El arce y el Supercollider

arce tree foto

Lo primero que me llamó la atención del árbol, aparte de los múltiples y fantásticos rojos de sus hojas (inevitable atracción a contraluz) fue el tronco azabache del otro árbol que vive, o muere—no estoy seguro—a su lado. Roble, por las formas y meandros de sus ramas, largo tronco encopetado al final, cuando tiene hojas, siempre negra sombra de atroz contraste. Me gustan las diferencias de luz cortantes, es vicio de fotógrafo antiguo. Este roble es oscuro, en premonición del carbón que algún día, seguramente, será. Es seco y aéreo, liviano de corteza, lo que hace resaltar más las jugosidades del arce rojo.

Esto es (un anglicismo que me gusta), volviendo al árbol de Michael, al arce rojo (Acer rubrum) solitario que alguna vez plantó en un claro, a los alcances de la casa, en medio de un tupido boscaje de enrevesados mesquites y algún que otro roble autóctono. Árbol de un color rojo, las hojas, casi violento ahora al final del otoño; un fogonazo, una llamarada en el bosque. Bello, o mejor dicho: delicioso; las abejas, si pudieran, me darían la razón. Es una auténtica delicia volver los ojos a la parte de atrás de la casa y ensancharse con la contemplación del arce, sólo, luchador, el campeón del bosque.

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…ahora al final del otoño; un fogonazo, una llamarada en el bosque.

Michael, que lo cultivó y cuidó , también lo era entre aquel grupo de campeones físicos que llegaron a Waxahachie (Texas) desde todas partes del país, como los caballeros de la Tabla Redonda de la Física en busca de su particular Grial. Llegaron para construir y poner en marcha un monstruoso acelerador de protones, iba a ser algo sumamente espectacular, el mundo de la física y la tecnología no había visto algo semejante. Era el SSC (Superconducting Super Collider), acelerador de partículas. Proporcionaría fuentes de alta energía, y una sólida percepción dentro de la evolución de nuestro universo. Alguien lo llamó: el Desertron, después de que los políticos dieran un paso atrás en un país que raramente camina de tal forma. Un proyecto que hubiera mantenido a Estados Unidos al frente de la física mundial. Fue cancelado cuando ya se habían invertido más de dos billones de dólares en su construcción.

Algunos de aquellos caballeros de la física se quedaron enganchados, colgados de los terrenos, las arboledas, los estanques, los días caniculares, las noches de lunas enormes y frescura inesperada en el vértice de la V del clima americano; aquí, donde doblan los vientos y los fríos al encuentro de las bufaradas calientes del Golfo de México para torcer camino del este, en vez de invadir el sur. Los caballeros habían comprado fincas, se habían hecho las casas de sus vidas y ya no quisieron abandonar estas tierras. El sueño del Supercollider también quedó allí, para los restos. Unas cuantas construcciones vacías y 23 km. de túneles hacia la nada. Completo hubiera sido un túnel-anillo, casi circular, de 87 km. y a 60 m. de profundidad. Alguien lo definió como: el agujero que hicimos en Texas.

arce collider tunnel
…el agujero que hicimos en Texas.

Michael se quedó aquí y desarrolló una familia, mi compañera S. es la segunda hija. Además de sus tres hijas, plantó arboles: arces, higueras, magnolias y un largo etcétera y trabajó sus maderas por puro placer y ludibrio. En sus ratos libres era carpintero-ebanista aficionado, casi profesional en sus saberes y destreza. Encuentro por la casa continuas y cumplidas muestras de ello. Su árbol, ahora que él ya no está, me hace recordarle siempre. Su favorito era ese arce cuyas hojas se mecen al viento conscientes de mi admiración e impasibles a su recuerdo.

Encuentro muy rápido el razonamiento para montar un Supercollider, no tanto para cancelar un proyecto de esa envergadura e importancia mundial. Política. Lo del árbol…puesto a encontrar, y si no a inventar, las explicaciones de plantar un arce rojo; se me ocurren las que probablemente hubieran sido las mías. Descarto el hecho kipliniano de plantar un árbol, un poco manido. Quizás la añoranza de un norte vivido con anterioridad en los años pasados en los grandes lagos. Puede que la estética del color. La singularidad del uno rodeado de todos los demás. Un espacio para una sombra, ni buena ni mala…

“Decidme solo, avisadme, cuando se ponga rojo. Quiero verlo una vez más.”

Luisma, Maypearl (TX), 11 de Diciembre del 2013

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