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Ars Vivendi

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“Ars Vivendi”, interior

Y me fui a España, que ya iba para dos años que no volvía. A esa España donde dicen que se asienta el arte de vivir. No me cabe la menor duda que así sea, a pesar de que cada día me convence más “mi” América, mis E.E.U.U. Algo tendrá el agua cuando la bendicen con los fastos de la imitación. Cada viaje noto, más y más, la siempre galopante americanización, esperando sea para lo mejor. Veremos.

Me encaminé hacia Majadahonda, Madrid, al restaurante en el que trabaja mi hijo, y en el cual dice estar muy a gusto. El sitio está en una callecita, escondido pero céntrico. Un restaurante italiano afamado que responde al nombre de Ars Vivendi; el arte de vivir, así en latín vivo, como si no fuera una lengua muerta. Que gran nombre para una casa de comidas. Arte y vida, dos palabras que siempre viajan juntas.

La fachada poblada de esas luces pequeñitas, navideñas, apego a las películas y series de TV neoyorkinas. La entrada mas baja que el nivel de la calle, a lo Brooklyn. Al igual que la música ambiente en el interior. Nada excesivo. Sinatra y los sospechosos habituales. Paz y agradabilidad, en grado sumo. Magnífico.

Ya dentro, lo primero que noto son unos caballitos, varios, de decoración. Caballos papirofléxicos, blancos como la nebulosa de manteles y tapizados de las sillas. Luces justas que no empañan el fulgor de los matones de velas y las candelas de las mesas, llamas pequeñas envueltas en cristal. Salpicados por el comedor hay una colección de esculturas y pinturas relativas y familiares al restaurante, y al Chef, que en este caso es mujer—y que mujer!

Hacia tiempo que un ser humano no me impresionaba tanto con su personalidad y sus delicadas muestras de cariño, al primer contacto y solo por ser el padre de mi hijo, que trabaja con ella. Esa delicadeza, casi de flor, Rosa es su nombre, la transmite a sus creaciones gastronómicas; sin desmerecer nunca por ello la potencia ni el acierto de sus sabores.

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Rosa García Manso, Chef del “Ars Vivendi”

He disfrutado de varios platos de esta Chef, en estos últimos días, y para mi tiene la gran virtud de los clásicos restauradores; sus platos no solamente interesan al primer bocado y a la sucesión de sabores, también capturan la ambición de terminarlos. Signo de buena cocina.

No solamente he felicitado a Rosa, también a Dino Nanni, jefe y afortunado marido de la Chef, al que relego a un segundo plano, sin ánimo de ofender. Hoy, me he puesto al espejo de la entrada del restaurante, al socaire de las velas, y con una sonrisa placentera me he felicitado a mi mismo. Por el hallazgo.

Para los buscadores de perlas, este es el plano del yacimiento:
Ars Vivendi. Ristorante Italiano. c/ Cristo, 23. Majadahonda. (Madrid) 28220.

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A modo de recordatorio transmito el menú de mi cena de anoche. Su relación podrá decir más que yo de la propia cocina:

<< Finas láminas de foie de pato aderezadas con emulsión de mango y de maracuyá y reducción de balsámico sobre pan focaccia crujiente. Medallones de rabo de toro rellenos de foie y orejones marinados con ron y rebozados en huevo aromatizado con parmesano sobre patatas al horno y su salsa al vino tinto. Budín de naranja templado con sus texturas de naranja. Café de puchero del Chef >>

En el mundo actual del Rey Teléfono, no me queda más remedio que mencionar el suyo:
91-638 02 87

Si llamáis, preguntad por Dino, o por Luis. No preguntéis por Rosa, ella estará en su reino, los fogones, con su mandil de estrellas y su varita mágica. El arte de vivir tiene su costo.

Luisma, Pittsburgh, 5 de Junio del 2013.