Dos Mil Catorce

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…No había caído en que es el centenario de la primera Guerra Mundial…

El año 2014. Que raro se me hace leerlo después de escribirlo en letra. 2014, así en números, está ahí mismo, como vulgarmente decimos siempre: a la vuelta de la esquina. Que distinto del 1914…Caramba! No había caído en que es el centenario de la Primera Guerra Mundial, la Guerra del Catorce (como la llamamos nosotros en España). WWI (como la siglan los americanos). También le dicen: La Gran Guerra. Por causa de esta conflagración tan mentada es por lo que se inventó el moderno concepto del turismo. Después de ella nacieron las vacaciones pagadas y la aviación comercial. Los americanos empezaron a tomar Europa como destino vacacional para visitar los teatros de las operaciones bélicas. París se convirtió en lo que nunca ha dejado de ser: uno de los mayores centros turísticos del mundo.

Con el centenario de la primera gran guerra seguro que van a ocurrir una caterva de “celebraciones”; si es que una guerra es algo que necesita celebrarse, o recordarse, o conmemorarse siquiera. Me temo que alguien va a hacer dinero a cuenta de la conmemoración. Los franceses no estarán ajenos a ello. Y no me refiero a los hoteles de los sitios de batallas famosas, con sus inevitables museos llenos de terciopelos polvorientos. Más de 150.000 memoriales hay regados por toda Francia. No, esos casi se lo merecen por haber aguantado tanto tiempo haciendo buen uso de la naftalina. Que ahora, con el centenario, revivan de su ostracismo y provoquen y disfruten una época de vacas gordas, gracias al turismo autobusero y de zapatilla deportiva. Al menos en Europa, donde transcurrió esta guerra “mundial”, es fijo que el trasvase turístico va a tener un auge singular.

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…cien años después de la guerra del gas…

Nada de esto va a ser comparable al negocio que va a generar en publicaciones, festejos (probablemente impropios de lo que es una guerra), movidas de todo tipo, incluso, por ejemplo: gastronómicas—porque no? Cosas mas raras se han visto—(Coma Ud. y sobre todo beba, lo que comían y bebían en aquel tiempo). A buen seguro, conciertos, películas y documentales sin cuento y más de alguna carnavalada y bailes de disfraces. El cuello me juego que saldrán, escritas y filmadas, historias de zombis, que tan estúpidamente están en boga en estos nuestros días. Pasó el tiempo de los extraterrestres y ahora los zombis es lo que vende. Copiando lo americano, como siempre, el mundial de futbol verá la moda de los uniformes “throwback” (‘retro’ o vuelta-atrás) en las canchas brasileras. Equipaciones con diseños de época, de aquella época. Esperemos que a los súbditos de la Sra. Merkel no les dé la tentación de ganar el campeonato con los uniformes de 1914 (camiseta de lacitos y cordones al pecho y calzón bombacho.) Faltaría más.

En la Guerra del Catorce solo había la radio y no la televisión. Ahora, cien años después, todo va ser televisado, computerizado y telefoneado. Estamos con el centenario a tiro de bala de cañon y ya me extraña que no estén anunciados concursos de quién sabe más tonterías, números y pormenores de la guerra y, claro, juegos de computador para perder el tiempo de manera más realista que nunca. Todo a ver quién le saca más partido a la efeméride. Todo a ver quién despelleja más y mejor al vellocino del dios-turismo. Ese turismo que nació bajo esta definición somera: actividades de la gente durante sus viajes y estancias en lugares distintos de su habitual entorno, en período consecutivo inferior a un año y mayor a un día.

De los viajeros-turistas de otrora a las cifras del turismo actual hay todo un mundo de diferencia y un masivo volumen comercial que antes no existía. De los negocios de Marco Polo, en su siglo, viajando a China, a los millones gastados por los chinos devolviendo su visita, hoy día. Bien veríamos que Venecia no se termine por hundir del todo bajo el peso de tanto turista asiático. Solo un dato más: año 2012, mil millones (!) de turistas se movieron por primera vez en la historia. El turismo lo único que necesita es una excusa, por leve y agarrada por los pelos que esta sea. Una guerra mundial, la primera, debe ser excusa suficiente.

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…Ya no me acuerdo del último tiempo de paz.

Así que ahí estamos, entrando en el 2014, cien años después de la guerra del gas y en reatando detrás de ella la civil española, la del átomo, la de Corea, la del Vietnam, Afganistán, Salvador, Malvinas, Sudán, el Golfo, Bosnia, Kosovo, Chechenia, Somalia, Irak…y dale que te pego. No vamos a parar de celebraciones. Me da vergüenza haber asistido a tantas de esas guerras repantingado en el sillón de mi televisión. Así serían los titulares: “El turismo bélico asegura el negocio por un siglo más….” Evidentemente, no tenemos remedio. Ya no me acuerdo del último tiempo de paz, si es que alguna vez lo ha habido. Antiguamente se decía que la paz era la ausencia de guerra; ahora ya ni eso, la paz parece que se ha convertido en una sucesión de guerras pequeñas que uno tiende a pretender que nos quedan lejos, en todos los sentidos. Lo dicho: el síndrome de los tres monos. Feliz Año Nuevo y Paz en la Tierra?

Luisma, Maypearl (TX), 28 de Diciembre (ni santos, ni inocentes) del 2013

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