. Felicidades mútuas y encantado de haberte visto, Mick.

Luisma, Pittsburgh, 12 de Diciembre del 2012 ò 12/12/12

Post a Comment

Your email is never published nor shared.