El libro de B.

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“…cada nueva visión en tiempo y en detalle cambia el edificio de una vida.”
(Reflexión de un edificio de oficinas en otro. Houston, TX.)

“Mi memoria está tan llena que a veces no la soporto”. No sé donde lo leí, fue hace poco y no lo recuerdo bien. Ya sé, ya sé, es señal de senectud recordar las cosas lejanas y olvidar las cercanas. Para cuando una lobotomía y meter un computador en nuestro cerebro? Cuanta más memoria mejor. Ah! Fue en un libro de Marías, Javier; debió ser así, y no me extraña, porque sus libros los tengo regados por todas partes. Es uno de mis escritores de cabecera. No es solo lo que dice sino como lo dice. Magnífico. Creo que alguno de sus personajes acabó un largo soliloquio sobre el tema, diciendo: “[…] quisiera que la memoria no se me hubiera llenado tanto.”(Sorprendente idea.)

En lo personal, tengo que decir que la mía está muy llena, pero siempre me cabe más, o siento como un vacío de algo que no se me ha llenado, o no lo suficiente. El no poder recordar es algo insufrible que me ocurre todos los días, con la dolorosa sensación de ser un barco a la deriva. Es como mirar o rebuscar en nuestro almacén (por algo se le llama la nave) y apreciar que todavía queda espacio en las estanterías, que se puede vivir mucho más sin miedo a que no quede en la memoria. Además, cada nueva visión en tiempo y en detalle cambia el edificio de una vida. Así pues, a recordar tocan! Hinchad las velas del barco y navegad por cualquier tipo de recuerdo, incluso los malos y los peores. Los buenos—no hay problema—siempre te asaltan a la vera del camino.

Viene a cuento todo esto porque en un pasado fin de semana me ha tocado lidiar con algo realmente difícil: criticar los recuerdos de otra persona, escritos noveles para si misma y para un potencial libro a publicar. Criticar, en borrador, no solamente el lenguaje, la gramática, el estilo de la narración, sino hasta los mismísimos recuerdos. Uno en su prepotencia se escucha mentalmente decir cosas (sin atreverse por pudor y cariño a decírselo a la interesada): este recuerdo no se debe poner—o peor: este recuerdo, entre tantos otros, no vale la pena!?—o aún peor: quítate ese pensamiento de la cabeza! Como si uno fuera alguien para decidir sobre los recuerdos de los demás. O bien, y esto lo dije en voz alta: tienes que tener más recuerdos de los que has escrito! Así, casi imperativo, sin abordar con delicadeza el hecho de que, posiblemente, la persona no pueda o no quiera tener la memoria más llena de aquellos momentos dramáticos de su historia.

Es evidente que B. tiene la memoria llena (noventa paginas de extracto), aunque solo sea de pensar tanto en ello, de tanto recordar sus vicisitudes vitales. Y no debe ser nada fácil ordenar los recuerdos, las vivencias de una niña, cuando su más tierna infancia transcurre entre dos guerras, una civil y otra mundial. Exilios, campos de concentración, secuestros, países nuevos, culturas diferentes y una vasta suerte de avatares dramáticos y peligrosos. Un montón de aventuras y desventuras, auténticas y de todo calado. Demasiadas cosas como para recordarlas todas, demasiado fuertes como para ser justo en su apreciación. Su memoria trata de desbordar hacia dentro, contener los excesos de vivencias. Y esto le hace ser injusta consigo misma. Un niño no ve las cosas de la misma manera, cuestión de edad y experiencia. Árdua tarea es calibrar lo que se cuenta, y como se cuenta, de la propia vida.

Querer hacer justicia a las cosas que pasaron es empresa áspera, fútil y casi inviable. Alguien dijo (y esta vez si que no recuerdo quién): “Escribir una vida no es difícil, es imposible.” Todo el que escribe lo intenta alguna vez. Los resultados: siempre dudosos. Muchos son los llamados y pocos los elegidos…Voy a tener que decirle a B. que escriba lo que quiera, como quiera y en la extensión que quiera. Al fin y al cabo, tiene todo el derecho a hacerlo, es su vida. Aunque…“A veces pienso que más valdría abandonar la costumbre [de contar la vida] y dejar que las cosas sólo pasen. Y luego ya se estén quietas.” (Javier Marías en ‘Tu rostro mañana’. Editorial Alfaguara.) He tenido que leer y rebuscar en la novela de Javier porque no podía recordar la sentencia completa. Dichosa memoria!

Luisma, Houston (TX), 15 de Diciembre del 2013

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